Tegucigalpa, Honduras.- Su piel es testigo fiel de su filosofía de vida y de su pasión por preservar la naturaleza. En sus brazos y piernas lleva tatuadas las flores y plantas que le gustan, los animales que le recuerdan a sus hijos, los dibujos de su libro favorito, El principito, y la fotografía de un tigrillo que tomó su esposa, Julia, en el Parque Nacional La Tigra.
Jorge Luis Murillo Palma, director técnico de Amitigra, lleva marcado en su piel todo lo que ama, por eso trata de hacerse un tatuaje nuevo cada año. Nació en el Distrito Central, pero se crió entre pueblitos y cerros. Lo conocen como Lucas, sobrenombre que viene de su padre.
Lleva 20 años dedicándose al conservadurismo de los ecosistemas, labor que le ha costado amenazas de muerte. No todo ha sido malo, pues también le permitió descubrir una nueva especie de salamandra.
La Tigra se ha convertido en su casa, pero no para vivir, sino para cuidarla “para que el parque siga existiendo por más tiempo”.
Lucas es padre de cuatro hijos, quienes también persiguen su amor por la naturaleza. Palma contó cómo desde niños tenían animalitos en casa. Incluso, recordó que la primera mascota fue una boa y, además, tuvieron una araña viuda negra.
“No, no estoy muy orgulloso de contar eso porque no es lo que uno debería hacer, pero en aquel momento era la manera en la que yo entendía la naturaleza”, justificó. “No tenía esta visión que tengo ahora que justamente son seres vivos y que hay que respetarlos y que no podemos promover eso”, dijo en diálogo con EL HERALDO. Estas fueron sus declaraciones íntegras.
¿Quién es Jorge Luis Palma?
Soy un conservacionista de corazón. Me he dedicado a trabajar con la naturaleza casi desde que recuerdo, desde muy pequeño, pero ya profesionalmente más de 20 años trabajando, principalmente con grupos como serpientes, anfibios, animales que casi no le gustan a la gente, pero que a mí me parecen muy agradables. Desde hace 15 años trabajo aquí en la Fundación Amigos de La Tigra o Amitigra y hace como 7 años me convertí en el director técnico de esta organización. Antes de eso era un técnico de campo que estaba muy vinculado a todo el tema del turismo y de la investigación biológica.
Ya tiene varios añitos, ¿verdad?
Varios, y varios en la naturaleza principalmente por un gusto personal de disfrutar la naturaleza y creció viendo muchos documentales y cosas así, entonces siempre tuve esa ganas de estar en contacto con la naturaleza de manera permanente. Claro.
¿A dónde nació?
Yo nací en el Distrito Central, igual que muchas de las personas, en Comayagüela particularmente. Y mi familia, aunque una de ellas se radicó aquí en la ciudad, la mayoría viene de pueblos. Entonces, unos son de la salida al sur, como Nueva Armenia, en Salalica; mi abuelo que es de un lugar que se llama Yauyupe y mi familia paterna es de San José de Soroguara.
¿Pero específicamente se radicó en la capital?
Sí, en la capital. En el barrio Bellavista. Allí creció mi familia y mi otra familia en el barrio Lempira.
¿Cuáles son esos recuerdos que se le vienen de esa zona?
Nací como en el 83, entre el 83 y 90 estuve ahí en los barrios y sí no había Había tanta naturaleza y era más como este barrio donde salíamos todos y podíamos jugar, andábamos en bicicletas todavía, recuerdo esta cuesta empinada de Bellavista, íbamos en patineta y nos tirábamos ahí cuando llovía, íbamos en las patinetas mojados y jugábamos mucho, era como juegos más urbanos, pero lo que me marcó bastante es que yo visitaba los pueblos con mi abuela. Entonces me iba a las vacaciones completas al pueblo y allá montaba en caballo, atrapaba tortugas, perseguía culebras, sacaba sapos Entonces tenía como esas dos partes de la vida entre la que estaba en la ciudad, pero me iba al campo mucho tiempo ordeñar vacas, ir a traer las vacas, perseguir los chanchos.
