Blanca Izaguirre: “Desde pequeña he sido muy sociable, una herencia de mi padre”

Es titular del Conadeh. Estuvo dos meses en Corea del Sur, donde tuvo un choque cultural porque ella es “relajera”. Contó que para avanzar profesionalmente ha tenido que sacrificar tiempo con su hijo, pero trata de ser una madre cool

  • Actualizado: 26 de octubre de 2026 a las 15:26
Blanca Izaguirre: “Desde pequeña he sido muy sociable, una herencia de mi padre”

Tegucigalpa, Honduras.- “Nacer y morirme, pasar sin pena ni gloria es uno de mis mayores miedos en la vida”. Con esa frase, Blanca Izaguirre, comisionada del Conadeh, resumió su deseo de dejar una huella en el mundo.

Cuando el equipo de EL HERALDO llegó a su oficina en el Comisionado Nacional de Derechos Humanos estaba sentada en una silla. Detrás de ella había cuadros pintorescos y adornos coloridos. Lucía sonriente y con vestimenta impecable, como si estuviera lista para una entrevista en la que hablaría más allá de su trabajo, sino de su vida y aquellas historias que pocos conocen.

Fue así que, entre risas y anécdotas, contó que desde los 16 años, cuando comenzó a estudiar Derecho, construyó una historia de decisiones, aprendizajes y desafíos, sin dejar de lado a la mujer espontánea, familiar y “parranderísima” que se esconde detrás de su faceta profesional.

Nacida y criada en Tegucigalpa, donde, según dijo, tuvo una infancia feliz y consentida, rodeada de sus 12 hermanos, primos y las enseñanzas de sus padres. Consentida de su padre, el periodista Danilo Izaguirre. Fue una niña inquieta, curiosa y siempre dispuesta a encontrar algo que hacer, incluso cuando sus ocurrencias terminaban en regaños.

Las fiestas, los cumpleaños y las reuniones con amigos ocupan un lugar especial entre los recuerdos de su juventud. Sobre todo cuando se convirtió en madre a los 24 años. Desde entonces ha tenido que sacrificar tiempo con su hijo para destacar profesionalmente.

En la imagen aparece Blanca Izaguirre de niña junto a su hermana mayor. Eran tres hermanos del matrimonio de su papá y mamá.

Izaguirre contó cómo tras asumir la titularidad del Conadeh se puso en duda su capacidad para ocupar el cargo, hasta el punto de que el Congreso Nacional dedicó una sesión entera para discutir si era abogada, porque no estaba colegiada.

Estas experiencias, según resaltó, la hicieron llorar en su despacho, pero también la llevaron a reafirmar su decisión de demostrar con su trabajo que podía desempeñar la responsabilidad que le habían confiado. Estas fueron sus declaraciones.

¿Quién es Blanca Izaguirre?
Blanca Izaguirre es una hija, mamá, amiga, hermana, esposa, tía que siempre procura el bienestar de la gente que le quiere. Son mi sistema de apoyo, mi familia. Mis mejores amigos con los que he tenido la oportunidad de criarme, crecer y vernos lograr muchas metas desde que tenemos 4 años, seguimos siendo amigos al día de hoy, 25 años después de habernos graduado del colegio. Una persona entregada, que cuando quiere, quiere de verdad, honesta, franca, muchas veces eso no es muy bien recibido. Creo que soy madura en muchos aspectos de mi vida, no necesariamente en todo, pero trato de siempre actuar con madurez, con sabiduría, obviamente, pidiéndole guía a Dios.

Blanca Izaguirre (al centro y costado izquierdo de la joven de camiseta lila) junto a sus compañeros de la Elvel School.

¿Dónde nació?
En Tegucigalpa, en el Seguro Social, el 13 de octubre de 1984.

¿Y también creció en Tegucigalpa?
Toda mi vida he vivido en Tegucigalpa. Nunca he estado viviendo fuera, a excepción de cuando estudié una especialización en Corea del Sur, pero de ahí siempre en Tegucigalpa.

