El Merendón es frontera y pulmón para Valle de Sula. Se expande entre los departamentos Zacapa e Izabal de Guatemala, y Santa Bárbara y Cortés de Honduras, mojando sus faldas los ríos Lempa y Motagua. Es depósito ecológico fabulario, de abundante flora y fauna e incluso una variedad prehistórica de árbol alto de café, de tiempos de dinosaurios, y en cuyo seno yace el Parque Nacional Cusuco, creado para evitar se deprede una área de 25,000 hectáreas de bosque nuboso cuyo núcleo se ubica a relativamente 2000 msnm (SPS está a 60 msnm y de allí su tibia temperatura). Biodiversidad, microclimas, bosques, aves, plantas, abejas, minerales desconocidos. Maravilla.
El bloque de prensa sampedrano (Víctor M. Rodríguez, Martín Baide Galindo, Pedro Escoto L., otros) despertó desde 1962 el concepto de que sin Merendón no hay agua ya que su derrame de lluvias alimenta cinco acuíferos (subterráneos) del valle, siendo los de Chamelecón y Suncery tan amplios que aseguran 90 años de líquido, según los españoles que hacia 1968 realizaron un estudio y cuyo documento explicatorio desapareció, como igual el del ferrocarril, que podría estar funcionando a todo vapor si malévolos políticos no hubieran impuesto sus intereses pecuniarios...
La cordillera es además templo histórico pues por 1917 un regidor, entonces alcalde interino, Antonio Bográn Morejón, culto y de prominente familia, advirtió que la comuna carecería de agua en 50 años si la municipalidad no compraba otro pedazo del largo monte (sector La Protección), tras cuya sabia decisión los acuíferos prosiguieron dejando correr sus acumulaciones de H20 (son móviles, no estacionarios) salvando de catástrofe a la urbe.
Tiene vestigios indígenas sepultos en Rancho El Coco, minas con mármol de suma calidad en Quimistán, oro en Minas, ríos poderosos y creativos como Ulúa, Chamelecón y su vinculación ecológica con Manchaguala, Cofradía, Naco, Ticamaya, Jucutuma, Santiago Cicumba, Pimienta, Choloma, Baracoa... Un delicado y a su vez fuerte ecosistema incapaz de competir, empero, con la maldad del hombre.
Lo grave --advierte René A. Soto- es que hoy enfrenta su peor amenaza al pretender el gobierno, con amparo en el previo y vía ICF, modificar su categoría oficial de conservación categorizando a la cordillera como parque en vez de reserva, lo que podría permitir avances modernos dañinos al estilo de construcciones con redes de distribución de energía y cables telefónicos y de internet, cloacas, pavimentos, industrias, ganadería y agricultura, químicos, asentamientos humanos complejos, explotación minera y urbanística, lo que conduciría a la destrucción ecológica de la maravilla ambiental.
Nada inocente. Administran el proyecto viles mercaderes a quienes nada importan la salud de los pueblos sino sus propias cuentas de banco. Saben que colonizar tal joya ambiental, y someterla a opuestos equilibrios que los suyos milenarios, traerá daño al ecosistema y al humano que lo rodea y que de él se beneficia. Que surgirán sed y hambre, daños culturales y climáticos irreversibles.
Criminales, forajidos, cuatreros que son, sobre nuestros cadáveres les impediremos triunfar pues de ello dependen nuestros descendientes y la civilización humana local.