¿Su abuela fomentó ese espíritu aventurero y amor por los animales?Yo creo que era yo, pero ella sí me lo fomentaba mucho. Entonces, que no es muy bueno, pero si llegué a tener muchas mascotas bien típicas: tenía bastantes pericos, pero llegué a tener también ardilla, gavilanes y animales que no eran tan comunes, tenía conejos también, entonces siempre me gustaron mucho los animales.
¿Gavilanes?
Sí, no sé por qué, pero tengo un recuerdo de que en la casa de mi abuela llegó alguno y alguna vez también hubo una codorniz y la codorniz murió y se la dimos de comer al gavilán.
¿Se encargaba de la alimentación de ellos?
En algunos casos, sí, creo que mi mamá sufría mucho, le tocaba más a ella a veces hacerse cargo de los animalitos. A mí me gustaba la parte de sobarlos y estar con ellos. Tenía un vínculo bien grande con los perros y con todas las mascotas. Tuve varios perros. Siempre tuve esa afinidad hacia la naturaleza, particularmente a los animales. Las plantas no eran tanto, lo de las plantas llegó ya cuando me hice más grande y ahora creo que soy como el señor de las plantas.
¿Su esposa no es la que cuida las plantas?
Yo le digo que es bien gracioso, en la casa el que tiene plantas soy yo, no mi esposa. Y el que habla, por ejemplo, con la señora de las casas sobre plantas soy yo.
¿Y el que roba plantitas?
Pero mi esposa sí me ayuda. Más ella le da nervios porque cuando va me dice “ya me vas a hacer eso otra vez”. Yo le digo, “vos distraelo, andá ahí”. Ya tenemos técnicas, le he enseñado.
Muchas personas creían que era biólogo, pero específicamente ¿qué estudió?
Yo estudié turismo. Mi formación de base es turismo, luego hice una maestría en proyectos y adicionalmente hice otra maestría en manejo de áreas protegidas. Mi vida educativa universitaria fue enriquecedora, algo compleja para mis papás, me imagino, porque estuve en varias carreras. Entonces empecé con la agricultura, yo me fui a Olancho a estudiar agricultura a la UNAG, en ese momento se llamaba ENA, me fui becado para allá. Estaba muy joven y creo que eso no me ayudó a tomar con mayor seriedad esa oportunidad, pero me encantaba mucho la agricultura, fue lo que inicialmente me atraía. Aunque siempre tuve deseo de estar vinculado con los animales, así que me interesó ser veterinario también, pero en ese momento en Honduras no había veterinaria y las opciones cercanas que habían era México o te podías ir a Brasil. Uno como que en estos momentos y en en los entornos en los que estamos no nos educan mucho para desapegarnos de la familia de esa manera, y creo que por alguna manera en la que me miraban que no era tan responsable, tampoco les parecía la mejor idea que yo me fuera a otro país. Entonces, me fui a Olancho, después de allá vine y me metí a ingeniería ambiental. Allí estuve 1 año de mi vida estudiando ingeniería ambiental, pero cuando vi que la carrera no era tan relacionada directamente con las plantas y los animales, pues no me gustó mucho y decidirme a donde yo había querido estar, que era biología. Pero ahí en esas situaciones de la vida, pues como joven, fui un poco irresponsable y tuve a mi primer hijo, entonces, tuve que pensar en una carrera donde pudiera salir más rápido, que me permitiera estar siempre en contacto con la naturaleza y que además me pudiera ofrecer un trabajo para mantener a mi hijo, así que me fui al turismo que era como algo que se relacionaba bastante.
7
años
lleva como director técnico de Amitigra. Llegó hace 15 años al parque nacional, que ahora ve como su hogar, por eso busca preservarlo.
¿Cómo fue esa noticia cuando le dijeron que sería papá?
Estaba muy joven, yo tenía 21 años. Mi hija, Amanda Lucía, nació cuando yo tenía 25. Entonces fueron 4 años después de Luis Daniel. Y sí fue una etapa en la que claramente estaba madurando, entendiendo la vida, tomando responsabilidad, compleja para ellos, me imagino, más que para mí. Tener un papá tan joven y que además me dedicaba mucho al tema ambiental, entonces sí viajaba, teníamos serpientes en las casas. Mis primeros hijos su primera mascota fue una boa.