¿Cómo fue su infancia? ¿Qué recuerdos atesora?
Yo fui una niña feliz, consentidísima, la única niña de tres hermanos del matrimonio de mis papás. Mi papá (Danilo Izaguirre), antes de casarse con mi mamá, tenía 10 hijos. Entonces, tuve una infancia rodeada de mis hermanos, mis primos y la familia de mi papá y mamá.

¿Qué recuerdos atesora?
Yo me acuerdo que mis papás los domingos se esforzaban, nos llevaban al Zamorano, al parque, siempre estaban inventando qué hacer. Yo no sé cómo no se quedaban sin energía. Mis papás siempre bien trabajadores y, cuando crecí un poco más, mis vacaciones eran ir a Disney, a los Estados Unidos. Tuve esas oportunidades. Tuve una infancia feliz, consentida. Yo siempre le digo a mi papá que soy su consentida todavía; él no lo niega, no lo acepta, pero no lo niega. Con mi mamá, una relación muy bonita también. Yo siempre tuve la confianza con ella y decirle: “Mira ese muchacho qué guapo, mira ese niño me gusta”. Creo que crecí en una familia bien humilde, humilde en el sentido del trato a las personas. Siempre nos enseñaron mis papás: “Usted siempre sea humilde, la gente arrogante no es bienvenida en ningún lado, la gente prepotente, la gente malcriada”. Eso se ha quedado conmigo hasta el día de hoy y creo que eso me ha abierto muchas puertas a mí en la vida.

¿Y qué hay de sus hermanos ahora?
Mi papá siempre nos inculcó eso de “ustedes son hermanos todos, independientemente de quién sea su mamá”. De hecho, él procuraba que los sábados o los domingos fuéramos de casa en casa recogiendo a mis hermanos. Actualmente, procuro organizarnos para el Día del Padre, el Día de la Madre y los cumpleaños. Para el 31 de diciembre, que es el cumpleaños de mi papá, siempre tratamos de reunirnos. Yo siempre soy la que trata de organizar, y mis hermanos me dicen: “Nosotros valoramos mucho eso porque es como ese pegamento que necesitamos”. Todos trabajamos y pasamos muy ocupados, pero siempre buscamos ese espacio para compartir como hermanos y con mi papá. Eso es algo que valoro y atesoro mucho, poder tener a mis hermanos.

Izaguirre (Camisa blanca de rayas) obtuvo un cargo en la Alianza Global de las Instituciones Nacionales de Derechos Humanos (GANHRI) por un periodo de tres años.

En su juventud, ¿qué planes disfrutaba con sus amigos?
Yo tengo, no sé si es un problema, una cualidad o un defecto, pero he sido paranderísima, desde pequeña he sido bien sociable. Mi manera de socializar era en reuniones, cumpleaños y fiestas. Mis planes de joven siempre eran salir; yo hacía fiestas en mi casa y mis papás, con las precauciones debidas, me dejaban tener reuniones en mi cumpleaños, donde iban mis hermanos y mis amigos de la escuela. También desde los 4 hasta los 15 años hice natación, iba al gimnasio, pinté y estuve en clases de dibujo. Me ponían en mil cosas porque creo que era demasiado hiperactiva. Le ayudaba a mi mamá en el salón y aprendí a hacer uñas acrílicas. Entonces, siempre tenía cosas que hacer, siempre bien activa. Mi mamá me decía que me daba alergia estar en la casa. Creo que todavía me da un poco de alergia, pero sí, mis planes siempre eran una fiesta, un cumple, siempre había algo que hacer.

