Habemus fumata

"La fumata en Roma, símbolo de unidad y fe, revela el poder de la tradición, el misterio y la impacto global en la búsqueda de liderazgo espiritual auténtico"

  • Actualizado: 12 de mayo de 2025 a las 00:00

La revista “Muy interesante”, dedicada a ciencia popular (biomédica, tecnología, astrofísica), narra que si bien el verbo en tercera plural habemus es del latín, fumata (humo) es del italiano. La tradición de emplear humo para comunicar el resultado de las votaciones papales nace en 1274, cuando en el Concilio de Lyon Gregorio X establece normas para evitar las prolongadas disputas en los cónclaves. Humo negro se conseguía quemando las papeletas junto a paja húmeda, empleando en cambio paja seca para la blanca. Se refuerza al negro mediante perclorato de potasio, lactosa y colofonia, mientras que el blanco surge de perclorato de potasio, atraceno y azufre.

Esta semana hubo fumata en Roma pero no es mi deseo repetir lo que repiten los repetidores y aspiro a concentrarme más en el fenómeno mediático. Pues en efecto, el suceso ha sido contemplado por más de mil millones de personas en el orbe gracias a los modernos sistemas de comunicación masiva, aparte de la multitud congregada en la plaza del Vaticano.

Tan ancha búsqueda de un conocimiento (es decir de una noticia, de querer saber más o lo último en torno a un evento) no es nueva, obvio, ha sido parte de la humanidad, pero no así su transmisión prácticamente universal, y es más, atravesando absolutamente todas las barreras de las lenguas e idiomas. Se llega incluso a acuñar vocablos que interpreta cada persona sin importar su formación lingüística, ejemplo habemus, Papa, concilio, cónclave, que son similares en todas sus verbalizaciones.

Más allá del simbolismo de las fumatas, más allá del humo y su función práctica, estas representan la creencia de que cierto espíritu santo guía la elección que efectúan los cardenales, lo que se celebra con mucho y espontáneo júbilo popular, así como con esperanza para millones de católicos en todo el mundo ya que en el fondo es una afirmación de unidad, fe y vida espiritual. Algo hay de enigmático en esas convocatorias a la espiritualidad.

Reflexionan los editores de “Muy interesante”: “La fumata negra también posee carga simbólica. Aunque parezca frustrante representa la seriedad del proceso, el discernimiento, el debate interno. Cada vez que aparece se reafirma que no se elige a un papa por prisa ni conveniencia, sino solo cuando haya verdadera convergencia espiritual entre los electores. Ambas señales -blanca o negra- se han convertido en una forma de lenguaje universal, entendible incluso por quienes no practican la fe católica. Su aparición no solo conmueve al creyente sino que captura la atención del planeta, evocando una mezcla única de misterio, historia y solemnidad. Son un puente entre lo humano y lo divino, entre lo visible y lo invisible, entre la tradición y la actualidad”.

Lo que en esencia viene a explicarnos que el ser humano no sólo ansía sino que en muchos grados depende del liderazgo espiritual puro, más allá de la interpretación ideológica. Una como búsqueda de alguna luz entre la inmensa oscuridad del cosmos, liderazgo que en su mejor ocasión proviene no de dioses sino de hombres dignos, limpios de alma y cuerpo, así como pro activos, cambiantes y constructores, no conservadores, lo que fue esa primera fogata espiritual latinoamericana, hoy extinguida, que se llamó Francisco.

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