La figura hondureña con mayor peso intelectual es, a extenso de décadas, José Cecilio del Valle, único centroamericano con el alto honor de ser aceptado en la Academia Francesa, así como admirado por célebres pensadores de Europa en inicios del siglo XIX (MDCCCXXI), tras los revolucos mentales de la Ilustración que condujeron a la maravillosa explosión de ideas gestoras de la revolución francesa.
Una revolución que no sólo indujo cambios materiales sino que transformó a la humanidad gracias a su énfasis en modificar la mentalidad del hombre, no sólo el entorno.
El lema sacrosanto de Valle era la educación. Le aterrorizaban las masas incultas, particularmente de indígenas sometidos a poderosos enllaves cerebrales orquestados con prejuicio, discriminación, lo religioso y lo tradicional. Estas mostraban, más allá de cualquier perspectiva analítica, un fenómeno mental que se piensa nuevo pero que es antiguo: la alienación.
Ella sucede cuando se induce al individuo a que pierda su propia y auténtica dimensión de identidad y adopte otra que no le pertenece, lo cual es trastorno intelectual inmensamente moderno en el planeta.
Pero más grave cuando pueblos enteros se niegan a sí mismos e ingresan a la enajenación, que es cuando el ser humano accede a ser sometido por fuerzas externas sin resistencia ni vocación de cambio. Estamos enajenados si aceptamos que vendan pedazos de la soberanía a entidades foráneas; si imponemos sobre el esfuerzo humano la imprevisión de un dios; si nos acostumbramos a la brutalidad o dominio de una fuerza o poder que no existe real, como cuando otorgamos a un ángel o santo que decida la ruta de nuestro destino.
Es la más grave enfermedad social, detectada por psicólogos y sin embargo diaria, profusapresente. Vallelle no pudo decirlo, pero en estas eras el Estado puede desarrollar anchísimas campañas de educación y formación entre el pueblo.
Enseñar, ejemplo, a los jovencitos varones como evitar y protegerse del bulling; educar a las niñas para comprender y resistir la agresión sexual. A las adolescentes las técnicas de resistencia corporal e incluso gimnástica contra intentos de violación: no rendirse sino llenarse de ira y defenderse, saber dónde pegar al agresor para reducirlo y menguarlo.
Es la diferencia entre humillarme o combatir; la vida carece de valor dignidad. Campañasañas educativas nunca prejuiciosas sobre sexo (que descubrirán pronto, por bien o mal en escasos años) y es burrada ocultar su conocimiento a causa de obsoletos preceptos evangélicos, pasados de modo.
Los muchachos cogen hoy vigile o se distraiga dios, como hicimos todos en nuestra juventud, no seamos hipócritas predicando lo que no practicamos. Campañas por radio, prensa escrita, tv, medios virtuales, satélite y tambor, en rótulos, carteles, afiches, templos y escuelas, piedras pintadas, globos aéreos, aviones, bocinas, estadios, individuos solos y muchedumbres...
En particular una campaña que modifique la tendencia del hondureño a la violencia y lo fuerce a comprender la razón armónica de la vida, la gracia de la relación social y la ganancia de vivir sin susto o culpas. Una lección de vida que el Estado mismo puede liderar, y que no sólo puede sino que está obligado a hacerlo.