¿Recuerda alguna anécdota de alguna travesura que haya hecho en aquellos entonces?
Sí, yo era terrible, la verdad. Mi mamá tenía un salón de belleza y yo trataba de estar atenta a las pláticas de las señoras porque, obviamente, contaban unas historias espectaculares. Una clienta, que además era buena amiga de mi mamá, llegó un día bien triste, llorando porque tenía una situación con su marido. Yo tenía como 13 años y estaba arreglando los rulos, pero atenta a la conversación. Cuando ella se fue, me quedé con eso en la cabeza. Al día siguiente, busqué en la agenda de mi mamá el número de la señora y la llamé: “Fulanita, cuénteme cómo sigue, la vi bien triste ayer por lo de su marido”. Ella me dijo: “Espérame, gordita, ya te devuelvo la llamada”. Colgó y, en el acto, llamó a mi mamá. Ya se imaginan, me fue de feria. Como a las dos semanas volvió; venía bien triste, por cierto. Mi mamá dijo: “Quiten el CD de José José, que ahí viene Fulanita”, porque esa era la música que ella escuchaba y con la que se ponía a llorar. Yo estaba sentada en una silla junto a la ventana, desde donde podía ver quién venía hacia el salón de mi mamá. Quitaron el CD de José José y lo guardaron por allá. Yo me fijé dónde lo pusieron y, cuando vi que ella venía bajando y ya le íbamos a abrir el portón, puse la canción de José José que a ella la hacía llorar. Esa mujer no pudo ni subir las gradas porque comenzó a llorar. Recuerdo que esa vez mi mamá me castigó.

Usted me comentaba extra-cámaras que es mamá, ¿Cuántos años tiene su hijo?
18 años.

¿Está entrando en la edad de querer ir a la parranda, como dice usted?
Pero no se parece en nada a la mamá, es una bendición. Mi papá me dice: "Dale gracias a Dios que no se aparece a vos en eso". Él tiene su novia y su salida es ir a comer con ella, al cine, a la potra con sus amigos. Él ha tenido la libertad en el sentido de que yo soy una mamá cool. Es más, yo le he dicho “hijo si algún día querés conocer algún lugar, yo te llevo”, tenemos una bonita relación, nos llevamos súper bien, pues solo le llevo 24 años.

En diálogo con EL HERALDO contó sobre su trayectoria profesional y las experiencias que han marcado su vida.

¿Qué valores inculcaron sus papás en usted que la han ayudado a convertirse en la mujer que es hoy en día y que también le han ayudado como mamá?
Los principios cristianos que nos inculcaron creo que son los más importantes. De mi mamá le puedo decir que la valentía, el agallaje, a pesar de que mi papá tiene un carácter más fuerte, mi mamá no grita, no dice malas palabras, no se altera, pero cuando toma una decisión ahí no hay vuelta atrás. De ambos, el trabajar, la humildad, a tratar con respeto a la gente, la honradez, que es algo fundamental.

¿En qué momento usted decide estudiar derecho y cómo fue que decidió involucrarse en los derechos humanos?
Siempre supe que iba a estudiar derecho. Desde noveno grado lo tuve claro y cuando entré a la universidad a los 16 años comencé mi carrera. Mi trayectoria profesional empezó en el Poder Judicial, donde trabajé en la Corte de Apelaciones de lo Contencioso Administrativo, la Corte Primera de Apelaciones y la Sala de lo Laboral-Contencioso Administrativo. En 2010, tras hablar con la exprimera dama, me ofrecieron una oportunidad en la Secretaría de Gobernación como oficial de derechos humanos, asignada al despacho para darle seguimiento a las sentencias de la Corte Interamericana. Aunque al principio tenía conocimientos básicos sobre el tema, me tocó involucrarme. Posteriormente, ingresé a la Secretaría de Derechos Humanos, donde fui oficial de compromisos internacionales y luego directora general de Políticas Públicas durante seis años. Esa etapa me permitió especializarme en diferentes países, como Corea del Sur, donde estudié el desarrollo de políticas públicas en derechos humanos, y también en Polonia y Serbia, en temas relacionados con el Holocausto, las atrocidades masivas y el genocidio. En 2018, fui juramentada como comisionada del Mecanismo Nacional de Prevención contra la Tortura, cargo que desempeñé hasta 2020, cuando me postulé para ser Comisionada Nacional de Derechos Humanos. Esa es un poco de mi trayectoria.

Blanca Izaguirre durante un conversatorio sobre el intercambio de experiencias en el monitoreo de los derechos humanos en contextos de movilidad humana.

