Sucesos

¿Cómo cayó la banda de los Osorio?

La Policía aduce que el cruce de llamadas telefónicas y la colaboración de informantes fueron importantes. Otros manejan que del interior de la misma banda pudo haber fuga de información.

01.06.2012

El cruce de llamadas telefónicas y la colaboración de informantes marcaron la ruta para que los cuerpos de inteligencia policial pudieran identificar y capturar a los autores materiales
del secuestro y asesinato del periodista Ángel Alfredo Villatoro.

Los hermanos Osman Fernando y Edgar Francisco Osorio Arguijo, así como Marvin Alonso Gómez, fueron aprehendidos el pasado domingo en la aldea El Cacao, Cofradía Cortés, tras un fuerte operativo policial.

Desde la noche del 15 de mayo pasado que ocurrió el crimen del coordinador de noticias de HRN en la residencial Las Uvas, equipos de la Dirección Nacional de Servicios Especiales de Investigación (DNSEI), auxiliados por expertos extranjeros de Colombia, empezaron a recibir información valiosa que puso al desnudo la participación de los hermanos Osorio Arguijo.

Aunque los cuerpos de inteligencia manejan el caso con mucho hermetismo, las pocas palabras que expresan algunos investigadores se pueden interpretar de que los informantes podrían ser gente que está ligada a esta banda o que estuvieron al tanto de todos sus movimientos.
Igual que en cualquier organización, también en las bandas criminales existen desacuerdos por ciertas decisiones que se toman, no se puede descartar que eso haya llevado a la Policía a la captura de los asesinos.

Para los cuerpos de inteligencia, las investigaciones tomaron su rumbo a partir del inicio de la negociación del rescate con el rastreo de llamadas y los análisis de las conversaciones.

Lo lamentable para la Policía es que Villatoro fue asesinado, sin embargo, el repudio de la población por el crimen originó que la información fuese más fluida.

Del proceso investigativo que se ha seguido no se puede ignorar la participación de miembros de inteligencia colombianos, cuya presencia se pudo observar en la captura de los implicados en el condenable hecho criminal.

Ruta a la captura

La información que maneja la DNSEI es que desde el 9 de mayo que ocurrió el secuestro de Villatoro y el tiempo que permaneció en cautiverio, los plagiarios permanecieron en la capital, específicamente, en la residencial Lomas de Germania, de donde se movían al sitio donde tenían a la víctima.

Fue después de la muerte del comunicador social que tomaron la decisión de emigrar hacia Cofradía, Cortés, porque, supuestamente, sintieron que la Policía los andaba cerca y que en cualquier momento podían ser alcanzados por el brazo de la ley. Lo que está por definirse es si algunos otros tomaron otros rumbos. Que los informantes sean parte de la banda o no, es algo que la Policía mantiene en reserva, lo cierto es que las pistas fueron tan contundentes que no batallaron mucho para llegar al sitio donde los malhechores se habían refugiado.

Cuando los maleantes menos lo esperaban, la zona estaba rodeada por un fuerte contingente policial conformado por miembros del Grupo Especial Antisecuestros (Geas), la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC), del Comando de Operaciones Especiales (Cobras) y de la Policía Preventiva, entre otros.

Los autores materiales del hecho criminal fueron aprehendidos, pero además, los cuerpos policiales tienen fuertes evidencias de su participación directa en el crimen. Al preguntarle a los altos mandos de la DNSEI cómo dieron con los asesinos de Villatoro, la única respuesta que dan es que “fue a puro informante”. Entre las fuentes de información no involucran ni a los dos privados de libertad que fueron movilizados desde el centro penal de Danlí a la cárcel de máxima seguridad, ni a las otras tres personas que resultaron implicadas en el secuestro.

La localización de las casas en Lomas de Germania y en los altos de la aldea Santa Rosa sucedió después de la detención de los asesinos, según comentó una fuente de entero crédito. Por una parte, la Policía recibió llamadas de personas que identificaron a los detenidos al ver las fotografías en los periódicos y en los canales de televisión y por otra la colaboración de testigos protegidos.

Fue así como la tarde del pasado lunes las autoridades llegaron hasta la casa número 130 color rosado que los Osorio Arguijo rentaban en Lomas de Germania, donde incautaron otras pruebas de convicción que los involucran en el secuestro y asesinato.

La noche del mismo día, los cuerpos de inteligencia dieron con la casa improvisada donde Villatoro estuvo cautivo en una invasión situada en el extremo norte de la aldea Santa Rosa. La caída de los Osorio Arguijo es el indicativo que no todos los crímenes son perfectos; que pueden existir las traiciones en el grupo, muchas veces por inconformidad en la repartición del botín o porque no todos están de acuerdo en las decisiones que toma el cabecilla.

El rastreo de las llamadas telefónicas es otro elemento que pudo haber llevado a las autoridades a dar con estos criminales, aunque hay otras hipótesis que deben ser esclarecidas por quienes están detrás de las investigaciones.

¿Quién o quiénes fueron los autores intelectuales?

El trabajo policial sobre el caso del periodista Alfredo Villatoro no concluye con la detención y enjuiciamiento de tres peligrosos miembros de la banda que ejecutó el secuestro y el asesinato.

Unidades de inteligencia policial y la Fiscalía están, según dicen, tras la pista de quienes pusieron en manos de la banda de los Osorio Arguijo la vida del comunicador social, por lo que, supuestamente, pagaron una fuerte suma de dinero.

Los individuos son criminales sin escrúpulos que no se miden para disparar contra cualquier ser humano.

Aunque prefieren no ahondar en detalles, miembros de los cuerpos de investigación aseguran que hay avances en las diligencias y que en el tiempo menos esperado la población recibirá buenas noticias.

La Policía tiene muy claro que el fin del secuestro de Villatoro no era económico y que detrás del asesinato hay “mucha tela que cortar”.
Actualmente, se busca a otro prófugo contra quien se libró una orden de captura por el crimen.