¿Una boa? ¿De dónde salió esa boa?
Esa boa la rescaté porque la iban a dañar en un lugar y la llevé a la casa con la intención solo de curarla, cuidarla y liberarla, pero después a ellos les gustó mucho y la tuvimos ahí un buen tiempo hasta que ya creció un poco y consideré que no era adecuado tenerla porque sí podía a veces estar agresiva, entonces la dejamos, pero sí la mascota de ellos fue una boa.
¿Qué otros animales tuvieron?
Después de eso a veces sí llegaban guasalos o la gente nos llevaba animales para que los cuidáramos... tuve una viuda negra, una araña. Ya tenía mis hijos y esa viuda negra en su saco tenía un montón de viuditas negras, un montón de crías y las dispersó por la casa, entonces allí sí me dio mucho temor porque son de mucho riesgo para niños y para la familia en general. Entonces de ahí decidí que ya no íbamos a tener mascotas tan peculiares como esas.
¿Qué pasaba con esos animales?
Muchos de esos los liberaba en lugares donde yo sabía que tenían ellos registros que estaban ahí y que iban a estar bien.
¿Alguna vez tuvo un incidente con alguno de los animales?
No, fíjate que como sí leía bastante y había llevado clases relacionadas, entonces procuraba no tener animales peligrosos... Pasó una vez quise tener ranas en el baño, pero yo estoy hablando cuando tenía 17 o 18 años y puse muchos musgos y helechos en mi baño y llevé unas ranas, la cosa es que las ranas cantaban todas las noches y no dejaban dormir a nadie en la casa. Entonces estaban molestos conmigo, entonces tuve que retirarlas, irlas a liberar donde estaban, pero a mí me parecía súper fascinante tenerlas allí.
¿Cómo se llaman sus hijos?
Luis Daniel y Amanda Lucía. Yo mucho tiempo después me quedé como papá soltero solo con mis dos hijos mayores, entonces me dedicaba a ellos, al trabajo, la naturaleza, entré aquí a la fundación, entonces pasaba muy ocupado. Luego a Julia la conocí en la universidad, pero yo tenía mis hijos y estaba con mi pareja, entonces no platicábamos mucho. Después con el tiempo yo cuando ya quedé solo con mis hijos volví a platicar con ella y ahí justamente empezamos a encontrar que teníamos en común esto de la naturaleza, de los viajes, de la cultura hondureña y de conservar sobre todo la naturaleza. Entonces ahí fue como que nos fuimos formalizando, vimos que sí y decidimos entonces vivir juntos.
¿Con ella cuántos hijos tiene?
Eduardo Felipe que es solo de ella, pero lo conozco desde pequeño, y a Sebastián, que sí es nuestro hijo.
¿Todos tienen dos nombres y él solo Sebastián?
Sebastián Alejandro... A mí me pregunta que por qué Jorge Luis, aunque en el tema natural casi nadie me dice Jorge Luis, solo Lucas.
¿De dónde sale Lucas?
Es que Lucas es como mi nombre de montaña. Es mi nombre del bosque. Yo creo que ha de significar algo en el mundo del bosque. Lucas es una historia bien simple. Viene de mi papá. En algún momento él me dijo “mira, me puedes decir como vos querrás: papá, papi, Lucas o como a vos se te ocurra”. Pero el Lucas, yo lo escuché, él se decía con sus amigos, “ah, Lucas; hey, Lucas; ¿cómo estás, Lucas?” Entonces yo dije bueno, ellos le dicen así, yo también”. Luego nos cambiamos de barrio a una colonia y todos escuchaban que yo le decía Lucas. Entonces la gente le empezó a decir don Lucas. Entonces el hijo de don Lucas, Luquitas o Luquini.
¿Cómo llegó aquí a Amitigra?
