Quien debe abandonar su patria, por cualesquier motivos, sea por razones económicas, de seguridad, políticas, se marche con la requerida documentación o sin ella, deja atrás afectos, vivencias, recuerdos indelebles que forman parte integral de sus experiencias acumuladas, de su bagaje y patrimonio, preservadas en mente y corazón, pese al tiempo transcurrido y a las distancias recorridas, que incluyen desde las ternuras de los padres hasta los amores y afectos atrás dejados, las rutas y senderos transitados, los olores y sabores de alimentos y bebidas, los juegos de la infancia, el paso a la adolescencia y adultez, los paisajes, alboradas, anocheceres, despedidas.
Al llegar al nuevo destino, aun si lo aguardan parientes o amigos(as), debe adaptarse a nuevos retos, tal vez a un idioma distinto al materno, a la soledad, que puede o no ser su perpetua compañera. Para ello, debe diseñar estrategias de supervivencia, desde la inédita orientación geográfica, la búsqueda de empleo y vivienda, a un ritmo intensivo de vida como asalariado y/o estudiante.
Unos lo logran más rápido y fácilmente que otros, pero un común denominador lo es la añoranza, las ansiedades e incertidumbre, las expectativas, los múltiples desafíos a remontar: lingüísticos, el adquirir nuevas destrezas y habilidades, la discriminación, exclusión, prejuicios, racismo, xenofobia.
Debe demostrarse a sí mismo y a los demás que sí puede superarlos, que no se dejará amilanar ni por adversidades ni contratiempos. Ello lo motiva e inspira para seguir adelante, sin claudicar ni aislarse en un exilio interior.
Forma parte del más de un millón de compatriotas, “héroes y heroínas anónimas” que residen, temporal o definitivamente, en otras tierras, mares y cielos, en este o en otros continentes, y que, puntualmente, envían ayudas económicas a quienes quedaron atrás, que marcan la diferencia entre permanecer a flote o no.
Su comportamiento, motivaciones, flexibilidad, contribuirán a la necesaria adaptación, en unos asimilada más rápido que en otros. El poder comunicarse de manera bilingüe facilita la transición de lo conocido a lo desconocido.
Unos piensan acerca de un eventual retorno al lar natal, son aquellos que hacen suyo el bellísimo poema de Jaime Fontana “Este volver a Honduras”: “Parece que no habrá nada más tierno que este volver a Honduras: llegar con el amor iluminado por años y distancias, decir esta es la tierra, este es el aire y este el río del cuento... Todo será feliz y doloroso, será trémulo y tierno porque volver a Honduras.... es retomar el canto.”
El sentido de lo temporal e intemporal, de lo transitorio y lo eterno se combinan al plantearse similares reflexiones e interrogantes, que incluyen su propia mortalidad y la posibilidad de expirar lejos del hogar común, sea que logre la eventual despedida o no, en reflexión final respecto a lo efímero y permanente.
Si logra dejar huella y memoria de su recorrido y trayectoria terrenal, será más lento que se desdibuje el evocarlo por parte de sus contemporáneos y sucesivas generaciones emergentes. El ciclo vital transitado continúa entonces presente en la memoria colectiva, que podrá afirmar: No heredaste el viento.