Tegucigalpa

Santa Claus cobra vida cada año

En su traje rojo se esconde la historia de capitalinos luchadores.

FOTOGALERÍA
13.12.2011

De día se dedica a la construcción y de noche se viste de rojo para ser Santa Claus. Héctor Santos representa al personaje bonachón desde hace 14 años. Este capitalino, de 34 años y residente en la colonia Tres de Mayo, lleva alegría a miles de niños.

Instalado al pie del enorme árbol de Navidad de la plaza central del mall Multiplaza, reparte dulces y se toma fotografías con decenas de niños que desde que inicia el mes de noviembre hasta el 24 de diciembre visitan esta zona comercial. “Lo que gano es poco, pero lo hago por lo que representa, que es llevar alegría a muchos pequeños que vienen a decirme que se portaron bien y me piden regalos para Nochebuena o piden por la salud de sus papás”, dijo.

Santos es un padre soltero de cuatro hijos: Héctor Aarón Ramírez, Angie Samantha, Christian Alexander y César Moisés, son ellos quienes lo inspiran a representar este personaje.

“Aunque humildemente, en mi hogar siempre ha habido espíritu navideño y les he tratado de inculcar a mis hijos la importancia de compartir”, afirmó.

Este capitalino es uno de los tantos Santas Claus que invaden durante estos días tiendas, centros comerciales, calles y avenidas de la ciudad.
Vestidos de rojo, con una melena y barba blancas, botas negras y bolsa para juguetes, algunos vociferan ofertas y otros como Héctor, están para divertir a los más chicos con su ¡jo, jo, jo!

Alegría infantil

“Mi hija Laura Sofía ya le pidió a Santa una computadora, muñecas y no sé qué más, es increíble como los niños aman a este personaje”, dijo Sulay Motiño, mientras la pequeña abrazaba a Héctor.

Y es que él cada vez se mete más en su papel. Su transformación solo tarda 20 minutos, pero en estos 14 años ha dibujado miles de sonrisas.
Él no es el único. Al son de melodías navideñas como “Navidad, Navidad”, “Mi burrito sabanero” y “Feliz Navidad”, interpretadas por un coro infantil en el centro comercial El Dorado, ubicado en el bulevar Morazán, se escucha el famoso ¡jo, jo, jo!

Detrás de esa voz está Christian Ariel Fúnez, de 20 años. Este jovencito, que con sacrificio pudo ingresar a un instituto de secundaria para estudiar el primer curso de ciclo común, interpreta al personaje del Polo Norte desde hace unos cuatro años.

“Lo hago porque me gusta compartir con los niños, que se acerquen a mí y me pidan abrazos, se sienten en mis piernas y me cuenten sus cosas, sus anhelos y deseos. Yo no tengo hijos, pero me encantan los niños y estar con ellos es un mundo aparte, salen con unas cosas que uno se asusta. Son personitas especiales”, narró emocionado. El resto del año Christian Ariel se gana la vida como conserje, mientras espera a que llegue la temporada prenavideña. Ahí en el centro comercial se sube a un trineo, les lee cuentos a los niños y escucha sus pláticas infantiles.

Contrario a lo que le ocurre a Christian, Josué Rodríguez, quien labora en una tienda del bulevar Morazán, debe instalarse bajo el sol para entregar publicidad a los conductores.

Aunque es un trabajo que le genera un ingreso, Rodríguez asegura que decidió ser Santa Claus siguiendo los pasos de su hermano mayor, quien hizo este papel durante 14 años.

Este jovencito residente en la colonia Zapote Norte y representa al personaje regordete y bonachón desde hace seis años.

“Mis amigos se ríen por lo que hago, pero yo más que un trabajo por el que recibo un salario lo veo como una oportunidad de hacer reir a otros”, manifestó.

El origen de Santa

Y es que los niños son la principal preocupación de Santa Claus. Este personaje, que en la actualidad es utilizado de forma comercial para atraer el consumismo, tiene varios nombres en la cultura occidental, entre ellos San Nicolás, Papá Noel y Colacho.

Es un personaje inspirado en un obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás Bari, que vivió en el siglo IV en Anatolia (actual Turquía).

Lo relacionan con los niños debido a su fama de repartidor de obsequios que surgió cuando un empobrecido hombre padre de tres hijas, no podía casarlas por no tener la dote necesaria. Al cumplir la edad de casarse, Nicolás les entregó una bolsa llena de monedas de oro a cada una. Pero todo lo hizo en secreto, entró por una ventana a sus cuartos y colocó la bolsa de oro dentro de los calcetines de las niñas, que se secaban sobre la chimenea.

De ahí la tradición de colgar botas con el nombre de cada miembro de la familia para que en la Nochebuena Santa deje ahí los regalos.
Aunque no todos tienen la suerte de recibir uno. Eso es lo que ocurre en la familia Palma-Rodríguez, residente en la colonia Nueva Suyapa.

Suyapa Rodríguez y Santos Palma llevan desde hace 10 años a sus hijos a tomarse una fotografía con Santa Claus o a subirse en el trencito de una venta de helados como regalo de Navidad.

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