A pesar de los millones de palabras de auspicio vertidas por los filósofos, y de los mares de libros en torno a la esperanza (...) luce como que la humanidad tiene prohibida la paz”
"Bien sentenciaba Guillén Zelaya: ‘Necesitamos vivir en pie de lucha, sin desfallecimientos ni cobardías. Es nuestro deber y la mayor gloria del hombre’"