La búsqueda existencial del humano (después convertida en creencia espiritual y religiosa) es tan antigua como la aparición de la conciencia. Y la explicación es sencilla. El man de Neandertal necesita conocer lo que energiza al universo: qué mueve las hojas, al ímpetu del agua, el fulgor del mar y la erupción volcánica, fuerzas que no controla y que admira. Por su invisibilidad imagina que ciertos entes más que telúricos activan al planeta, la lluvia y la nieve, al cosmos y el universo haciéndolo marchar. Los considera sumas entidades no humanas, manes (como para nosotros al duende), seres poderosos que habitan lares inaccesibles (picachos, cerros como el Olimpo, profundidades marinas para Plutón) y más delante les inventa familias y los caracteriza con virtudes pero igual defectos humanos. De allí a temerles, venerarlos y rogarles protección y favores (tal es la religión) es un paso.
“No problem” dicen garífunas. Pero desde hace 40 mil años la inteligencia evoluciona y no debe depender, si es inteligencia, del azar supersticioso y acientífico. El Iluminismo (Ilustración del s. XVIII, José del Valle en cuenta) enseñó que razón, libertad y conocimiento son mayores herramientas para el progreso humano que la fe, dando con ello réplica a la tradición oscurantista del medioevo.
Dicho movimiento se caracterizó por creer en que la razón puede mejorar la vida y a la sociedad desterrando prejuicios, magias, teologías inventadas (todas lo son) e imposiciones éticas y morales de reducidos grupos supuestamente “iluminados” sobre la comunidad.
Y entonces vienen unos atrasados pensantes y proponen que volvamos a la Biblia para educar a la población como si ese texto fuera obra de dios, dijera la verdad y no fuera sólo recuento de un sufrido pueblo, y que por ende contiene muy bellas palabras como abominaciones monstruosas, crímenes, traiciones y sexo en abundancia. ¿Qué le vas a leer a los niños entonces, ignorante...? ¿Que Caín asesina a su hermano Abel? ¿La traición de progenitura entre Jacob y Esaú? ¿David matando en crimen pasional a Urías para robarle la esposa a Betsabé? ¿El incesto de Amnón contra su hermana Tamar? ¿Absalón acosando a su padre David? ¿Enseñaremos a apedrear a las adúlteras y por qué no a los adúlteros? ¿Educaremos cómo rebanarle mejor, con laser, la cabeza a Juan Bautista...? Honduras ocupa evangelios cívicos, jamás fanáticos ni ligados a ninguna religión, que todas son creadas (¡muéstrame reverendo tu firma de dios!).
Evangelios que distingan radicales la separación entre fe personal y moral y ética. La primera se enseña en el hogar pues corresponde a la correcta actuación personal; y la ética es moral pero con repercusión colectiva. Evangelios que retrotraigan del olvido las enseñanzas de honestidad, honradez, transparencia, armonía social y absoluta dedicación al prójimo predicadas por Valle, Morazán, Herrera y Cabañas. Pues el patriotismo no es abstracto; la comuna, que es la patria, se integra con carne y hueso.
Para impedir horrores ideológicos (las religiones nunca son objetivas y menos científicas) los próceres declararon a Centroamérica nación laica. ¿Por qué no seguir considerando sabia su elección en vez de alimentar vanas ignorancias...?