Tegucigalpa, Honduras.- El estado del cabello depende en gran medida de los hábitos diarios. La frecuencia de lavado, los productos utilizados y las técnicas de peinado influyen directamente en su aspecto y resistencia. Aquí los consejos que debe tomar en cuenta.
Conocer el tipo de cabello
El primer paso consiste en identificar las características propias del cabello. Knox Beasley, dermatólogo certificado, señala que cada persona debe encontrar el régimen que funcione para su tipo de pelo, considerando aspectos como la frecuencia de lavado o la presencia de caspa.
El cabello liso suele acumular grasa con mayor rapidez, por lo que requiere productos ligeros y lavados más frecuentes. El ondulado combina raíces con tendencia a la grasa y puntas secas, mientras que el rizado tiende a la sequedad porque el aceite natural del cuero cabelludo llega con dificultad hasta las puntas. El cabello afro o de rizo cerrado es el más frágil y necesita hidratación intensa y un manejo cuidadoso para evitar la rotura.
La porosidad, el grosor y el largo también condicionan los cuidados. El cabello de baja porosidad se beneficia de productos ligeros, mientras que el de alta porosidad requiere fórmulas más densas. El pelo largo tiende a resecarse porque el aceite del cuero cabelludo se distribuye en una superficie mayor; el corto, en cambio, suele engrasarse antes.
Elegir el champú adecuado
El champú debe adaptarse a las necesidades de cada cabello. Para el cabello liso u oleoso se recomiendan fórmulas ligeras que limpien sin dejar sensación de peso. En el caso del cabello rizado o seco, los champús sin sulfatos ayudan a conservar los aceites naturales y reducen el encrespamiento. Existen además variantes específicas para caspa, volumen o pérdida de densidad capilar.
Lavar de forma correcta
La técnica de lavado también importa. Conviene concentrar el masaje en el cuero cabelludo, donde se acumulan la grasa y la suciedad, y no tanto en las puntas. La frecuencia varía según el tipo de cabello, el cabello liso u oleoso puede lavarse cada dos o tres días, mientras que el rizado o seco se beneficia de lavados más espaciados, una o dos veces por semana.
Acondicionar e hidratar en profundidad
El acondicionador ayuda a restaurar la hidratación y facilita el desenredado. Se aplica preferentemente en medios y puntas, evitando la raíz en cabellos con tendencia grasa. Los tratamientos de hidratación profunda, con ingredientes como manteca de karité o glicerina, resultan útiles para el cabello dañado o encrespado. Su frecuencia recomendada oscila entre una vez por semana, en cabellos secos, y cada dos o cuatro semanas, en cabellos oleosos.
Desenredar con cuidado
El desenredado debe realizarse con un peine de dientes anchos, comenzando por las puntas y avanzando hacia la raíz. Es preferible hacerlo con el cabello húmedo, ya que en seco es más propenso a romperse.
Cortar con regularidad y cuidar la alimentación
Las puntas abiertas avanzan por el tallo del cabello si no se cortan a tiempo. En cabellos secos o dañados se recomienda un corte cada seis u ocho semanas; en cabellos sanos, cada ocho o doce semanas basta.
Por último, la alimentación influye en el crecimiento capilar. Nutrientes como las proteínas, el zinc, el hierro, las vitaminas A, B, C, D y E, y la biotina son necesarios para la salud del cabello. Una dieta equilibrada, con vegetales, proteína magra y grasas saludables, suele cubrir estos requerimientos, aunque en algunos casos puede valorarse un suplemento con supervisión profesional.