¿Cómo fue la experiencia de estudiar en Corea del Sur?
Fue una experiencia muy buena, de mucho aprendizaje. El programa de desarrollo de políticas públicas con enfoque en derechos humanos duró casi dos meses y se impartía en inglés. No había gente de Latinoamérica, más que dos hondureñas. Los demás participantes eran de países de África, Europa y Asia. La experiencia fue muy buena, pero también un choque cultural terrible, porque ellos son muy conservadores y yo soy relajera. También fue complicado el tema de la comida, pero aprendí muchísimo. Además, tuvimos la oportunidad de conocer otras ciudades, compartir con familias coreanas y conocer una realidad completamente diferente a la nuestra. Extrañé mucho a mi hijo, pero fue un aprendizaje importante que me permitió regresar a Honduras y poner en práctica lo aprendido.

¿En qué año fue?
2014.

¿Cómo fue dejar a su hijo aquí?
No creo que sea mala mamá, lo que pasa es que, cuando mi hijo nació, yo acababa de graduarme e inmediatamente comencé una maestría, o sea, a mi hijo lo dejé a los 10 meses en el daycare y siempre he estado viajando por trabajo. No es fácil, pero creo que se me hizo un poco más fácil que para otras mamás que están todo el tiempo con sus hijos, obviamente yo me fui muerta y me acuerdo de que iba llorando todo el vuelo. Yo siempre le he dicho que todo lo que hago, los sacrificios, trabajar más y viajar, lo hago porque quiero darle las mejores oportunidades y que tenga el ejemplo de una mamá que trabaja, que se sienta orgulloso de mí. Él me dice que se siente súper orgulloso y sabe que cada esfuerzo que hago tiene como motivo darle lo mejor. Siempre traté de inculcarle eso para que él no sintiera que me voy porque no lo quiero o porque lo abandono. Creo que él es mi fan número uno. No es fácil, pero me ha tocado.

Cuando usted asumió como titular del Conadeh hubo varias críticas, comentarios y cuestionamientos, ¿cómo hizo usted para que eso no afectara su vida personal?
Desafortunadamente, el Estado de Honduras no tiene un proceso definido para la selección del Comisionado Nacional de Derechos Humanos; cuando me nombraron, empezaron los cuestionamientos sobre mi capacidad para ser titular de la institución. Luego surge el cambio de gobierno y comenzaron los ataques y las campañas de desprestigio. En ese momento, el Congreso Nacional se tomó el tiempo de dedicar una sesión solo a discutir si era abogada o no, porque no estaba colegiada. Mi papá quería defenderme, pero le dije: “Usted me ha enseñado a mí a defenderme sola, déjeme”. Yo llegué a llorar en mi despacho, pero me dije: “A mí no me van a ver llorar nunca”. Creo que eso me permitió desempeñar el trabajo con compromiso y legitimar mi cargo con el trabajo que he hecho a lo largo de ese tiempo.

Se convirtió en madre a los 24 años, desde entonces, el amor por su hijo la ha impulsado a hacer grandes sacrificios para brindarle una buena calidad de vida.

¿Cómo aprendió a gestionar emocionalmente las historias más fuertes que conoció?
Con el tiempo no es que he perdido la empatía, sino que he entendido que tengo que separar lo mío, porque yo también tengo mis situaciones y mis problemas. He procurado visitar al psicólogo de vez en cuando, hacer algún tipo de terapia. También hemos implementado iniciativas de bienestar institucional, porque al final somos personas y uno no puede ser indiferente ni dejar de ser empático ante las situaciones que escucha.

Como defensora de derechos humanos ¿alguna vez sus derechos se han visto vulnerados?
Yo nunca me había sentido tan vulnerable como cuando esos ataques aquí. Desafortunadamente, las mujeres estamos sometidas a un escrutinio mucho más profundo que los hombres. Aquí se dieron situaciones que nunca se habían dado con ningún comisionado. Soy la primera mujer en estar aquí, soy mucho más joven que las personas que me antecedieron, pero le aseguro que a ninguno de ellos le ha pasado lo que me pasó a mí. El cuestionamiento desde los grados académicos, por qué llegó ahí, porque es la hija de quién, porque se acuesta con quién, porque es amante de quién, pero no porque tengo capacidad, no porque soy inteligente, no porque puedo ser la titular, no porque tengo la capacidad de gestionar una institución pública. Eso no pasa nunca con los hombres. Con las mujeres sí. Ya cuando no pueden con la función, trascienden a la parte personal: que si está soltera, que si está casada, que si tiene novio, que si tiene amante, que si tiene hijos, que si no tiene hijos, que si ve al papá, que si no lo ve, que si es buena hermana, que si no. A eso estamos expuestas las mujeres.

