Personalidades espeluznantes: viaje al lado oscuro del cerebro

Síndromes que llevan a creer que uno está muerto, a sentir que el cuerpo pertenece a otra especie o a experimentar presencias aterradoras forman parte de los casos que estudia el neurocientífico Marc Dingman

  • Actualizado: 19 de octubre de 2026 a las 11:04
Personalidades espeluznantes: viaje al lado oscuro del cerebro

Pennsylvania, Estados Unidos.- El científico Marc Dingman, doctor en Neurociencia y profesor en la Pennsylvania State University, en Estados Unidos, lleva años investigando los comportamientos humanos y aquello que revelan acerca del funcionamiento del cerebro y sobre por qué pensamos, sentimos y actuamos del modo en que lo hacemos.

Desde su web Neuroscientifically Challenged (Desafíos Neurocientíficos) y a través de sus artículos científicos y libros, Dingman divulga, con un relato accesible, los conocimientos más interesantes y actuales de la neurociencia, disciplina enfocada en comprender cómo funciona el sistema nervioso para producir y regular emociones, pensamientos, conductas y funciones corporales.

Una de las facetas más llamativas e impactantes de su trabajo científico y divulgativo son sus investigaciones de los casos clínicos más extraños y peculiares de personalidades y comportamientos humanos fuera de lo común, a los que califica como verdaderas "rarezas", tal y como titula su último libro, donde describe y analiza estos fenómenos extremos.

Las investigaciones de Dingman se centran en aquellos casos en general poco conocidos, pero bien documentados, en los que personas normales que han sufrido un episodio perjudicial para su cerebro ven cómo su forma de experimentar el mundo cambia radicalmente, afectando mucho más que su personalidad.

Cuando el cerebro funciona de manera extraña

Aunque la mayoría de los fenómenos extraños que aborda este científico se originan en algún trastorno adverso sufrido por el cerebro (como un traumatismo, un tumor, una infección, un ictus o un trastorno psiquiátrico), en otros casos no parecen haber surgido como consecuencia de trastorno alguno.

En su lugar, se trataría más bien de manifestaciones peculiares de lo que por lo demás se consideraría el funcionamiento habitual de un cerebro normal, aunque situándonos en el extremo del espectro de ese comportamiento cerebral normal, según explica.

Dingman se centra en investigar verdaderas rarezas del comportamiento de las personas y el funcionamiento de su cerebro, e intenta descubrir cómo puede provocar tales rarezas ese enigmático órgano que se aloja en nuestras cabezas.

Una variada colección de monstruosidades mentales

Así, ha investigado los casos de pacientes que presentaron talentos geniales tras sufrir un golpe en la cabeza; que después de una lesión cerebral, desarrollaron una memoria fuera de lo común o una habilidad musical o matemática que nunca habían mostrado (síndrome del sabio adquirido).

Pero también ha estudiado los casos de “personalidades espeluznantes”, dignos de la literatura y la filmografía de terror, que causan un profundo sufrimiento no solo a quienes las experimentan sino además a quienes los rodean.

Se trata de personas que vieron cómo su vida mental “se vio desagradablemente enriquecida”, por ejemplo, al sentir que su cuerpo pertenecía a un animal de otra especie o experimentar alucinaciones más intensas que las producidas por cualquier droga psicodélica, o que directamente creían estar muertas.

Tras sufrir una alteración cerebral, otras personas perdieron ciertas capacidades fundamentales, como la de reconocer la cara de individuos a las que conocen de toda la vida; o la de distinguir entre la imagen de un espejo y la del mundo real, así como la facultad de generar imágenes dentro de su propia cabeza.

Por el entorno de investigación de Dingman desfilan pacientes que aseguran que están muertos, como si fueran zombis, y piden que los entierren (síndrome de Cotard); que creen que su familia ha sido sustituida por dobles idénticos (síndrome de Capgras); o que viven como si fueran animales y adoptan su comportamiento (licantropía clínica).

Otros ven cómo una de sus manos se rebela y deshace lo que la otra hace, hasta el punto de agredirles (síndrome de la mano ajena) o conviven con varias identidades dentro del mismo cuerpo, cada una con su propia historia y recuerdos (trastorno de identidad disociativo).

