Necesidad histórica de un Estado emprendedor

Es urgente y prioritario redefinir el papel del Estadoen el desarrollo económico y, particularmente,en el ámbito de la innovación”

  • Actualizado: 16 de septiembre de 2026 a las 00:00

La combinación de una dirección pública audaz con una gobernanza transparente y democrática, más la iniciativa privada con competencia real, quizás sea el camino ideal para transformar la estructura productiva nacional, logrando una economía que no solo sea eficiente y ambientalmente sostenible, sino también profundamente humana. Se requiere encontrar un sendero de transición tecnológica y voluntad política donde el crecimiento económico se desvincule de la degradación ambiental, utilizando la innovación y políticas públicas orientadas a cumplir misiones que logren una economía de “carbono cero” o muy cercana a él, alcanzando realmente un mejor nivel de bienestar social. Como se escribió hace muchos años en el texto “Recaudar para Crecer”, auspiciado por el BID: el crecimiento económico sin distribución es una quimera.

En los tiempos actuales, no resulta útil colocarse en los extremos de un debate tipo “¿Estado o mercado?”. Ambos conglomerados institucionales deben cumplir su tarea en materia de innovación, crecimiento y desarrollo humano. En países como Honduras, en el fondo carecemos de ambos. Nuestras élites políticas -con sus escasas y endebles excepciones- se han acomodado desde nuestro inicio independiente a las maravillas de la mediocridad y el extractivismo definido por Acemoglu y otros. Es históricamente necesario reimpulsar ambas instancias para emprender. Claro, en los países subdesarrollados es más complejo, dados los rezagos frente a los que nos llevan sobrada delantera. Pero, al menos, es posible y urgente que las empresas públicas tengan mejor gerencia, respaldadas en un plan estratégico de desarrollo nacional.

Es urgente y prioritario redefinir el papel del Estado en el desarrollo económico y, particularmente, en el ámbito de la innovación. Hay que cuestionar los fundamentos teóricos de la actual teoría convencional del crecimiento económico y su capacidad para valorar adecuadamente la relación entre cambio tecnológico y crecimiento. Además, se plantea un enfoque alternativo de carácter cualitativo. Los estudios de casos que presenta Mazzucato son contundentes, con evidencias sólidas que muestran el papel central que ha jugado el Estado en la generación de avances tecnológicos disruptivos en las últimas décadas. Quizás se limite a los Estados Unidos, pero abre todo un enfoque para verlo a nivel global. Caso icónico, el de Apple, una de las empresas tecnológicas que menos invierte en I+D, pero que ha desarrollado niveles de excelencia en la integración de sistemas tecnológicos no propios.

Hay que decirlo también: en esferas más modestas como las nuestras, muchos grandes negocios del sector empresarial privado provienen de inversiones públicas que los iniciaron y luego fueron descolocados. Ejemplos: la industria de los lácteos, los servicios telefónicos, la generación de energía eléctrica, alimentos procesados como los derivados del tomate, algunos establecimientos hoteleros y la industria del cemento. Queda, pues, una somera propuesta de buscar que el Estado no ahuyente a los inversores, sino que los incentive para entrar a negocios estratégicos para el país, garantizando sinergias público-privadas que construyan ecosistemas simbióticos frente a ecosistemas parasitarios.

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