Una madre desolada

"Terrible testimonio de los familiares de un guerrero, como en todas las conflagraciones bélicas, de las antiguas a las presentes, donde quienes sufren más son los parientes"

  • Actualizado: 06 de abril de 2026 a las 00:00

El estudio de la historia provee constantes sorpresas: que Juan Lindo nació en León y no en Honduras; que Dionisio de Herrera dedicó los últimos y póstumos cinco pesos de su cartera para la educación nacional; que el filibustero Wiliam Walker se arrepintió, a punto de ser fusilado, del daño hecho a Centroamérica, y ahora: que la madre de Francisco Morazán, doña Guadalupe debiera a los 78 declararse indigente y acudiera a la autoridad más cercana para rogar ayuda en su vejez. Es en la Revista del Archivo y Biblioteca Nacionales donde aparece (respetando la grafía original) la siguiente acta probablemente levantada por un Juez de Letras, a saber: “Sello 3° - Vale 2 rs. - Habilitado en Honduras para los años de 1839 y 1840. S.P.E. Guadalupe Quesada de este vecindario legítima madre de Francisco Morazán, ante Vos, con todo respeto comparezco diciendo: q. desde que mi expresado hijo se separó de esta Ciudad para ir a Serbir destinos públicos en Guatemala y El Salvador he estado atenida a una escasa renta con q. aquel me asistía para mi mantenimiento y el de mi familia: desde que comenzó la guerra contra el Estado, se me suspendió aquella administración, y he quedado sin recurso alguno para subsistir: tengo setenta y ocho años de edad q. me impide trabajar para mi mantenimiento: no poseo bienes algunos porque los pocos con que contaba, fueron concluidos antes del fallecimiento de mi marido: no tengo yo ni mi familia un menor participio en los negocios públicos y todo el vecindario de Tegucigalpa, sin excepción de una sola persona, puede ser testigo de mi conducta silenciosa y neutral con que he logrado el aprecio de todos en medio de la efervescencia en los partidos; pues aun he ignorado el estado de las cosas.

En esta virtud, y en la que de mi citado hijo ha emigrado y posee algunos bienes de que justamente dispone el Gbno. para los gastos de la guerra, he creído conveniente ocurrir a la bondad del mismo, a fin de que se sirva mandarme subministrar en ganados o en dinero la suma que juzgue conveniente para subvenir a mis crecidas diligencias, y en tal concepto.

A U. Sr. rendidamente suplico os sirváis oír mi manifestación nacida de la necesidad que padezco, decretando lo que sea de justicia. Juro no ser de malicia y en lo necesario &a.

A ruego de la representante. (f) MNL. MORAZÁN. Gobierno Supremo del Estado.

Tegucigalpa Abril beinte y dos de mil ochocientos quarenta. Resérvese este asunto para resolverlo con el consejo de Ministros en la Capital del Estado”.

Terrible testimonio de los familiares de un guerrero, como en todas las conflagraciones bélicas, de las antiguas a las presentes, donde quienes sufren más son los parientes. Hace un mes exacto -el 19 de marzo de 1840- Morazán fue derrotado en Guatemala y ha salido al imprevisible exilio. El desamparo es total, al grado que doña Guadalupe se ve obligada a alegar absoluta ignorancia política, no participatoria e incluso no entender de tales asuntos de Estado (“mi conducta silenciosa y neutral”). Sabe que la reacción conservadora es implacable, que carece de piedad y que el sujeto opuesto debe humillarse para sobrevivir o muere.

Nada nuevo, anécdota frecuentísima en la humanidad desde antiguos imperios, uno de los cuales, el romano, renace en el orbe moderno.

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