Mira, yo le digo a la gente que la naturaleza nunca me ha soltado. Y aunque estudié turismo, que no tenía una relación tan directa con la conservación, que si lo explico desde el punto de vista de cómo podemos utilizar el turismo para conservar la naturaleza y lo que ha pasado en el mundo, realmente sí tiene mucho vínculo... Cuando yo terminé, pues justamente por un tiempo me dediqué también a dar clases, estaba dando clases en una universidad y estaba dando clases de temas relacionados a la administración de proyectos y había terminado con la maestría. Y en la fundación abrieron como unos puestos, en la fundación Amitigra, y como ven La Tigra uno de los lugares más conocidos de ella es turismo. Es esta zona ecoturística en la que estamos, la zona de senderos. Entonces cuando abrieron esa oportunidad un buen amigo me avisó que estaba abierta esta oportunidad aquí y me presenté a la entrevista algo preocupado porque creí que iban a buscar solo biólogos, pero justo la plaza era para el tema del ecoturismo del parque. Entonces, creo que caí bien y pasé bien la entrevista. La otra es porque además estaba en la ciudad, estaba en Tegus, y así yo no tenía que dejar tanto tiempo a mis hijos porque en ese momento ellos dependían únicamente de mí, estaban solo conmigo. Entonces me quedó perfecto. Fue por esfuerzo.
¿Y cuál es el sendero que más le gusta?
Yo le cuento a la gente que los lugares más bonitos del parque en realidad la gente no tiene acceso. La zona de senderos es la zona que sí todo el mundo conoce y que son senderos que no nacen para visitantes. Estos senderos eran caminos de la compañía minera. Eran caminos que utilizaban los mineros para llegar a ciertos puntos del área o incluso para cruzar desde San Juancito hasta acá a la ciudad. Entonces no estaban diseñados para encontrar los mayores atractivos. Por ejemplo, aquí La Tigra tiene muchas más cascadas. Yo creería que hay unas 10 o 12 cascadas más bonitas. Solo que están en las partes más inaccesibles del parque, donde generalmente se perdería cualquier persona, pero es que justo esos lugares no tienen infraestructura... Entonces, si hablamos de mi sendero favorito es el sendero La Esperanza para terminar en el mirador.
Perfil
- Nombre: Jorge Luis Murillo Palma
- Edad: 43 años
- Nacimiento: Distrito Central
- Estudios: Licenciado en turismo, máster en proyectos y máster en manejo de áreas protegidas
- Estado civil: Casado
- Hijos: Cuatro
¿Por qué?
Para mí ese mirador es la señal y no porque yo esté en la dirección del parque ni porque yo haya encontrado ese sitio ni pensado en ese mirador. Es una de las vistas más bonitas que hay en Honduras para mí. Es uno de los lugares en los que la naturaleza te permite apreciarla en todo su esplendor de la mejor manera.
¿Pero seguro que eso no es porque su corazoncito está aquí en La Tigra?
Puede ser que hay un sesgo que esté allí, obviamente sí, quiero mucho a La Tigra, pero no, yo creería que sí y viendo los videos y las fotos que la gente toma es que el mirador quedó perfecto donde tenía que estar y te brinda como varias experiencias, uno es el contacto, el roce, el clima cambia, la neblina te pega... otra estás en la parte como de sotavento de la montaña que es donde el viento te pega, entonces viene la neblina hacia vos, salís como bañado, incluso en este momento si fueras, aunque no hubiera lluvia, la neblina al pegar en vos hace lo mismo que en los árboles, condensa gotas y parece como que te bañaste. Luego además de eso la sensación del viento pegándote así es totalmente algo que casi no vivimos y además de eso está el paisaje.
¿Qué representa La Tigra para usted?
Podría ser experiencia.
¿Viviría en una zona como La Tigra?
Nunca lo haría. Yo sería la última persona en hacer eso, porque justamente es algo contra lo que luchamos para proteger este parque, que la gente quiera vivir en el bosque. Y no estoy diciendo que sea malo, pero lo que estoy diciendo es que en las áreas protegidas deberíamos de procurar que lo que impere, lo que esté ahí sea la naturaleza, no nosotros.
