Tegucigalpa, Honduras.- Bajo un sol que muchos consideraban un regalo divino, decenas de personas permanecían frente a la iglesia San Francisco, que se consolidó como el punto de partida del Viacrucis 2026 en Tegucigalpa.
Desde las 6:30 de la mañana, personas de todas las edades comenzaron a congregarse en el punto de partida, a la espera del inicio del acto litúrgico, que fue inaugurado a las 9:00 a.m. y estaba vinculado a la primera estación de la crucifixión: "Jesús es sentenciado a muerte”.
La ceremonia, encabezada por el arzobispo de Tegucigalpa, José Vicente Nácher, comenzó con un llamado a la paz y la unidad cristiana. “Pareciera que las armas son la única voz posible”, reflexionó, sin embargo, apuntó la Iglesia continuará proclamando la paz verdadera, que nace sin violencia”.
Bajo un mismo sentir, la palabra corta pero poderosa “amén” resonó entre el público, que, sin distinción de edad, se unió en oración y recogimiento durante el inicio de la esperada celebración anual.
A medida que la temperatura incrementaba y la procesión avanzaba por las empedradas calles del centro histórico de la capital, el ambiente se llenaba de respeto y coros que más allá de cantos, reflejaban peticiones al cielo frente aquella segunda estación nombrada "Jesús cae, por primera vez, bajo el peso de la cruz".
Durante el recorrido, la estación V bautizada como "Jesús es ayudado por el cirineo" se consolidó como la causa de sonrisas ante la representación de un pequeño de apenas 4 años que demostró la presencia de los niños en los actos litúrgicos 2026.
La mezcla de aromas a incienso, flores y el murmullo constante de plegarias creó una atmósfera que parecía detener el tiempo, recordando a todos la importancia de los niños, la compasión y solidaridad en el camino hacia la crucifixión.
Durante el acto litúrgico, se escuchó un reconocimiento profundo de la realidad local: “En nuestra Honduras, marcada por la pobreza, la migración, la desintegración familiar y la violencia, muchos sienten que la cruz es demasiado pesada”. que fue respondida de inmediato por la feligresía reunida en el sector con un enérgico “Señor, danos fuerza para seguir”.
Como una línea viva que mezclaba devoción, fe y tradición, la décima estación denominada "Jesús es despojado de sus vestiduras” fue marcada por la cruz que desde hace un kilómetro atrás, era arrastrada durante el viacrucis.
La emoción se hizo tangible cuando los fieles se inclinaban para tocar simbólicamente la cruz al pasar, como si quisieran compartir por un instante el peso de la pasión, que entre fotografías y oraciones, la procesión avanzaba lenta pero firme, recordando a todos que cada estación era un recordatorio de fe y resiliencia.
Llegando a la estación XIV, “Jesús es colocado en el sepulcro”, la procesión tomó un momento de apreciación al drama que rodeó la representación del sepulcro que se vio iluminada por los rayos del sol que se colaban entre los árboles que daban un aire casi teatral, entre lo sagrado y cotidiano.
Finalmente, mientras la procesión se alejaba de la estación XIV, la multitud parecía compartir un sentimiento colectivo de alivio y gratitud al ingresar a la iglesia El Calvario mediante cánticos, y personas reunidas en una sola fe que ansiaba ver la resurrección de Jesús.
Así, el Viacrucis de Tegucigalpa 2026 cerraba su ciclo, dejando en cada hondureño y extranjero con la sensación de haber sido parte de algo que anualmente va más allá de la tradición: una experiencia que mezcla devoción, historia y vida cotidiana.