El trasfondo de los comportamientos anómalos

Dingman no aborda esos casos como atracciones circenses sino teniendo siempre presente que detrás de cada una de estas historias hay personas que sufren, e intentando responder a la pregunta de hasta qué punto nuestra mente puede matar o curar.

Este reconocido neurocientífico estadounidense se interesa en todas estas personalidades anómalas por lo que revelan sobre el cerebro de cualquiera de nosotros, tratando de dilucidar cuestiones como qué diferencia a una persona con múltiples personalidades de cualquier otra, o si realmente existe un cerebro “normal” o solo un amplio espectro de variaciones.

Por ejemplo, a partir de cada caso analiza qué zonas del cerebro están implicadas en la identidad, el control de impulsos, el manejo del miedo o la construcción del esquema corporal; y cómo ciertas lesiones muy localizadas pueden alterar únicamente una función concreta (reconocer caras, percibir el propio cuerpo, hablar, escribir o medir el tiempo), según explica.

Rarezas mentales: de la realidad a la ficción de terror

Consultado por EFE acerca de si los libros y relatos de terror de distintas épocas (sobre vampiros, hombres lobo, fantasmas, vudú, zombis y muertos vivientes) podrían estar inspirados, en cierta medida, en casos reales de personas con las rarezas mentales que él describe, Dingman cree “que la respuesta es en cierto grado afirmativa, pero con un par de salvedades importantes”.

“La primera salvedad es que muchos de estos temas clásicos del terror tienen profundas raíces en el folclore y la religión. Y, considerando lo raro que son algunos de los trastornos que abordo, es menos probable que hayan sido los responsables del origen de estos temas de ficción literaria”, explica.

Dingman señala que “por ejemplo, el síndrome de Cotard es extremadamente raro, por lo que es improbable que haya inspirado el tema de terror de los zombis, que probablemente se remonta a la cultura y la religión haitianas”.

“Sin embargo, los trastornos neuropsiquiátricos podrían haber contribuido a la formación y propagación de temas utilizados en algunas historias de terror”, aclara.

Por ejemplo, en su libro, Dingman describe el caso de una monja dominica de 25 años llamada Jeanne Fery, del siglo XVI, a quien se creía poseída por el diablo.

Jeanne Fery “a veces se comportaba como una niña pequeña, pero de repente mostraba una rabia y agresividad extremas, con episodios de convulsiones, golpes en la cabeza, autoestrangulación y otros comportamientos perturbadores”.

Esos comportamientos “suenan mucho a una escena de la película ‘El exorcista’, y así fue como los ancianos de la iglesia trataron en su momento a Fery: con un exorcismo”, señala.

“Sin embargo, hoy en día, creemos que Fery sufría un trastorno de identidad disociativa (antes denominado ‘trastorno de personalidad múltiple’). Es muy posible que casos como el suyo (bien documentado) hayan contribuido a la proliferación de relatos ficticios de posesión demoníaca en la actualidad”, destaca.

Dingman considera que “lo mismo podría decirse de otros casos que ha investigado y analizado, como el de un joven de 23 años que desarrolla un deseo irrefrenable de beber sangre humana, personas que creían poder transformarse en lobos (y otros animales) y otras que experimentan alucinaciones vívidas”.

Otra rareza de comportamiento, que este experto ha investigado, es el fenómeno relativamente común de la parálisis del sueño, que se produce al despertar o justo antes de conciliar el sueño.

“Se cree que este estado se debe a una alteración en la progresión de las fases del sueño y que puede provocar que estados oníricos se cuelen en la vigilia”, señala.

Explica que “la parálisis del sueño podría ser responsable de una proporción significativa de los relatos e informes de personas que afirman ver demonios, extraterrestres, fantasmas, y otros seres, en sus habitaciones”.

“Por lo tanto, es probable que exista una interacción entre algunos temas de terror y los fenómenos neuropsiquiátricos, pero creo que, en la mayoría de los casos, los temas de terror surgieron de la cultura y el folclore, mientras que los fenómenos cerebrales contribuyeron al realismo, la difusión y la persistencia de relatos particulares”, concluye Dingman.

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Redacción web
Agencia EFE

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