¿Eso también se lo ha inculcado a sus hijos?
Eso es lo mismo para ellos. Incluso en nuestra casa tenemos como un parchecito de bosque para arriba y ya les dije, en el testamento va a quedar que ahí tienen prohibido hacer cualquier cosa. Pueden ir a ver las plantas, pueden ir a ver los pájaros, pueden poner cámaras, pueden irse a sentar abajo de un árbol, pero hasta ahí. No pueden hacer nada más. Solo dejar crecer el bosque. En la salida al sur, que es un bosque seco y que es un lugar que estamos recuperando desde hace 20 años. Antes ahí sembraban maíz y ahora ya tenemos árboles, tenemos matorrales, tenemos una ceiba grande. Entonces, justamente es como creo que mucho del cambio viene desde la familia y desde esta percepción de que uno tiene que ser un ejemplo también. Entonces, yo no podría dedicarme a la conservación de un parque nacional si yo no conservo mi entorno, si yo no creo en lo que estoy haciendo.
¿Tuviste que pasar por muchas situaciones para comprender eso?
Sí, por supuesto. Tuve esta oportunidad de siempre estar vinculado a la naturaleza y disfrutarla, porque no solo iba a ver animales, hacía cosas bien locas con unos amigos. Nos íbamos caminando desde Tegucigalpa hasta Comayagua a pie por las montañas. Usábamos muchos mapas, éramos como medio nerd de la naturaleza. Nos preocupamos por hacer como viajes que parecieran una aventura, más teníamos con un grupo que se llamaba Los Hondunautas.
¿De dónde sale ese nombre?
¿Viste a Jason y Los Argonautas? Bueno, una vez estábamos con unos amigos y dijimos "hay que ponernos un nombre porque somos aventureros, pero algo así cool". Entonces siempre me ha gustado mucho leer y la mitología me encanta, entonces les dije “ya sé, imagínate unos que andan paseando por Honduras y recorriendo, ahí está, le digo, Los Hondunautas”. Entonces nos fuimos y hacíamos camisetas con dibujos así para cada viaje. Eso fue súper divertido.
¿Y qué ha pasado con ese grupo?
Ay, nos volvimos viejitos, pero yo sigo siendo Hondunauta. Ahora bromeo que soy el último Hondunauta. Yo no sé, a veces también creo que Dios nos quería un montón porque éramos como bastante irresponsables. Mira que para bajar unas montañas tirábamos las mochilas, se iban rodando y después nos tirábamos nosotros, bajando por donde ellas iban. Y una vez quedamos atrapados en un precipicio y después solo había un abismo.
¿Dejaría que sus hijos hicieran lo mismo?
Con tal de que no me cuenten o que me lo cuenten después, pero creo que hacer esas cosas es vivir. Y son cosas peligrosas más sanas que estar 10 horas en una tablet.
¿Qué opina de la tecnología?
Yo opino que la tecnología tiene sus partes buenas, que son súper útiles, que te permiten desarrollar un montón de cosas que si las utilizas adecuadamente, obviamente pueden generar grandes cambios. Pero yo creería que la esencia del ser humano está en vincularse con su espacio natural y creería que en ese sentido la naturaleza se vuelve un riesgo porque nos desconecta de la vida. Y algo como conservacionista que observo muy claramente es que la gente ha perdido su conexión con la naturaleza. No la entiende y por ende termina dañándose, a veces sin querer. Y luego no descubren esas emociones que solo te genera estar en contacto con un bosque.
¿Cuál es la lección que ha dejado la naturaleza en su vida?
Es que todo es bien poético en la naturaleza. Si pensás, por ejemplo, en la fuerza del agua y en lo constante que es, o si pensás en lo enorme que son los árboles y cuánto les costó llegar a ser ese árbol a pesar de haber empezado como algo pequeñito, como una semilla minúscula. O, por ejemplo, si pensás en las relaciones que hay entre todo el bosque, entre un pájaro y una semilla y cómo esa semilla crece gracias a ese pájaro, y cómo la colaboración es tan importante y cómo todo es perfecto en el bosque.
