La innoble politización del Censo

Es una lástima que los políticos contaminen un proyecto como el Censo Nacional, un instrumento clave para determinar el desarrollo del país

  • Actualizado: 21 de agosto de 2026 a las 00:00

Demostrar científicamente cuántos somos, en qué condiciones vivimos, qué servicios públicos tenemos, qué edades predominan, qué niveles educativos, quiénes tienen trabajo, y hasta el acceso a la tecnología, es clave. Es la radiografía del país para diseñar estrategias de desarrollo, pero ni siquiera esto pueden hacer bien estos politicastros hondureños.El temor ahora es que este inventario de nuestra vida ciudadana no sea un instrumento legítimo de medición, sino un artificioso ejercicio de propaganda para el gobierno, que está desesperado porque no encuentra la forma de ganarse la simpatía nacional, según las encuestas, siete de cada diez aplaza a la administración de Tito Asfura.

Son varios los testimonios de las personas contratadas para levantar el Censo casa por casa que han expuesto en las redes cómo los rechazan y los expulsan de los hogares, hasta con amenazas de echarles los perros. Pongamos que no hubiese mala intención -como sospecha la mayoría-, pero, su mala y reincidente estrategia de comunicación tampoco le permite ganar credibilidad.Por ejemplo, el interés desorbitado de Tomás Zambrano ha elevado las alertas. En principio, el programa lo maneja esencialmente el Poder Ejecutivo, pero se lo apropia el Congreso Nacional -como muchos otros proyectos-, y se contamina con las intenciones de este diputado, que hace de presidente legislativo, que no desperdicia ocasión para su temprana y agobiante campaña política.

Y ya puestos a destruir la confianza en el Censo 2026, a algún “iluminado” del gobierno se le ocurrió usar como modelo a Cossette López ¡por favor! hay pocas personas tan confrontativas y polarizantes como la señora que dio rostro a las desastrosas elecciones. Aunque le encontró el gustito a estar en los titulares y su desinhibida exhibición en redes sociales, su imagen no ayuda.

Es una pena que la vileza política también manche este proyecto, no solo por el valor sustancial que tiene para reescribir los programas de desarrollo, sino por los dinerales que cuesta: unos mil trescientos millones de lempiras. No queremos que con sus miserias los desperdicien, como ya hicieron con los costosos y vanos comicios del año anterior.

La última vez que se hizo una encuesta fue en 2013, no es fácil por los costos y la logística. Obviamente los números cambiaron mucho, aunque sigamos diciendo que somos diez millones de hondureños, a lo mejor somos once o doce, a saber. Cuántas escuelas más tenemos, cuántas universidades (por hospitales ni pregunto), cuánto hemos envejecido, cuántos han nacido, cuántos se fueron escapando de la pobreza, cuántos lamentablemente murieron.Qué mal que la vileza de los políticos nos hagan sospechar que las preguntas son amañadas, que hay manipulación y falsas dicotomías para justificar sus decisiones ya tomadas, como la privatización de la Enee. Si no lo corrigen, el Censo será un diagnóstico ciego, tan inútil como ellos.

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