Los Ángeles, Estados Unidos.- ¿Los programas autónomos (agentes) de inteligencia artificial (IA) se están convirtiendo en los nuevos internautas del siglo XXI asumiendo funciones propias de los usuarios humanos?
La respuesta a este interrogante es afirmativa, de acuerdo con Andrés Mendoza, experto en Tecnologías de la Información (TI) y Ciberseguridad. director técnico para el Sur de Europa y Latinoamérica, de ManageEngine, firma especializada en gestión de TI empresarial (www.manageengine.com/latam).
Los agentes de Inteligencia Artificial (IA) son programas informáticos diseñados para percibir su entorno, procesar información, tomar decisiones y ejecutar acciones de forma autónoma con el fin de alcanzar un objetivo específico.
Son sistemas proactivos, que descompone metas complejas en subtareas y utiliza herramientas externas (como APIs, webs o bases de datos) sin necesitar supervisión humana constante.
Internautas, por su parte, es el nombre que recibieron los primeros usuarios humanos de las redes informáticas, popularizado en la década de 1990 con el nacimiento de la Web, y que proviene de la fusión de la palabra Internet (acortamiento de la expresión inglesa `internetwork´ o red de interconexión) y el vocablo griego nauta (navegante).
Aunque los primeros “navegantes de internet’ eran sobre todo usuarios técnicos o especializados, ahora se denomina de esa manera a toda aquella persona que utiliza un ordenador, teléfono móvil, tableta u otro dispositivo conectado para acceder a la red, buscar información, usar redes sociales o consumir contenido: la mayoría de la población con acceso a tecnologías digitales.
De los humanos que navegan a las máquinas que deciden.
“Podemos afirmar que los agentes de IA son los nuevos internautas porque están empezando a realizar actividades que hasta ahora asociábamos casi exclusivamente a una persona conectada a Internet: buscar y analizar información, interactuar con aplicaciones y servicios digitales y, sobre todo, ejecutar acciones”, ratifica Andrés Mendoza en una entrevista con EFE.
“La principal diferencia es que no se requiere que un usuario intervenga de forma directa en cada paso. Basta con que la persona defina un objetivo para que el agente lo descomponga en tareas, seleccione las herramientas adecuadas y complete buena parte del proceso de manera autónoma”, explica.
“La afirmación de que ‘los agentes son los nuevos internautas’ es una metáfora, pero describe con bastante fidelidad un cambio profundo en cómo funciona Internet”, según matiza Mendoza.
Transformación profunda de la actividad digital
“Durante décadas, el internauta fue una persona que se conectaba para buscar información, visitar páginas web, utilizar aplicaciones o realizar acciones concretas en línea. La actividad digital se entendía como una secuencia de interacciones humanas sobre una red que actuaba como canal”, explica.
“Hoy esa visión empieza a quedarse corta. Junto a las personas, está emergiendo otra capa de actividad digital en la que no siempre es un usuario quien interviene directamente en cada paso”, según este experto.
Mendoza destaca que los agentes de IA pueden analizar información, interactuar con aplicaciones y servicios digitales y ejecutar tareas en nombre de una persona o de una organización.
“Esto implica que una parte creciente de la actividad en línea puede producirse sin que haya alguien haciendo clic, dando instrucciones o tomando decisiones de forma explícita en cada etapa”, recalca.
Programas que actúan en Internet y no solo la leen
“El salto relevante está en que la IA pueda operar sobre la Red y no solo leerla; y en que una parte creciente del tráfico y la actividad en Internet puede responder a una intención humana, pero ser ejecutada por una identidad no humana”, opina.
“Los sistemas de IA agéntica pueden recopilar contexto, decidir qué acciones emprender, reorganizar prioridades y adaptar su estrategia cuando cambia el entorno. Un agente de IA puede determinar qué acciones necesita realizar y ejecutarlas dentro de los límites establecidos”, puntualiza.
Mendoza señala que en el ámbito empresarial esta evolución ya es visible. “Hoy vemos agentes capaces de investigar problemas en dispositivos, analizar alertas, coordinar tareas entre distintos sistemas y procesos o actuar sobre infraestructuras críticas. La autonomía de estos sistemas empieza a ser operativa y no solo conceptual”, ejemplifica.