¿Tiene un árbol favorito?
Fíjate que los guanacaste me parece un árbol hermoso, esas copas grandotas, esos troncos enormes. Pero además de eso me gusta mucho su fruto que tiene esta forma como de oreja. Los jícaros son árboles que me gustan un montón, sobre todo cuando veo que están sobreviviendo también a pesar de que el animal que estaba relacionado a ellos, ya no está actualmente. Pero ellos siguen sobreviviendo. También me gustan las ceibas, los árboles gigantes, los árboles grandísimos y frondosos.
¿Y cuál es tu animal favorito?
Con mis hijos hacemos ese juego... uno de los grupos favoritos que tengo son las orquídeas, me encantan las orquídeas, y es más, trabajo mucho con orquídeas y hacía viajes solo a buscar orquídeas, a ver orquídeas, no a traerlas. Las orquídeas florean una vez al año, generalmente en épocas diferentes, entonces para verlas tenés que estar como en ese momento. Me encanta fotografiarlas, me gusta mucho la fotografía.
¿Tienes muchos tatuajes de plantas y animales?
Tengo caracoles, helechos, tengo como unas frases, I think, que es como yo pienso, que es algo que en su momento dijo Charles Darwin... tengo un perezoso. Es que cada uno de mis hijos cuando nacen yo me hago como un tatuaje de ellos. Entonces, no sé por qué Sebastián, este es el chiquito, era como dormilón, creo yo. Amanda Lucía es como un colibrí, Luis Daniel es como una tortuga marina. Eduardo todavía no he decidido qué es. Tengo aquí arriba un tigrillo, eso es aquí de La Tigra, porque justamente esa es una foto que tomó mi esposa de un tigrillo aquí. Como desde los 17 años me hago un tatuaje cada año. De cosas de la naturaleza que me gustan mucho.
¿Y los demás?
Uno de mis libros favoritos es El principito. Este es donde estaba la serpiente (muestra el brazo). Este justamente es cuando él explica esto para mí tiene como una gran lección de vida. Él vivía en el asteroide B600 y decía que todas las mañanas tenía que ir a quitar la semilla de plantas que nacían porque podrían dañar los árboles enormes que podían destruir su planeta si crecían. Entonces, aquí están los árboles y él explicaba qué pasaría si él no quitaba todas estas.
¿Y solo en los brazos tiene?
No, tengo todas las piernas. Y tengo además calcetines de tigre.
¿También hay colección de calcetines?
Siempre ha sido una cosa súper loca para mí. Tengo muchos... hoy justo antes de escoger estos, que no sabía que los iba a enseñar, solo me los puse porque traía una camisa tigrillo y dije, bueno voy a combinar.
¿Colecciona algo más?
Fíjate que no soy de coleccionar cosas, pero algunas cosas se me vuelven como numerosas porque me gustan, como libros. No los colecciono, pero me gustan, entonces siempre estoy comprando libros. Yo pensaba en algo, una es como esas cosas en la adolescencia, yo pensaba no soy como el más alto, el más guapo, sí, soy bien guapo, pero no tan guapo, pero decía, aparte de eso tengo que tener algo más, entonces dije, tengo que leer, tengo que hablarle de algo... Pero yo miraba otros que solo le hablaban cosas aburridas a las mujeres, y las mujeres querían hablar de otras cosas, las jóvenes querían otras cosas. Entonces me gustaba leer para hablarles de esas cosas y leía mucha poesía, por ejemplo. Me las aprendía también.
¿Les escribía cartitas?
Obviamente. Así las conquistaba en algún momento. Bueno, a mi esposa le hice un libro de poesías, solo que ella lo perdió y lo tengo que decir aquí para que ella se sienta mal. Pero se lo hice, solo que ella era en versión PDF.
¿Qué piensa de las personas que matan animales que están en peligro de extinción?
Uy, casi que me enojo solo de pensarlo. Una, mira, en este tema de la conservación uno lo que más tiene que hacer es intentar entender a los seres humanos. Porque la naturaleza no tiene problemas. Ella ha funcionado sola por miles de años. El problema de la naturaleza generalmente somos los humanos.
