Le pregunté a un funcionario del actual gobierno si en la oficina que dirige habían considerado la cooperación con China, que podría aportarles muchos conocimientos y recursos; sin pensarlo dijo que no y sin sonrojarse agregó: “Porque a los gringos no les gusta”. Es una vergonzosa sumisión, incluso, sin que los estadounidenses se lo hayan pedido. Hoy, como muchos, mirará la visita de Donald Trump a Beijing desde una remota ignorancia que hace tanto daño a nuestro país.
Las relaciones de Honduras con China las contaminan con mitos y falacias que solo se propagan en sociedades con poca educación y mucha desinformación; especialistas en nada y expertos en todo opinan más por el “supongo” que por el “sé” y distorsionan la realidad de un mundo en el que han cambiado las fuerzas de poder, la economía, la producción, la tecnología, la prosperidad, la hegemonía, el futuro.
China es una potencia, la segunda economía planetaria y el primer lugar en la producción general. La nueva visita de Trump -también estuvo en Beijing en 2017, durante su primer mandato- deja un mensaje claro de cómo las naciones poderosas buscan equilibrar sus intereses en un mundo multipolar y con varias guerras afectándonos a todos.
Las cifras del comercio entre estas dos naciones son brutales, no caben en los cuadernos de los despistados funcionarios hondureños: en 2025, China exportó a Estados Unidos 420 mil millones de dólares, y los estadounidenses 308 mil millones hacia los chinos, y eso que se redujo por los aranceles locos de Trump y las tensiones por otros asuntos geopolíticos.
Pero, no solo Estados Unidos trata de sacar provecho del desarrollo y la economía china: la mayoría de países europeos ampliaron sus relaciones diplomáticas y comerciales y sus presidentes o jefes de Estado han desfilado también por Beijing en busca de acuerdos beneficiosos para ambas partes. Lo mismo hacen naciones asiáticas, africanas y de nuestra América, desde Canadá a Argentina, con solo un par de excepciones.
Es una pena que Honduras -que estableció relaciones con China en 2023 con la presidenta Xiomara Castro- desaproveche esta oportunidad de cooperación y desarrollo, y que la actitud sesgada, pusilánime e ignorante de ministros y diputados condene a los hondureños a un ciclo perpetuo de pobreza e injusticia social.
El miedo a lo que diga Washington es un deshonroso lastre para las élites hondureñas, que mendigan hasta una simple visa. Insistimos que también en eso les gana Nayib Bukele, que mantiene una excelente relación con Estados Unidos y con China, porque no hay necesidad de tomar partido ni sudar la calentura ajena. El nuevo orden mundial exige nuevas alianzas.
La serenidad del presidente chino Xi Jinping contrasta con lo atolondrado y procaz de Trump, pero sus acuerdos podrían mejorar las condiciones mundiales y, tal vez, algo aprenden ciertos funcionarios y diputados hondureños retrógrados.