Al sureste de la ciudad gemela, Comayagüela, está enclavada en un cerro verde la colonia Montes de Sinaí.
La populosa comunidad que surgió como una invasión de 15 manzanas de terreno en 1979, después de legalizar los predios ese mismo año se convirtió en un modelo de desarrollo debido al empuje de sus habitantes.
La primera lotificación de terrenos inició en 1980 tiempo durante el cual se habilitaron los primeros 14 bloques.
Un año más tarde le abrieron paso a las calles vehiculares y el alumbrado público.
Emelin Andino, presidente del patronato, asegura que la rápida evolución de la colonia se debe al compromiso de los habitantes en cada proyecto emprendido por el patronato.
“Todos los vecinos de la colonia hemos tenido una hacha, piocha o barra en la mano para construir calles, el centro comunal, nuestra amada escuela, proyectos de agua potable y toda obra que mejore nuestra calidad de vida”, afirma.
Ejemplo de lucha
Uno de los mayores orgullos de los habitantes de la Sinaí es el Centro de Enseñanza Básica Jorge J. Larach, por el reconocimiento que ha alcanzado debido al alto rendimiento de sus alumnos y egresados.
Pero, las impecables instalaciones del centro educativo no siempre fueron tan imponentes. Erwin Gallardo, director de la institución, relata que la escuela inició en el centro comunal de la colonia con piso de tierra, unos cuantos pupitres y una vieja pizarra desmontable en la pared.
“Eran tiempos duros, recuerdo que muchas veces acudíamos a la estación de Bomberos de la colonia San José de la Vega a solicitar que vinieran a regar el piso de tierra para que los niños no tragaran polvo”, recuerda.
Para ese entonces el centro se llamaba Escuela República Dominicana, pero un año más tarde cambia su nombre debido al apoyo que recibieron los maestros y la asociación de padres de familia de la familia Larach para construir un inmueble más adecuado en el centro de la colonia.
Hoy en día el C. E. B. Jorge J. Larach educa a 1,310 alumnos, los cuales destacan en arte, cultura y la excelencia académica, pues más de la mitad de los estudiantes tienen un promedio de 90 por ciento.
“La gente cree que es la familia Larach la que mantiene este centro así pero, ellos son solo un brazo de lo que hemos alcanzado, pues es el compromiso de los padres de familia en los proyectos de desarrollo lo que hace la diferencia”, asegura Gallardo.
En la colonia también tienen su sede las Misionaras de la Caridad, que realizan una fuerte labor social.
En la casa hogar de la congregación, las hermanas atienden a niños con desnutrición y personas con VIH, además tienen un asilo de ancianos denominado Don de María y una guardería infantil.
Otro de los atractivos de la colonia es un imponente cerro que funciona como mirador, desde donde se divisan todos los sectores aledaños; y donde los vecinos esperan construir algún día un Centro de Cultura Popular o instituto técnico donde los jóvenes puedan aprender oficios.