¿Qué es lo más arriesgado que ha hecho para proteger la naturaleza?Desde esta labor del parque, todos los días son arriesgados porque todos los días estoy negando cosas a la gente. Construcciones, corte de árboles, proyectos, calles, todo lo que se te ocurra, todo lo que se puede realizar en este parque tiene que pasar a través de nosotros. Y generalmente el criterio técnico es el mío y la firma técnica es la mía. Entonces, todo es no, entonces todos los días es como muy muy peligroso.
¿Alguna vez ha recibido amenazas?
De un montón de tipos y te digo de todos los estratos sociales ha habido de gente de mucho poder que me dicen: “Bueno, no sabes con quién te estás metiendo, yo soy no sé quién, yo no sé qué”... Una vez estuvimos con la gente de la fiscalía y una gente que agarró un área para una nueva área de cultivo dentro de la zona núcleo. Luego nos estaban tirando árboles, cortaron árboles para que los carros no salieran y nos tiraban piedras. Sí, gente más humilde también nos ha sacado machetes. El tema de la conservación no tiene clases ni raza ni nada, es con todo. Yo le digo a la gente, a mí me da lo mismo si uno con mucho dinero corta un árbol, si un pobre lo corta, es que es el árbol muerto. Para mí no es el tema si hay una diferencia entre quién lo hace y quién no lo hace, es que la naturaleza es lo que busco conservar.
¿Y alguna vez le han ofrecido dinero?
Alguna vez solo me dijeron: "Dame tu precio, dame tu precio para dejarme seguir haciendo esto, ahorita todos tienen un precio” y le dije "No, yo no. Mi precio es cuidar la naturaleza y ya está. No me importa el dinero”.
¿Cuál es el legado que está dejando en este momento?
Yo creería que uno de los primeros legados a nivel personal son mis hijos. Creo contundentemente que dejar mejores personas y más conscientes con la naturaleza es vital. Dos, aquí en el parque, este lugar donde estamos, este museo es uno de los legados, es algo que no existía en el parque, el mirador también es una de las cosas que me siento orgulloso de dejar aquí. Este mirador fue uno de los sueños que tuve por muchos años y costó conseguirlo. Luego otro legado justamente es este deseo de conservar profundamente y de ser combativo por la conservación de este lugar. No ser tan tibio como en algún momento fueron otros que estuvieron en esta posición, sino que en realidad enfrentar las circunstancias difíciles y decir, vamos a conservar este lugar. Y Pues a nivel nacional, pues espero aportar en todos los espacios que se puedan sobre la conservación, sobre el manejo de áreas protegidas, sobre la biodiversidad. Todavía creo que me falta poder publicar algunos estudios científicos que tengo por ahí preparando y algunas herramientas que puedan ayudar a otros a gestionar áreas protegidas de mejor manera. Y algunas cosas ya hice porque fíjate que descubrí una nueva especie para Honduras y para el mundo.
¿Qué especie?
Es una salamandra que encontramos junto a una buena amiga, que es la bióloga que se perdió en Celaque. La encontramos en un lugar que se llama La Picucha y justo la salamandra se llama Nototriton picucha.
¿Y cuál es ese mensaje que le dejaría a las personas que van a ver esta entrevista?
Tenemos que ser mejores entre todos y buscar ayudarnos. Creo que le falta mucho esto a nuestra sociedad. No ser tan peleones por todo. Que vos lo podés ver en las calles todo el día. Y sobre todo aquí en la ciudad se ve más. Yo comparo esto mucho en mis dos momentos de vida. Yo paso mucho tiempo en el área rural y mucho tiempo en la ciudad. En la ciudad la gente es más agresiva, es como más egoísta, es menos considerada. Y en el área la gente es como más buena, te comparten, te dan agua, te invitan a comer. En la casa más humilde te invitan a entrar. Tenemos que volver a ser así, ser mejores vecinos. Yo recuerdo conocer a todos mis vecinos de la colonia y poder ir a sus casas. Es más bonito.