Para hablar de la toma de posesión es necesario referirse a la cultura democrática y comprender que la dinámica del poder está marcada por cambios constantes. El éxito en política es una combinación de preparación y oportunidad: estar listo cuando esta se presenta. Esa oportunidad, además, depende de factores externos y de situaciones coyunturales.
Nasry Asfura llegará a la Presidencia de la República en su segundo intento. En el primero perdió frente a Libertad y Refundación y, como todo un demócrata, reconoció su derrota de inmediato. Tras ese resultado, se dedicó a trabajar a lo largo y ancho del país, no solo en Tegucigalpa y San Pedro Sula. Visitó distintos rincones de Honduras, utilizó activamente las redes sociales -la famosa “racha”- y mantuvo de forma permanente un discurso de unidad, no de división. En resumen, se enfocó en conquistar a la ciudadanía y no en ejercer una oposición frontal al gobierno de Libre.
Al no tener segunda vuelta en Honduras, Asfura asume la presidencia con un 40% de aprobación, lo que supone un reto considerable no solo para él, sino también para su partido. Hay mucho por hacer, en primer lugar, el Partido Nacional -a pesar de su triunfo- están vivos en la memoria hondureña los diferentes actos irregulares cometidos durante su administración, actos que atentaron contra la administración pública que han dañado el país, por ello, están obligados a ganarse la confianza del pueblo hondureño. Pero también, deben aprender de los errores que cometió Libre siendo gobierno.Libertad y Refundación se dedicó a gobernar para su propia base política y, desde el discurso oficial, acusó a quienes no compartían su filosofía ideológica de golpistas o defensores de una supuesta narcodictadura. Esa narrativa fue la que, en buena medida, los condujo al lugar en el que se encuentran hoy.
El Partido Nacional debe tener claro que el contexto actual exige una conducta distinta. No basta con gobernar para el 40 % del electorado que confió en su propuesta; también debe hacerlo para el 60 % que optó por otras fuerzas políticas.El trabajo del gobierno entrante debe orientarse a la unidad nacional, a la apertura de espacios de diálogo y a la promoción de la transparencia durante toda su administración. Solo así podrá recuperar la confianza de un pueblo que, más allá de discursos ideológicos, lo que demanda son condiciones materiales suficientes para trabajar, prosperar y salir adelante.Finalmente, deben comprender que lo que reciben es la delegación de un poder temporal, otorgado por cuatro años. Si no hacen bien las cosas, ese poder puede ser revocado con la misma facilidad con la que fue concedido.
El gobierno entrante está llamado a respaldar las causas que favorezcan a Honduras y a oponerse con firmeza a aquellas que atenten contra la estabilidad y el bienestar de sus habitantes. Se espera una administración tolerante a la crítica, así como una oposición constructiva y propositiva, capaz de contribuir al fortalecimiento democrático del país.