Más autonomía acompañada de mayor trazabilidad
Este experto considera que desde el punto de vista jurídico o de responsabilidad, cuanto mayor sea la autonomía de un agente de IA, más importante es poder identificar quién es responsable de ese agente y reconstruir qué decisiones y acciones ha realizado.
“La evolución hacia entornos más autónomos debe ir acompañada de visibilidad, trazabilidad, controles de acceso y supervisión humana”, pone de relieve.
A juicio de este experto, la transformación más profunda que están introduciendo los agentes de IA en la relación de las personas con Internet es que estamos pasando progresivamente de navegar a delegar.
“Durante años, interactuar con la red suponía recorrer manualmente cada paso, es decir, buscar información, abrir una web, comparar alternativas, mover datos entre servicios, tomar una decisión y ejecutar una acción. Todo pasaba por una interfaz y por decisiones humanas explícitas”, puntualiza.
Impacto a nivel persona y empresarial
“Los agentes de IA están empezando a ocupar un papel distinto tanto en las organizaciones como en la vida digital de los usuarios particulares”, señala.
“Con los agentes de IA, el usuario puede relacionarse con Internet a través de objetivos: expresar qué quiere conseguir, estableciendo límites y excepciones, y dejar que el sistema se encargue de parte del recorrido”, añade.
En el ámbito de las TI este cambio es especialmente visible, según Mendoza, ya que “un agente puede reunir información procedente de distintas fuentes, investigar el origen de una incidencia y orientar al administrador sobre cómo resolverla sin obligarle a consultar varias herramientas de forma manual”.
“El agente se convierte en un intermediario entre la persona y el entorno digital, pues maneja información, utiliza credenciales y dispone de permisos para actuar. Así Internet está pasando de ser una infraestructura de información a una infraestructura también de acción”, según el experto de ManageEngine.
Desde planificar un viaje a gestionar una agenda
A nivel de usuario, un ejemplo de esto podría ser la planificación de un viaje: frente a un buscador que devuelve vuelos, un agente puede analizar opciones, realizar una reserva, actualizar el calendario y programar recordatorios, según Mendoza.
“Un agente de IA puede gestionar una agenda, reorganizar una reunión, buscar y reservar un viaje, coordinar tareas para organizar un evento o interactuar con dispositivos del hogar conectado, eliminando fricciones de las actividades digitales cotidianas”, puntualiza.
También puede aprender preferencias para adaptar acciones y recomendaciones, posibilitando que el usuario obtenga respuestas y delegue procesos, reduciendo las tareas repetitivas y la fatiga asociada a pequeñas decisiones y logrando que los servicios digitales sen más accesibles y personalizados, señala.
Haciéndose cargo de procesos más críticos y complejos
Por su parte, “en entornos empresariales, los agentes de IA pueden aplicarse a procesos mucho más críticos, como investigar una incidencia, analizar su causa o reaccionar ante una alerta de seguridad”, según añade Mendoza.
Señala que en el entorno corporativo una de sus principales utilidades está en “gestionar procesos complejos que hoy requieren consultar varias herramientas, interpretar información y actuar”.
“La ventaja va más allá de hacer más rápido lo que ya hacíamos. Los agentes pueden combinar información de distintos dominios, mantener el contexto en procesos de varios pasos y adaptarse a nuevas señales. Esto reduce trabajo manual y tiempos de respuesta”, enfatiza.
El reto de la gobernanza y el control de los agentes
“Ahora bien, la autonomía no debe equivaler a ausencia de control”, advierte.
“Cuanto mayor sea la capacidad de un agente para acceder a información, conectarse a servicios o actuar en nuestro nombre, más importantes son la privacidad, los permisos, la transparencia y la supervisión humana. En el ámbito empresarial, esto implica tratar a los agentes como sistemas observables, auditables y sujetos a límites claros”, explica.
“La próxima etapa de Internet no dependerá solo de disponer de agentes más inteligentes, sino de nuestra capacidad para gobernar adecuadamente lo que esa inteligencia hace y garantizar que opera dentro de un marco sólido de seguridad, privacidad y rendición de cuentas”, concluye Andrés Mendoza.