Estamos a 24 horas para cerrar el último acto de la tragicomedia política más aflictiva que haya sufrido el pueblo hondureño en los últimos 50 años. Si bien es cierto que nuestra lucha por superar los pobres niveles de desarrollo humano en que nos hemos visto naufragar por décadas, ha sido permanente, no podemos dejar de reconocer que el factor más determinante para que estos esfuerzos no hayan tenido el éxito perseguido, ha sido la pobre calidad de nuestros “liderazgos” y la “incapacidad” de estos para diseñar un modelo autóctono de administración de nuestro Estado que consolide, alrededor de un solo objetivo nacional, aquellos esfuerzos que de manera aislada ejercen cotidianamente, todos los factores de la producción y los componentes de la sociedad en general.
Los hondureños somos muy susceptibles para la fabricación de mitos, pretendiendo con ellos, justificar nuestros errores presentes. Ha llegado el momento de no buscar en las fallas del pasado, la justificación de los problemas crónicos de hoy y que persistirán en el futuro, sino se actúa adecuadamente. Nos tardó muchos años, colocar en los estantes de la historia, los estragos de la guerra de 1969, los desastres del Mitch, los desmanes de los gobiernos militares, los eventos del 2009 que han servido para algunos, como causa de su mal gobierno y ahora, el rin tintín ha sido el narco gobierno de JOH y las 10 familias. No podemos avanzar aferrándonos a aquellos acontecimientos que constituyen vergüenza histórica. Estos no sirven para planificar un futuro de despegue y de desarrollo sostenible. Del próximo 27 de enero en adelante, debería ser prohibido constitucionalmente, recurrir a esa información negativa, dejando esos datos como simples referencia en los libros de historia y como modelos de lo que no debe repetirse si pretendemos triunfar como nación.
La gesta librada por el pueblo en noviembre último, acudiendo con valentía y arrojo a las urnas y enterrando con sus votos los intentos de incorporar al país a una comparsa de políticos trasnochados y de seudo lideres colgados de las fracasadas luchas ideológicas de los años 70s, no debe quedar sin respuesta positiva. De igual manera debe compensarse la lucha tenaz de los cientos de héroes anónimos que con su persistente crítica de los errores incurridos y de sus advertencias sobre los grandes peligros que se cernían sobre la insipiente democracia hondureña, deben tener su recompensa encontrando nuevas rutas de entendimiento, de diálogo franco y honesto entre todos los sectores sociales del país para que juntos fortalezcamos la armonía social que es la única plataforma para el desarrollo humano sostenible de toda la hondureñidad.
La lección está dada, si los políticos de turno no entierran sus mezquindades y las instituciones políticas no sacuden sus ramas para botar los frutos podridos, esta lucha quedará en lo mismo y el castigo será más contundente en las elecciones del 2029.Soldado avisado no pierde batalla.