Ha sido rechazado el plan del actual presidente de la FIFA y de su círculo cercano de crear una filial, FIFA Forward Enterprise (FFE), para transferir los derechos comerciales y de transmisión de los Mundiales. El proyecto buscaba terminar de privatizar y mercantilizar el manejo de los principales torneos mundiales y regionales. Los aficionados pudieron apreciar la exagerada manipulación mercantilista en el recién concluido Mundial 2026, realizado en los tres países norteamericanos.
Aunque el fútbol y los deportes en general no son considerados como bienes públicos esenciales, lo cierto es que, culturalmente, el balompié genera intensos movimientos de mercado que lo elevan a ser considerado un bien “infaltable” en el mundo actual.
En un ejercicio de búsqueda de luces, podemos insertar el tema de los temores -fundados o infundados- de la privatización del sector eléctrico en Honduras y, particularmente, de la ENEE. Se ha propuesto fragmentar la estatal en empresas especializadas (generación, transmisión y distribución). Aunque el gobierno asegura que los activos seguirán siendo estatales, diversos sectores denuncian que esto abre las puertas a una privatización irreversible. Lo cierto es que, bajo el “modelo” de las últimas décadas y por decisiones no concertadas con el bienestar nacional, el sector privado es predominante en el negocio fundamental de la generación eléctrica, particularmente en la energía de fuentes no renovables, con altísimos precios de venta a la empresa estatal, aun incorporando en el cálculo la participación clave de energías renovables. Irónicamente, la propuesta oficialista lo que ofrece es llevar al extremo el modelo actual (terminar de privatizarlo) y, curiosamente, bajar sustancialmente las tarifas, lo que se percibe como no cierto. En el caso de la FIFA, la oposición fue inmediata y contundente por parte de las confederaciones de Europa, la Concacaf y la asiática. Respecto a la ENEE, el rechazo, aunque generalizado, no está cohesionado ni canalizado a proponer una salida técnica que defienda el negocio de la empresa pública con eficiencia, con la gobernanza necesaria, combinando la gerencia de una empresa pública sostenible y con auténticos organismos de regulación que incorporen al sector privado con excedentes que reflejen un verdadero mercado competitivo, con inversiones incrementadas del sector público y privado.
En el fondo, la solución debería estar entre equilibrar la defensa de lo público con la gente apropiada, comprometida con el bien común, en lugar de argollas incapaces, demagógicas y mercenarias. Simultáneamente, que el negocio de la inversión privada esté en las verdaderas reglas del mercado competitivo, en lugar del monopolio avasallador.
En el pensamiento tropical latinoamericano, grandes pensadores como Borges y Galeano lamentarían que el fútbol haya dejado de pertenecer a los pueblos para pertenecer a las corporaciones y que el hincha tradicional esté siendo expulsado para dar paso al cliente VIP. La FIFA ha privatizado la felicidad de los niños de los barrios pobres de América Latina y África, vendiendo su identidad al mejor postor para ver al jugador como mercancía, domesticando al juego más hermoso del mundo.
En el plano global, otros pensadores como Kafka, Cervantes o Einstein agregarían que la FIFA busca privatizar los estadios y también el viento, el sol y el agua que mueven los balones y generan la energía que pertenece a todos. No puede ser que el monopolio del kilovatio sea el autogol o la jugada ilegal que violente la ciencia del bienestar común.