Un estruendo de silvadores marcó el inicio de la destrucción de la peligrosa pólvora que dejó en 2011 cuatro pequeños marcados para siempre.
Y es que las autoridades del Juzgado de Policía Municipal incineraron ayer el cargamento de explosivos decomisados en Navidad y Año Nuevo.
Con repudio ante la inconsciencia de miles de capitalinos, a seis años de que entrara en vigencia la ordenanza Cero Pólvora, los expertos procedieron a incinerar más de un millón de lempiras en producto.
Aunque el decomiso total ascendió a 1.9 millones de lempiras, el juzgado solo destruyó un 50 por ciento, ya que el resto debió quedar almacenado en las bodegas de la Alcaldía Municipal, en espera de cualquier reclamo de sus propietarios.
A raíz de que un producto valorado en 900 mil lempiras fue incautado en la entrada de la capital, los dueños exigen su devolución vía tribunales, pues aseguran que iba en tránsito para otras ciudades del país.
Seguridad total
La quema de la pólvora decomisada resultó, más exitosa que la campaña misma.
Bajo estrictas medidas de seguridad, el Juzgado de Policía convirtió en cenizas los explosivos y un año de altibajos en materia de prevención y control de su comercialización.
Un predio del sector 8 de la colonia Cerro Grande fue el escenario de la redención de las autoridades municipales.
Con una semana de anticipación, el Escuadrón Antibombas del Ejército inspeccionó el predio para establecer el lugar idóneo para la quema.
El teniente Carlos Argueta, quien estuvo al mando del equipo, indicó que el espacio se eligió por estar alejado de la maleza que rodea la zona, a fin de evitar una posible expansión de las llamas.
El trabajo se basó en la clasificación del material de acuerdo a su nivel de explosión. Las bombas de más alto poder se colocaron al fondo de un agujero, los cohetes en medio y las luces de Bengala y silvadores encima.
La pólvora fue instalada a 300 metros de distancia de las personas presentes.
Al menos 15 elementos del Cuerpo de Bomberos y 10 policías municipales acordoron un área de 75 metros a fin de evitar que alguien resultara herido con la fuerte detonación.
Una cisterna de 3,000 galones de agua, un camión todoterreno contra incendios y una ambulancia del Cuerpo de Bomberos estaban en la zona por cualquier emergencia.
'Los petardos que hoy se quemaron son de un poder medio, pero aun así estamos vigilantes para evitar que cualquier onda expansiva genere un incendio en las zacateras cercanas o afecte a los presentes', aseguró el teniente Sandro Rivera, encargado de la operación.
Antes de iniciar la quema los elementos antibombas rociaron el material con gasolina. Posteriormente instalaron una mecha con capacidad de retardo de tres minutos que les permitió alejarse antes de iniciar la detonación.
Después de la incineración, el equipo del Cuerpo de Bomberos procedió a apagar las llamas con agua.
Débil campaña
A pesar de haber logrado el más alto decomiso en seis años de campaña, el monto revela los fallidos esfuerzos por controlar la venta de petardos que estallaron con una fuerza ensordecedora la medianoche del 24 y 31 de diciembre pasado.
Como resultado de la pobre y tardía intervención en los mercados capitalinos, realizada hasta la última semana de diciembre, los ciudadanos adquirieron el producto antes de las fiestas de fin de año.
Fue hasta el lunes 26 de diciembre que las autoridades municipales, junto a 100 elementos del Ejército, 60 inspectores del juzgado de policía y 40 elementos de la Policía Nacional Preventiva, actuaron en serio para hacer respetar la ordenanza municipal en los mercados.
Al final de la campaña, cuatro niños capitalinos resultaron quemados y sus padres son investigados por la Fiscalía Especial de la Niñez.
Fredy Casasola, juez municipal, indicó que el esfuerzo fue enorme, pero la falta de personal pesó al final.
'Trabajamos con 100 personas para atender y controlar una población de 1.5 millones de habitantes y debemos recordar que en los municipios vecinos no es prohibida la venta de pólvora, esto es una enorme desventaja', aseveró.