El abandono histórico en el que han permanecido las entradas y salidas de la capital es una mortal amenaza para los capitalinos.
Según el Observatorio de Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), en estos puntos cardinales es donde se registra el mayor número de muertes.
Solo en 2011 se registraron 246 fallecimientos de transeúntes por accidentes de tránsito.
La cifra representa el 20.5 por ciento de los incidentes de este tipo a nivel nacional.
El 51.6 por ciento de los atropellamientos suceden en el Distrito Central y los puntos más álgidos para los peatones son las salidas de la ciudad, revela el informe.
El 20 por ciento de los acontecimientos viales con consecuencias graves contra peatones suceden en estos corredores. El irrespeto de las normas de tránsito y la falta de espacios peatonales son las principales causas.
Corredores de la muerte
Las cuatro salidas se han convertido en zonas rojas para los transeúntes porque son tierra de nadie e impera la ley del más fuerte, y el principal perjudicado es el peatón.
El informe apunta que las vías de acceso de la capital, las carreteras al norte, al sur y al oriente, son los lugares de mayor concurrencia de los accidentes, indistintamente que sea transporte público o privado.
La salida al norte es el punto donde más muertes viales se reportan, con treinta eventos lamentables. Le siguen la entrada al sur, con 12, y la salida a Danlí, con siete casos.
Mientras que la salida hacia Olancho no reporta ningún caso lamentable.
Otra arteria de alta incidencia de accidentes de tránsito es el bulevar Fuerzas Armadas, con 19 víctimas producto de percances automovilísticos.
El 51.2 por ciento de las víctimas son personas que se trasladan a pie, el 25.2 en automóvil y 8.9 por ciento en motocicleta.
En cuanto a la cuota de responsabilidad, el estudio indica que el 45.5 por ciento de los victimarios suele transportarse en vehículo particular, y los operadores de transporte pesado o de carga participan en el 27.3 por ciento de las tragedias.
Estos elementos evidencian la necesidad de prestarle mayor atención al mejoramiento de las entradas de la ciudad, que en los últimos 30 años han permanecido en el abandono por parte de las autoridades del Fondo Vial y Soptravi.