¿Ha recibido algún tipo de presión o amenaza?
Justo para la Junta Nominadora a mí me andaban persiguiendo para ver con quién me reunía, con quién comía, si salía o no. Me amenazaban incluso con mi hijo. A mí diputados de frente me dijeron: “Te damos hasta junio y si no te vamos a sacar”, y le dije: “¿Vos y cuántos diputados más?”. Además de que me dejaron de invitar a muchas cosas, yo dejé de asistir porque el comisionado era inexistente. Yo les decía “no es a mí a quien están perjudicando, es a la figura, es al cargo”. He tratado de recuperar el reconocimiento de la institucionalidad de la figura. Eso ha sido un reto importante.

Posando junto a su familia. Izaguirre tiene 12 hermanos con los que se crió desde niña.

Desde su experiencia, ¿cuál es la principal deuda que tiene Honduras en materia de derechos humanos?
Yo creo que el problema de Honduras es la falta de cumplimiento de las obligaciones que adquiere al ratificar convenios y convenciones internacionales. Esa falta de cumplimiento ha traído múltiples vulneraciones a los derechos humanos. Además, el Estado está en deuda con muchas sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que no se han cumplido. En Honduras todavía somos muy conservadores con muchos temas, como los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, el acceso a la PAE y los derechos de las personas LGBTI. Es bonito decir que Honduras ratificó convenciones, como la CEDAW (Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer) para eliminar la discriminación contra la mujer, pero hay temas que no queremos tocar y ahí es donde caemos en el incumplimiento. Además, está la deuda histórica del Estado con la ciudadanía en garantizar derechos a la salud, educación y vivienda.

¿Cómo Honduras debería abordar ese debate de los derechos reproductivos de la mujer?
Mientras tengamos legisladores que no entiendan, porque es un tema bien delicado. No se trata solo del aborto, sino de entender que si yo tengo relaciones sexuales antes de casarme y no quiero salir embarazada, tengo derecho a elegir qué método de planificación utilizo. Así como si no quiero planificar, también tengo derecho a decir, no quiero planificar. Creo que no tienen el concepto claro de qué implican los derechos sexuales y reproductivos, porque va mucho más allá, hasta el derecho a la salud que tiene la mujer. Hay miles de mujeres que quieren tener a su bebé, pero no llegaron a término con su embarazo, y saliendo de ahí las quieren llevar presas porque ya dijeron que abortó. Entonces, hay que entender el concepto; no se trata ni de fomentarlo ni de legalizarlo, sino de entender el contexto que mucha gente no entiende.

Si pudiera elegir otro país para vivir y comenzar una nueva etapa en su vida, ¿qué país elegiría y por qué?
Desde que conocí República Dominicana en el 2010 siempre dije: “Cuando yo me vaya a jubilar, me voy a jubilar en República Dominicana”. Me encanta ese país, me encanta su cultura, la gente. El país es un paraíso, es lindo. Creo que se han desarrollado mucho y Honduras ha replicado muy buenas prácticas de República Dominicana. Ese sería mi país, porque su cultura me atrapó desde el día uno.

Si mañana desaparecieran todos sus títulos, cargos, reconocimientos, ¿cómo le gustaría que recordaran a Blanca Izaguirre?
Como una persona que ha sido servicial, que ha sido amiga de sus amigos, que ha estado cuando tiene que estar. Mi papá un día me preguntó: “¿Hija cuál es tu mayor temor en la vida?”, y le dije: “Nacer y morirme, pasar sin pena ni gloria por esta vida”. Creo que es uno de mis mayores miedos en la vida. Quisiera que me recuerden por ser esa persona que siempre ha estado para sus amigos, para su familia, para la gente que quiere, muchas veces incluso poniendo a ellos antes que a mí. Siempre estoy viendo por los demás primero, entonces quisiera que fuera por eso que me recordaran.

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