Sandra Jasmín Torres tiene 11 años y es la alumna de mayor estatura de la Escuela Ramón Rosa, en la lejana comunidad de Los Portillos.
Pese a su espigada altura apenas cursa primer grado, sin embargo, su permanencia en el centro educativo se da solo por sus increíbles ganas de aprender y salir adelante.
Sandra es solo una de miles de historias que se viven en las zonas inhóspitas del país, donde las limitaciones económicas de los padres impiden a los niños y niñas poder llegar a las aulas.
La joven, tímida pero de agradable conversación, contó que todos los años le decía a su madre que quería ir a la escuela, para poder aprender a leer y escribir, como todos los amigos de su edad.
No obstante, la respuesta que recibió varios años fue la misma. “¡Cómo querés ir a la escuela!, bien sabes que no hay pisto (dinero) para comprarte los cuadernos”.
Empero, los deseos de aprender a leer y escribir y la valentía que dan el paso de los años le ayudaron a buscar por su propia cuenta la matrícula para ella y sus dos hermanos.
“Siempre que mis hermanos y yo íbamos a trabajar y mirábamos a los otros cipotes ir a la escuela, yo sentía ganas de llorar”, expresó.
Sandra dijo que no le importa de dónde saldrán los útiles y los uniformes, pero aseguró que no se retirará por ningún motivo de la escuela.
A cumplir sueños
La Maratón del Saber de diario EL HERALDO, sin conocer el caso de Sandra, llegó hasta la recóndita aldea de Los Portillos.
En la quebrada travesía de terracería con enormes nubes de polvo y lodo, en algunas partes, demoró la llegada.
Con el atraso, la esperanza de los alumnos de recibir los útiles escolares se diluyó, al paso de una potra en el campo de fútbol, otros se marcharon a sus hogares.
Sin embargo, a las 12:00 del mediodía, bajo un abrasador sol, un vehículo blanco cargado de cajas asomó en la carretera. Desde el pie de la colina se pudo observar las carreras y escuchar los gritos de los niños cuando decían “¡Ahí vienen cipotes!, ¡ahí vienen!, ¡corran!”.La alegría no era para menos, en esta aldea árida, donde residen unas 70 familias sin acceso al agua potable, y que sobreviven de la siembra de maíz y frijoles, el acceso a los útiles escolares es limitado.
Cabe resaltar que Soli-Diario, durante once años consecutivos, ha contribuido con el desarrollo educativo y ha cumplido los sueños de miles de niños de las comunidades más pobres y lejanas de Honduras.
A la Escuela Ramón Rosa, La Maratón del Saber llegó por tercera vez, y los 43 alumnos recibieron sus paquetes escolares con lápices, borradores, cuadernos de espiral, catrachines y coloridas mochilas.
Mario Castillo, maestro unidocente de la escuela, expresó infinitas muestras de agradecimiento a las empresas que hicieron posible que la entrega se realizara.
“No hay palabras para expresarles nuestro agradecimiento, esta entrega de útiles es muy importante, las condiciones de pobreza que hay en esta zona son extremas”, pormenorizó el mentor.
¡De pasada!
Cubrir las necesidades de la Escuela Pedro Pascual Amaya, de la aldea La Jagua, no estaba en la agenda de la campaña educativa.
Referencias de pobladores de otras aldeas motivaron al equipo de EL HERALDO a visitar el centro y constatar las necesidades y condiciones de 17 niños que hay matriculados. Tal y como lo habían informado, la situación de la escuela, el maestro y los alumnos no son las mejores para realizar la actividad académica.
Es así que Soli-Diario no podía regresar sin cubrir las necesidades de útiles escolares que los niños tenían.
Al igual que las demás escuelas, los alumnos recibieron un paquete cargado de útiles escolares para poder enfrentar la jornada estudiantil de 2014 con éxito.
Haber llevado los útiles escolares a los niños y niñas pobres de estas comunidades motiva a decirle a EL HERALDO y las empresas colaboradoras, ¡misión cumplida!