En pocas palabras, tener una vida digna y buena no es un favor o un privilegio que nos deben los gobiernos, es un derecho humano fundamental, como la libertad, el trabajo o la libre expresión; por eso, se debería recriminar a los políticos que solo llegan al poder para su beneficio personal y favorecer a ciertas élites que los apoyan.
Este diciembre se cumplirán 40 años de la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo que aprobó la ONU en 1986 y, desde entonces, apenas se notan algunos cambios: Honduras sigue tan pobre y desigual como lo fue el siglo pasado y el anterior; pareciera una maldita condena y, por lo que se ve, en manos de estos políticos, seguiremos igual o hasta peor.
El derecho humano al desarrollo son muchas cosas, pero, en esencia, el gobierno -no importa qué partido lo ocupe- está obligado a crear las condiciones para que haya inversiones de todo tipo, que generen fuentes de trabajo y, al final, produzcan riqueza. Pero el asunto clave es que esa riqueza se distribuya mejor, entre más gente, y no solo en un grupito tan pequeño que se conocen entre ellos.
Es necesario producir mucha más riqueza y reajustarla para construir suficientes y eficientes centros educativos; hospitales abastecidos con equipos y medicamentos; agua potable; electricidad; saneamiento para todas las comunidades y, por supuesto, que las calles no sean corredores de la muerte. Qué cosas: lo que es normal en otros países, en Honduras suena a utopía o desvarío.
Ese Derecho al Desarrollo es la base de otro compromiso que Honduras también firmó en la ONU en 2015, con fotos y todo: la Agenda 2030. Estamos a menos de cuatro años de la meta, y revisemos si se ha cumplido con alguno de los 17 objetivos: fin de la pobreza, hambre cero, salud y bienestar, educación de calidad, agua limpia, energía asequible, trabajo decente, paz y justicia... mejor no sigo.
Hace unos días, participamos en Lima, Perú, en un foro sobre Derechos Humanos, auspiciado por la emblemática Universidad de San Marcos (la más antigua de América, fundada en 1551) y la Universidad Renmin de China, especializada en ciencias sociales. Los expertos hablaron del multilateralismo y cómo esos derechos humanos son un componente esencial en las relaciones entre Latinoamérica y el gigante asiático. La inversión tiene que enfocarse en la gente.En nuestra ponencia recordamos -que ya se ha dicho antes- cómo el Derecho al Desarrollo pasa inadvertido, diferente a los derechos políticos: por ejemplo, si un gobierno no realiza elecciones, recibe la condena internacional, lo expulsan de los organismos, cortan la ayuda, amenazan con intervenirlo y cosas así. Claro, los votos legitiman a los políticos en sus cargos.Pero si ese mismo gobierno no genera inversión, puestos de trabajo, garantía alimentaria, no mejora hospitales ni escuelas, no pasa nada; apenas lo cuestionan; es decir, es más importante votar que comer.