Por: Elaine y Lyane Cherenfant
Emec Cherenfant no solo es nuestro padre; es nuestro amigo, nuestro apoyo fiel; el hombre que, junto a nuestra madre, se partió pecho y espalda para que no nos faltara nada nunca, y que soñó siempre con vernos triunfando en la vida. Quiso siempre lo mejor para nosotras y nos dio todo a manos llenas, junto a su amor incondicional y su apoyo sin medida. Por eso, Emec Cherenfant es y será esa luz que nos guiará siempre y que nos muestra el camino del bien y del amor a nuestro Dios y a nuestro prójimo.
Hoy estamos lejos físicamente; nos casamos y empezamos nuestra propia vida, pero él jamás se ha ido ni se irá de nuestros corazones.
Dicen que las gemelas muchas veces piensan y sienten lo mismo, y nosotras podemos decir que eso es verdad. El agradecimiento, el amor, la admiración y el respeto por nuestro padre no tienen ni un ápice de diferencia entre las dos. Y nuestro agradecimiento para con él es igual.
Muchas veces lo hemos visto angustiado por un paciente, sobre todo, de escasos recursos. No le ha negado su mano amiga a nadie, y al que no tiene con qué pagar una cirugía urgente y de alto riesgo, solo le dice: “No se preocupe; Dios paga por usted”. Un día empezamos a contar estos pacientes, hasta que perdimos la cuenta. Él solo los lleva en su corazón de hombre bueno. Pero estamos seguras de que la lista completa está en las manos de Dios.
Un día, en el Hospital del Seguro Social, en el barrio La Granja, en Comayagüela, donde nos especializábamos en Cirugía, una señora madura se nos acercó y nos dijo: “¡Ustedes son las niñas del doctor Cherenfant! ¡Qué alegría verlas! Su papá le hizo una operación a mi hija, que tenía una barriga enorme; el marido la dejó por eso y se burlaba de ella; pero el papá de ustedes la operó, y de gratis, y la dejó bien linda. Y mi hija ya había decidido quitarse la vida. El doctor Cherenfant la salvó, gracias a Dios”.
Por supuesto, nos sentimos orgullosas. Y no es este el único encuentro agradable que hemos tenido con pacientes de nuestro padre. Hay tanto que contar que ya decidimos tomarnos el tiempo necesario para escribir la biografía de Emec Cherenfant. Será un honor para nosotras, como es una bendición ser sus hijas. Quisiéramos decir más, pero ya habrá tiempo. Por ahora, solo repetiremos lo que dijo sobre él el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez: “Emec Cherenfant es un hombre profundamente bueno”. Nosotras le agregamos: “Es nuestro padre, y lo amamos con profundo amor.
"Estamos muy orgullosas de él. Que Dios lo bendiga siempre”.
Sobre nuestra madre, Edinora Brooks de Cherenfant, escribiremos pronto. Ella es una mujer excepcional.