Tegucigalpa

Talento inspirado por Froylán Turcios

Apenas con seis años, este pequeño alumno de la Escuela Ramón Montoya declama fielmente la “Oración del hondureño”.

03.03.2014


“Y para culminar el evento, llamamos a Junnior Yánez, que nos va a declamar nada más ni nada menos que la ‘Oración del hondureño’”, anunció una potente voz en medio de un acto cívico en la Escuela Ramón Montoya.

Al eco que retumbaba de los parlantes y el bullicio del público le precede un silencio profundo, cuando un pequeño alumno se levanta en medio de los espectadores y cruza el patio.

Con 1.10 metros de altura y tez oscura, a Junnior lo marca un aura de inocencia, tranquilidad y modestia; camina despacio y sin aceleración, sin nada más que lo inmute.

Los ojos del público, y más el de las autoridades invitadas, se posicionan sobre aquel estudiante de primer grado que se atreve a calzarse la camisa de Froylán Turcios, ilustre poeta de Honduras.

Sin nervios que traicionen sus seis años, pide el respectivo micrófono y espera a que la bulla haga paso a una calma, propicia para admirar aquella muestra de hondureñidad.

“¡Bendiga Dios la pródiga tierra en que nací!”, declama con ímpetu el jovencito para romper la tensión que flota en el escenario.

Y prosigue con vehemencia: “Fecunden el sol y las lluvias sus campos labrantíos; florezcan sus industrias y todas sus riquezas esplendan bajo su cielo de zafiro”.

“Mi corazón y mi pensamiento, en una sola voluntad, exaltarán su nombre en un constante esfuerzo por su cultura...”, recita como un libreto memorizado.

Y entre la promesa que su primer deber “será, en todo tiempo, defender con valor su soberanía” y su deseo de bendición “a la pródiga tierra en que nací”, la interpretación termina en aplausos.

Las autoridades quedan impresionadas y los elogios sobre su memoria prodigiosa y preparación apenas se perciben, debido al eco de las palmas que se rinden por su declamación.

Talento

El talento por la poesía y la declamación del pequeño Junnior fue descubierto el año pasado por los maestros de la escuela Ramón Montoya.

Sin embargo, su madre Diana Valladares notó su inclinación por los libros, incluso la pintura y dibujo, cuando estaba en kínder.

“Los profesores me han dicho que es un muchacho muy inteligente y nos animan a que siga así”, manifestó la progenitora, habitante de la colonia La Travesía.

Y pese a su innato talento, Junnior tampoco esconde su amor -como la mayoría de los hondureños- por el fútbol y aspirarse a vestir la bata de los doctores en el ámbito profesional, confiesa doña Diana.

Fuera de la palestra y los reflectores escolares, Junnior se muestra como cualquier niño de seis años frente a un desconocido: tímido, esquivo y de palabras secas.

“Desde el año pasado siempre me pasan en el aula y en la escuela a declamar”, relata escuetamente a EL HERALDO, despejado de su aire bohemio.

Se despide y regresa al salón, donde después de recibir las felicitaciones de sus compañeros, abre sus cuadernos y continúa con sus deberes.