Turismo y engaño

"A pesar de nuestras maravillosas riquezas naturales, capaces de atraer a millares de turistas, no estamos preparados para el negocio"

  • Actualizado: 04 de mayo de 2026 a las 00:00

Hace años visité el mejor restaurante playero de La Ceiba, esperanzado de ver en práctica la eficiencia y conocimiento del arte que hace feliz a las gentes. Comenzó la peripecia leyendo el colorido menú pero del que solamente había en existencia mitad de productos. “¿Bebidas importadas? Se nos acabó”... “¿Camarones? “Los andan trayendo, están aquí en una hora”. Y de esa guisa o estilo otras respuestas hasta que llegamos a la conclusión de que, permaneciendo allí, no seriamos clientes que escogen sino hambrientos atrapados que ingieren lo que hay. Y que además pagan por ello, nada barato por cierto.

La anécdota exhibe un fenómeno crucial para Honduras pero del que apenas escasos se enteran. Y es que a pesar de nuestras maravillosas riquezas naturales, capaces de atraer a millares de turistas, no estamos preparados para el negocio. El empresario del ramo, con más entusiasmo que asesoría, concibe que local, atractivo natural (río, lago, aguas termales, adornos) y oferta de productos es suficiente para permanecer en la industria. Pero se equivoca, particularmente en el mundo moderno, pues ese es sólo, dígase, 60% de la materia, siendo el resto la preparación, educación y formación humana de quienes atenderán al turista.

Un ejemplo. Pronto recibiremos a cuatro profesionales salvadoreños y fuimos a conocer algunos alojamientos y restaurantes del lago Yojoa que ignorábamos. El paisaje es esplendoroso; las cabañas algo desordenadas y necesitadas de atención (muchos hoteles se ubican lejos del espejo de agua, lo que les resta, por ende, atractivo). Con todo, aceptables. Pero al ingresar al comedor y solicitar dos cervezas (se agotaron las oscuras alemanas, otra vez) la cipota que nos servía trajo a la mesa las botellas desnuditas con un enrollado chupuste de servilleta a la boquilla. “¡No, no!” protestamos. “Consíganos vasos bonitos”. Y la güirra regresó con unas preciosas jarras frías que había en el congelador pero que nadie le había explicado que gustan al turista y por lo cual incluso mejora la propina.

Costa Rica (83 parques nacionales, refugios de vida silvestre, reservas forestales y biológicas) y Honduras (97 áreas protegidas, parques, refugios y vestigios antiguos indígenas y coloniales únicos que abarcan 3.9 millones de hectáreas y que representan 36% del territorio patrio) son naciones con superiores atractivos para el público. Y sin embargo en 2025 CR recibió, a la baja, 2.9 millones de visitantes, mientras que Honduras sólo 2.1 millones en similar período. ¿Por qué?

Muchas causas pero en síntesis mejor propaganda internacional, maravillas exageradas (sapo veneno, selvas tropicales, playas vírgenes, volcanes activos y vibrante vida salvaje, que nos sobran). Pero mayormente es por un secreto apenas sabido: ese país cuenta con 16 escuelas de turismo, primarias a universitarias, en que se enseña 44 especialidades que van desde cómo una bar-tender prepara mojitos a decoración de hoteles, cosa que acá el empresario ni imagina dedicándose más bien a reclamar le aprueben una ley de trabajo temporal que le facilite explotar laboralmente jóvenes. ¿Qué cámara de turismo local ofrece educación en esa área...? Si es grato proseguiremos luego con esta línea de reflexión.

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