El tiempo de reflexión que representa la Semana Mayor, le puso una dura prueba a una humilde familia.
Los vientos huracanados y la fuerte tormenta eléctrica que azotaron la capital el Lunes Santo, hicieron volar en varios pedazos la pequeña vivienda de doña Sobeida Alvarenga, de 60 años.
La humilde covacha, donde esta madre soltera vivió los mejores momentos de alegría junto a su hijo y su nieta, quedó inservible.
La desgarradora tragedia que hoy los tiene en la calle y con un llanto ahogado por la impotencia de no saber qué hacer, ocurrió en el sector cuatro de la colonia Nueva Suyapa.
Vivos de milagro
Envuelta en la tristeza y la desesperación, doña Sobeida recordó que estuvo a punto de perder la vida junto a su tesoro más grande: su nieta Génesis Alvarenga de seis años.
“De un solo el viento levantó el techo y arrancó la ventana que estaba abierta. Corrí a levantar a la niña que estaba acostadita y nos salimos hacia la parte de atrás. Desde afuera mi nieta y yo vimos cómo el viento arrancó todas las tablas”, manifestó aún temerosa.
Doña Sobeida aseguró que en 30 años de residir en la zona, nunca había experimentado el miedo que vivió.
Contó, que en la desesperación lo único que hizo fue abrazar a su nieta, pues por su mente pasaron imágenes de sangre y muerte durante los cinco minutos que tardó el vendaval en levantar su casita.
En medio de la tormenta, varios solidarios vecinos, la ayudaron a salir de entre la madera, láminas y postes derribados.
Unos muchachos que pasaban el aguacero frente a un negocios de comida china, de inmediato se agruparon para ayudar a su vecina, a quien calificaron de “una buena mujer”.
A la tarea de ayudar todos se sumaron. “Todos vinieron a ayudarme a salir del lugar y a sacarme las cositas para que el agua no las echara a perder”, dijo.
Del hogar, al que parece haberle caído una enorme piedra encima, fue muy poco lo que se pudo rescatar.
Ante la desgracia de la señora, los vecinos organizaron in-situ una colecta, recaudando 540 lempiras.
Hace una semana, doña Sobeida y su familia se alojan en un cuarto de alquiler que cuesta 1,500 lempiras.
La dueña del cuarto se lo cedió por 500 lempiras por un termino de 15 días.
Los vecinos de la afectada han intentado levantar las paredes, pero la falta de materiales en buen estado hacen imposible la continuidad del gesto solidario.
Un llamado de auxilio
Del hogar de doña Sobeida no quedó nada... Las carcomidas tablas fueron destrozadas una por una, por las enfurecidas ráfagas de viento que, según contaron los vecinos, volaron en menos de cinco minutos.
Ante las precarias condiciones económicas, doña Sobeida manifiesta que la única salida que tiene es la búsqueda de una persona de buen corazón que le ayude a levantar su casita.
“Mi hijo es ayudante de albañil y yo vendo pinol cuando estoy bien de salud, lo que ganamos apenas alcanza para pasar el día”, comentó.
De momento, esta humilde familia capitalina está pasando con las regalías de los vecinos.
“En la capital hay personas de buen corazón... les pido, por favor que me ayuden a levantar mi casita porque no tengo otro lugar donde vivir ni dinero para pagar alquiler”, apuntó.