Sucesos

Auto de prisión por masacre de familia

Parientes piden protección a las autoridades y ruegan a otros gobiernos que les den asilo.

10.01.2012

Auto de prisión con la imposición de la medida cautelar de prisión preventiva se dictó en el Juzgado Tercero de Letras de lo Departamental a Henry Geovanni Cruz, de 38 años, y Juan Antonio Argueta, de 19, a quienes se les supone responsables del asesinato de seis miembros de una familia el pasado 2 de enero en la aldea El Palmar, Las Vegas, Santa Bárbara.

El juez encontró evidencia racional que involucra a los imputados, por lo que en la audiencia inicial se determinó que deberán seguir en prisión en el centro penal de Santa Bárbara.

Los fiscales asignados al caso presentaron pruebas contundentes, así como el testimonio del menor de edad, único sobreviviente de la matanza, quien identificó a los imputados como los autores del hecho.

En la audiencia inicial también comparecieron tres testigos más y se adjuntaron pruebas científicas en las que se comprobó que los dos imputados estuvieron en el lugar de los hechos.

También se mostró el dictamen de Medicina Forense y la ropa que portaban los imputados al momento que supuestamente cometieron el abominable crimen.

A Henry Cruz y Juan Antonio Argueta se les acusa de ser los autores del crimen de Gloria Arminda Hernández y sus hijos Sulmi Yesseni, Alexander y Marco Tulio Bardales Hernández, así como de Salomón y José Nehemías Hernández.

Miguel Alvarado, apoderado legal de Juan Antonio Argueta, aseguró que su representado no puede ser acusado del delito de homicidio debido a que el sobreviviente únicamente lo identifica como la persona que amarró a las víctimas, no como el que acabó con sus vidas.

Henry Cruz no tiene defensor privado, por lo que es representado por un abogado asignado por el Estado.

Cruz relató a los medios la forma en que mató a las seis personas, supuestamente porque estos no le informaron el paradero de Juan Gilberto Bardales, el hombre que vive con su expareja.

Según Cruz, todo su enojo fue porque su expareja y Bardales disfrutaron por años el dinero que él mandaba de Estados Unidos. Bardales pidió seguridad del Estado, ya que teme por su vida.

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