DPI. “Usted cree, don Ramiro, que la Policía es tonta, ¿verdad?” El oficial veía a don Ramiro serenamente, mientras él se esforzaba por recordar.
“Este cuchillo es suyo, ¿no es cierto?” -siguió diciendo el policía.“Sí -dijo don Ramiro-, es mío. Lo tengo desde hace cuarenta años, cuando me lo regaló mi papá el día que cumplí diez. Pero, desde hacía mucho tiempo que no lo veía... Hasta ayer, cuando ustedes lo encontraron...”
“Manchado con la sangre de su esposa -agregó el oficial-; su esposa, que fue encontrada muerta un día entero después de haber desaparecido... Muerta, asesinada de diez cuchilladas, y abandonada en un charco de sangre en una hondonada, cerca de la quebrada que pasa por su hacienda, y bajo unos árboles antiguos”.“Sí, señor, así es... Así encontraron a mi esposa... Muerta”.
“Y el cuchillo con el que la mataron -murmuró el agente-, este cuchillo que es suyo, de su propiedad desde hace cuarenta años, estaba tirado al lado derecho del cuerpo, que se desangró, según el forense, por más de media hora de horrible agonía”.“Así me dijeron, señor... Pero, le aseguro que yo no maté a mi esposa... No la maté”.El policía se movió en su asiento con paciencia, esperando, mientras el abogado defensor de don Ramiro estaba atento, cruzando miradas frías, de vez en cuando, con el fiscal del Ministerio Público.
“¿Puede decirnos qué hacía su esposa en aquel sitio?” -preguntó el oficial.“No lo sé, señor -respondió don Ramiro-. Y me extraña mucho que haya estado en ese lugar. Es una zona casi virgen de la hacienda, que mi papá cuidaba mucho por los árboles de madera de color que hay allí desde hace siglos, y que yo cuido también para herencia de mis hijos. Además, la quebrada es limpia y siempre tiene agua, hasta que cae en el Guayape...”
El fiscal intervino: “Sabemos que antier en la noche, usted bebió bastante licor, ¿no es verdad?”
“Sí. Era viernes y me divertía un poco, pero se me pasó la mano”.“Usted dice -continuó el fiscal-, que cuando regresó a su casa, su esposa no estaba en su cuarto, que se acostó porque creyó que andaba haciendo algo en la casa, y que se durmió”.
“Así es...”
Don Ramiro hablaba despacio. Su cara pálida estaba triste, temblaba de vez en cuando, y su voz subía y bajaba de tono. El fiscal añadió, después de revisar lo que don Ramiro había declarado: “Usted recuerda que llegó a su casa, a su cuarto y a su cama, y que su esposa no estaba allí, pero no se acuerda del momento en que la obligó a ir con usted hasta el lugar donde la mató”.
“¡Yo no la maté!”
“Está usted intimidando a mi cliente -dijo el abogado defensor-, y está violando el principio de inocencia que lo asiste y es su derecho... Tomaremos eso en cuenta...”
El fiscal se disculpó.
“El cuchillo es propiedad de don Ramiro -dijo, después de una pausa-, él admite que es el dueño...”
El abogado defensor lo interrumpió: “Y dice que tenía mucho tiempo de no verlo; está seguro de que el cuchillo estaba donde lo ha guardado siempre, o sea, entre los recuerdos que tiene de su padre. Además, no hay testigos de que mi cliente peleara con su esposa esa noche, que saliera con ella de la casa, y sí hay testigos de que estuvo hasta las once de la noche en la cantina, con varios amigos, que llegó a su casa en su propio vehículo, y uno de sus trabajadores asegura que lo saludó cuando lo vio llegar a esa hora”.
“Todo eso está bien, y ya lo sabemos -replicó el fiscal-, pero en opinión del forense, la víctima murió entre la media noche y la una de la mañana... Fue encontrada a las cuatro de la tarde; y el cuchillo asesino estaba a su lado. El forense contó diez heridas profundas en el pecho, en el abdomen y en la cara, y varias heridas menores en las manos y los brazos, señal de que la señora quiso defenderse de su atacante... Y el hecho de que el cuerpo estuviera desnudo...”
“Demuestra que la señora estaba allí por su propia voluntad -exclamó el defensor-, que se desnudó por sí misma y que tuvo intimidad con alguien, que no es mi cliente”.Don Ramiro soltó un gemido de dolor y la tristeza se hizo más profunda en su rostro cada vez más blanco.
