En Honduras tenemos hermosos lugares para visitar en fechas como estas: contamos con ríos, lagos, mares, frondosas montañas y senderos bellos. Justo en este tipo de ocasiones, estos sitios se vuelven más visitados. La Semana Santa en Honduras resulta ser un auxilio para la economía local: el pequeño emprendedor ofrece sus productos y hay un mayor flujo económico porque las personas nos dedicamos a viajar internamente. De hecho, también recibimos visitas de extranjeros que vienen a conocer nuestras tierras y maravillas.
Si bien la finalidad de la Semana Santa no es propiamente viajar, su propósito real tiene que ver con la religión para quienes somos creyentes. Fechas como estas se convierten en un respiro en medio de la rutina laboral. También representan una oportunidad para hacer turismo interno, conocer las maravillas de Honduras y facilitar la generación de nuevos ingresos para nuestros compatriotas.
Honduras necesita urgentemente una política clara en materia de seguridad que trascienda más allá de robustecer las penas del Código Penal. Como nación, no podemos competir económicamente con países como Brasil, México o Colombia debido a nuestra extensión territorial. Sin embargo, sí podemos consolidarnos como un centro logístico estratégico y turístico, atractivo para visitantes de todos los continentes. No es sostenible que la mayor parte de nuestros ingresos dependa de las remesas; debemos posicionar aún más a Honduras para fortalecer nuestra economía desde el enfoque turístico.
Sin embargo, este objetivo no se alcanzará mientras las noticias internacionales sobre Honduras continúen siendo golpes de Estado, altos funcionarios vinculados a actos de corrupción y crimen organizado, elevados índices de inseguridad y el mal estado de las carreteras. Es apremiante trabajar en estos temas, no solo durante Semana Santa, sino para que Honduras sea permanentemente un destino atractivo.
Personalmente, me enamoro cada vez más de mi país cuando visito lugares como Trujillo, Copán Ruinas, Lempira o La Mosquitia. Me quedo corto al intentar enumerar los destinos dignos de conocer. Pero también experimento un profundo desencanto al observar las noticias sobre lo que prioriza la élite política: debates estériles, excusas que encubren la incompetencia y una clase política enfocada en intereses particulares, olvidando las necesidades del pueblo hondureño.
Hace unos días escribí una columna sobre El Salvador. No cuesta nada reconocer lo que esa nación hermana ha hecho para mejorar sus condiciones. Actualmente, El Salvador se percibe como un país completamente diferente al que conocimos años atrás. Nadie quiere visitar un lugar donde su vida o sus bienes estén en riesgo; las personas viajan para vivir experiencias positivas.
Esta Semana Santa debemos reflexionar sobre el mensaje de Dios (para quienes son creyentes), pero también sobre el papel de nuestros gobiernos en la promoción de la riqueza natural y cultural del país. Esa es la ruta que debería impulsarse.