Sucesos

Heroína: droga que bloquea el cerebro

El estómago y los implantes de seno o glúteos son los lugares perfectos para traficar heroína. El riesgo es la muerte.

    20.06.2012

    Utilizar cavidades del cuerpo para transportar droga es, sin duda, la ruta al suicidio voluntario.

    Y es que esta práctica, conocida en el argot popular como “mulas” del narcotráfico, puede conducir a la muerte cuando el procedimiento falla, es decir, cuando alguna cápsula de heroína se rompe dentro del organismo humano.

    Según el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas (NIDA), de Estados Unidos, la heroína es una droga opiácea hecha a partir de la morfina, una sustancia natural que se extrae de la bellota de la amapola.

    La heroína se puede inyectar, inhalar o fumar, realizando todas estas vías de administración una entrega rápida de la droga al cerebro. Al entrar al cerebro, la heroína se convierte en morfina.

    El abuso de la heroína está asociado a consecuencias graves en la salud, incluyendo sobredosis mortal, aborto espontáneo y, particularmente, en el caso de los consumidores que se inyectan la droga, enfermedades infecciosas.

    El consumo crónico puede llevar a la oclusión de las venas, infección del endocardio y de las válvulas del corazón, abscesos y enfermedades del hígado y renales.

    El consumo produce una oleada de euforia (“rush”) acompañada de sequedad bucal, un enrojecimiento caliente de la piel, pesadez en las extremidades y confusión mental.

    Después de esta euforia inicial, el usuario pasa a una sensación de estar volando, un estado en el que se alterna estar entre completamente despierto o adormecido.

    Según agentes de la Fiscalía de la Lucha contra el Narcotráfico, esta sustancia (generalmente polvo) es envuelta en material de látex para traficarla, dentro de cuerpos vivientes, a otros países.

    Este material permite deglutir fácilmente la cápsula, cuyo costo supera los 1,000 dólares cada una. En el caso de la colombiana, que transportaba 40 cápsulas, se estima que el botín podría superar el millón de lempiras.

    Las personas usadas como “mulas” pueden recibir bonificaciones inferiores a los mil dólares, con el riesgo de morir si alguna cápsula se rompe y esparce el contenido en el organismo humano. “Si una de estas cápsulas se rompe en el estómago, puede ocurrir un fenómeno de vaso constricción”.

    “Es decir, la presión se eleva y provoca una hemorragia cerebral, esto es como un suicidio voluntario”, explicó el doctor especialista Octavio Alvarenga.

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