“¿Acusa usted a la víctima de haber estado allí con un amante? -rio el fiscal-. ¿No fue desnudada a la fuerza por su asesino?”“¿Vio usted la ropa de la víctima, señor fiscal?”
“La vi”.
“¿Está rota, rasgada o destruida en alguna parte?”
“No. Pero, eso no demuestra que no haya sido obligada a desnudarse, bajo amenazas de muerte”.
“¿Qué distancia hay desde la casa principal de la hacienda hasta la escena del crimen?”
El fiscal respondió, con acento molesto:“Usted debe saberlo, tiene en sus manos copia de todo...”“Doscientos cincuenta y un metros por un camino real con grava y arena, bordeado de arbustos y árboles, y por el que está prohibido caminar a casi todo el personal de la hacienda para preservarlo y protegerlo... ¿Encontraron huellas? No. Solamente el cuerpo, la ropa y el cuchillo; un cuchillo que mi cliente guardaba como recuerdo de su padre y que no tocaba desde hacía mucho tiempo... ¿No cree, abogado, que alguien que sabía de la existencia del cuchillo y del lugar donde estaba guardado, lo tomó?”El fiscal sonrió en tono de burla.
“Y, con el cuchillo, se fue con la esposa del señor hasta el lugar donde la mataría”.“Creo que omite un detalle”.
“¿Cuál es?
“Que, en opinión del forense del Ministerio Público, la señora tuvo relaciones íntimas con alguien en aquel lugar, y, en mi opinión, no era la primera vez. Lea bien esto detallado por el forense”.
El abogado defensor señaló el inicio de un párrafo largo, en la mitad de una página.“Ya lo leí” -dijo el fiscal.
“El juez también lo leerá... El forense encontró en la autopsia o necropsia rastros de lubricante de silicona en la vagina de la víctima. Inspecciones Oculares de la DPI no encontró algún preservativo usado cerca ni alrededor de la escena, ni entre las piedras de la quebrada, que fue revisada casi trescientos metros hacia abajo”.El defensor hizo una pausa.
“Dígame -agregó-, ¿por qué el propio esposo usaría un preservativo para tener intimidad con su esposa de hace treinta años, y por qué la llevaría hasta allí para tener intimidad con ella? Además, debemos recordar las declaraciones del testigo que vio a don Ramiro regresar a su casa poco después de las once de la noche y dijo: ‘Casi no se podía parar, creí que se iba a caer de lo borracho que venía’. Además, nadie, ni la servidumbre, declara que vio salir a doña Telma esa noche, y la última vez que alguien la vio fue después de la cena; comió poco y se fue a su cuarto a eso de las siete y minutos de la noche... Y el testigo que vio a don Ramiro asegura que no había luces encendidas en el interior de la casa, que solo estaban encendidas las del corredor”.“No sé lo que pasó -dijo don Ramiro-, no sé... Cuando llegué ella no estaba en el cuarto, como todas las noches, teníamos treinta años de casados y treinta y dos de estar juntos; la conocí cuando cumplió lo quince. Tuvimos cinco hijos: tres varones y dos muchachas, y aunque teníamos desacuerdos, nunca fui malo con ella. Nunca... y eso se puede confirmar”.
El abogado defensor hizo una señal y don Ramiro guardó silencio.“No se acuerda de nada -dijo el fiscal-, o finge no recordar... Es normal...”“¿Por qué iba yo a matar a mi esposa? -dijo el acusado.“Pues, esa es una respuesta sencilla -contestó el fiscal-. Porque sabía que lo engañaba con otro hombre”.
“¿Y por qué llevarla hasta ese lugar, tener intimidad con ella usando preservativo y después quitarle la vida?”
El fiscal exclamó con tono triunfal:“Pues, para tener una coartada. Ella era su mujer y no se iba a negar a tener intimidad con él, aunque, tal vez, le extrañó la fantasía del esposo de ir hasta allí para tenerla, y el preservativo, que debió extrañarle a la esposa, fue para no dejar evidencias seminales en ella”.
“¿Y por qué dejó el cuchillo a un lado del cuerpo?” -preguntó el defensor.“Lo olvidó”.
¿Qué había sucedido realmente en este caso? ¿Por qué la víctima estaba en aquel lugar? ¿Por qué estaba allí aquel cuchillo tan especial? ¿Por qué no recordaba nada don Ramiro, a pesar de que sí estaba seguro de que su esposa no estaba en su cama esa noche, cuando él regresó a su casa después de haber bebido de más? ¿Qué misterio hay detrás de todo esto?
CONTINUARÁ LA PRÓXIMA SEMANA