Tegucigalpa, Honduras.- Las calles de la capital se llenan con el dulce perfume de las flores que recorren los escaparates y los brazos de quienes buscan un detalle para sus seres queridos. El 14 de febrero, conocido como Día de San Valentín, convierte a los floristas en testigos de historias de amor y de amistad.
Las rosas rojas son las que despiertan sonrisas; los girasoles y margaritas también cuentan historias, cada una con su propio lenguaje. Para algunos, estas flores son símbolos de romance; para otros, son recuerdos de personas queridas que ya no están en familia.
Los comercios florales cobran vida con la visita de los compradores, muchos corren para comprar un ramo antes de ir al trabajo, y otros esperan el momento perfecto para sorprender a su pareja con un regalo inesperado.
Es de mencionar que, para las floristerías, el Día de San Valentín, el Día de la Madre y el Día de los Santos Difuntos son los momentos más importantes del año para vender arreglos florales, cuando la demanda se dispara y los arreglos naturales se convierten en los protagonistas de vitrinas y mercados.
Lili Ventura, quien vende en la salida al sur de Tegucigalpa, comenta que la preferencia de los clientes son las flores frescas y naturales. “Las rosas y los girasoles son las más solicitadas, especialmente por quienes vienen de fuera de la ciudad”, asegura.
En su negocio, los precios se ajustan a todos los bolsillos: un arreglo completo puede costar entre 450 y 700 lempiras, mientras que las rosas individuales tienen un precio de 90 lempiras y los girasoles, 150. Cada detalle puede personalizarse según el gusto de quien lo compra.
“El 21 de marzo y el 21 de septiembre también son fechas especiales para los arreglos de flores amarillas. En esos días se venden muchas flores que simbolizan alegría y renovación”, explica Lili.
Por su parte, Iris Ramírez explica que “las rosas llegan desde Guatemala y los girasoles provienen de nuestra zona del Piligüín. También ofrecemos margaritas, según la elección del cliente”, detalla con entusiasmo.
En cuanto a la preparación, los vendedores comentan que “nos organizamos con semanas de antelación para tener variedad y calidad. Todo lo que vendemos es natural, y cada arreglo refleja la belleza de la naturaleza y del cariño que queremos transmitir”, añade Iris.
Cada ramo requiere cuidado, desde elegir las flores frescas hasta combinarlas con follajes como amorseco y margaritas, que aportan volumen y color, creando composiciones atractivas que conquistan a quienes las reciben.
Más allá de la venta, las floristerías se convierten en escenarios de historias de parejas jóvenes que celebran su primer 14 de febrero, esposos que mantienen la tradición, hijos que agradecen a sus madres.
Los arreglos más elaborados incluyen corazones, cintas y detalles adicionales, convirtiendo cada ramo en una expresión única donde los clientes regalan momentos y recuerdos que quedarán grabados en la memoria.
Para muchos emprendedores, el 14 de febrero representa una de las mayores oportunidades del año, en la que esfuerzo, creatividad y dedicación se traducen en sonrisas y ventas de estos detalles hermosos del Día de San Valentín.