Roatán, Islas de la Bahía. Durante 96 horas soportaron las inclemencias del sol, la lluvia, la inmensidad del mar y la incertidumbre de saber si vivirían para contarlo.
Finalmente, su más grande deseo se cumplió: fueron rescatados sanos y salvos.
El sobrevuelo de un helicóptero de la Fuerza Aérea Hondureña (FAH), en la costa Atlántica localizó a los ocho naúfragos, cinco hondureños y tres extranjeros, que desde el sábado anterior habían desaparecido en alta mar luego de que la lancha en la que se conducían se quedara sin combustible.
Los náufragos León Martín Coello Buckley (18), Amber Marie Burkelt (16), ambos de Estados Unidos, Tasha Brown (20), de Canadá, y los hondureños Gustavo Lorens (25), Gary Zelaya (22), Annie Bernard (28), Alex Bodden y Adán Cerrato (19), conductor de la lancha, pese a su debilitamiento hicieron señales a la unidad para que les auxiliara.
Adán Cerrato, conductor de la lancha nunca olvidará los cuatro días que se volvieron eternos en el mar. El daño del motor sumado a la falta de combustible, marcaron la peor pesadilla que a sus 19 años le ha tocado vivir.
“Salimos de Roatán con destino a Utila, pero a pocas horas de estar navegando el motor comenzó a fallar, pese a los intentos para repararlo, fue imposible y la falta de combustible imposibilitó que regresáramos.
Nos preocupamos porque no sabíamos qué sería de nosotros, y lo peor, que nadie nos auxiliaba, no había manera de comunicarse para dar aviso y que nos auxiliaran”, relató el sobreviviente.
Las horas transcurrían y cada minuto para los ocho náufragos las esperanzas disminuían, su estado de salud se quebrantaba y las fuerzas se perdían.
“La desesperación por ratos nos atrapaba, la corriente nos movía y nos ubicaba en la ruta hacia Puerto Cortés, pero cuando el viento cambiaba nos llevaba hacia Utila, estábamos a merced de las condiciones climáticas, pero la fe, esa nunca la perdimos. La lluvia fue de bendición porque evitó que nuestra salud se deteriorara más”, aseguró el lanchero.
Cada sonido que escuchaban generaba alegría, buscaban en el mar o en el aire, a alguien que lograra escuchar sus gritos para que los auxiliaran.
“Cada noche y cada día cuando mirábamos los aviones que sobrevolaban la zona donde quedamos atrapados, hacíamos señales, gritábamos con la esperanza de que alguien nos oyera o nos viera, pero nada, nadie nos miraba”, recordó.
El rescate
Era el cuarto día de búsqueda por mar y aire que realizaba la Fuerza Naval y Aérea de Honduras, junto a elementos de la armada estadounidense, quienes a tempranas horas iniciaron la búsqueda de la embarcación perdida.
No perdían la fe de hallarlos con vida, cuando uno de los helicópteros sobrevolaba las costas, a 70 millas al noroeste de Roatán, mar adentro, captaron cuando las víctimas del naufragio levantaban las manos solicitando auxilio.
Eran las 8:30 am, rápidamente los militares comunicaron a las autoridades del hallazgo y se dispuso que el traslado, por la distancia del punto, la vía aérea era la más conveniente y Roatán el punto más cercano.
“Cuando nos comunicaron del hallazgo de los náufragos preparamos toda la logística en Roatán para atenderlos de inmediato. Se dispuso de ocho camas, ocho enfermeras y cuatro ambulancias que estaban listos en el aeropuerto para recibirlos.
Fue un gran trabajo el que desarrollaron las Fuerzas Armadas y los grupos de rescate que se sumaron a la búsqueda”, refirió Andy López, subcomisionado de Copeco para Islas de la Bahía.
A las 10:00 am, los ocho sobrevivientes llegaban al aeropuerto, sus rostros estaban dorados del intenso sol, el cansancio era evidente y presentaban signos de deshidratación producto de los cuatro días que estuvieron expuestos a la intemperie.
“La condición de las ocho personas es estable, los médicos han dado las atenciones necesarias al grupo y gracias a Dios están bien. La experiencia para ellos ha sido dura, pero están contentos de estar a salvo.
Copeco ha estado coordinando todas las acciones para que se lograra este rescate exitoso y alertamos a las embarcaciones a tomar medidas para evitar este tipo de eventos”, señaló López.
Hasta que el helicóptero nos vio y empezó a sobrevolar sobre nosotros sentimos que salíamos bien librados de la odisea que vivimos. Gritamos, lloramos, pero felices de salir del mar y estar a salvo. Gracias a Dios y a la gente que dedicó su tiempo a buscarnos”, expresó Cerrato.