Una ética revolucionaria

Cuentista, dramaturgo y periodista, (Rodolfo) Walsh es considerado uno de los mejores escritores de su generación”

  • Actualizado: 02 de febrero de 2026 a las 00:00

Robo hoy un escrito ajeno, reconozco, excepto que no identifico a su autor, quizás uno de esos afanados periodistas de cadenas internacionales donde la noticia pertenece a un fondo interno común, ajeno a las perversiones de la vanidad y el individualismo.

Sabemos a medias -pobre es nuestra percepción cultural- que en muchos instantes, cuando las dictaduras, la poesía desempeña papel crucial como instrumento de comunicación clandestina permitiendo a poetas y escritores diseminar mensajes subversivos, críticos y resistentes en modo encubierto. Adicional a que así levantan al alma patriótica de la libertad, de la independencia y la soberanía. Lo hicieron, tintando literaturas a lo largo de la historia e incluso sacrificando la vida, Neruda, Dalton y poetas víctimas de represalias y violencia que incluyen a García Lorca, Machado, Miguel Hernández, Alberti, Rosario Castellanos, Mallarmé, Verlaine o Rimbaud, así como a Claudio Barrera, agobiado por desconocimientos y pobreza, como similar Jaime Fontana, Amaya Amador, Clementina y Pompeyo del Valle...

En marzo de 1977, al año de golpe de Estado en Argentina, Rodolfo Walsh divulgó una carta abierta para tal junta militar que, según García Márquez, “queda como obra maestra del periodismo universal”. Pues en ella denuncia el siniestro balance de aniversario de dictadura, “sin esperanza de ser escuchado, con certeza de ser perseguido pero fiel al compromiso que asumí hace mucho de dar testimonio en momentos difíciles”. Un día más tarde lo secuestraron y desaparecieron los golpistas.

Nacido en 1927, publicó en la década de 1950 relatos de suspenso. Poco después, en junio de 1956 la dictadura de Aramburu fusiló a catorce civiles de un alzamiento cívico-militar. Sobre esos hechos Walsh realizó un trabajo brillante de investigación periodística, “Operación Masacre”. Cuentista, dramaturgo y periodista, Walsh es considerado uno de los mejores escritores de su generación. Publicó igual obras de teatro (“La granada”, “La batalla”) y libros de cuentos (“Variaciones en rojo”, “Oficios terrestres”).

Creó la Agencia Clandestina de Noticias y Cadena Informativa. Fundó Prensa Latina.

En “Carta a mis amigos” expresa sobre la muerte de su hija montonera: “Mi hija estaba dispuesta a no entregarse con vida. Era decisión madurada, razonada. Conocía, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilación de miembros, la tortura sin límites en tiempo ni en método, que procura la degradación moral y la delación. Sabía perfectamente que era una guerra de esas características en donde el pecado no era hablar, sino caer”.

“Dejamos de tirar sin que lo ordenaran y pudimos verla bien” refirió un soldado. “Era flaquita, de pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablarnos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo. Pero sí la última frase: en realidad no me deja dormir. Ustedes no nos matan -dijo- nosotros elegimos morir. Entonces ella y el hombre se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros.”

¿Conoces aquí en Hibueras, fráter, a alguien que así se entregue por la patria...?

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