El infame contraste con las elecciones ticas

Mientras Costa Rica se proyecta internacionalmente con robustez democrática y tranquilidad social, es decir, confianza; Honduras refleja incertidumbre

  • Actualizado: 13 de febrero de 2026 a las 00:00

Por razones no escritas, históricas y futbolísticas, muchos hondureños le tienen tirria a los costarricenses; los creen presumidos, arrogantes... bueno, que se creen la gran cosa. Independiente de eso, el domingo antepasado nos dieron -otra vez- una lección de madurez democrática y unas elecciones que ya quisiéramos, en contraposición con nuestro vergonzoso y fraudulento proceso.

Allá tienen un Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), pero no se trata de un problema de semántica, sino de las personas escogidas para estructurar y coordinar los comicios que, para nuestra tragedia nacional, parece que aquí asignan a inescrupulosos y abyectos personajes, más comprometidos con sórdidos grupúsculos políticos, económicos, religiosos y dudosas oenegés, que con el desarrollo, la paz y la democracia del resto del país.

Desde luego, Costa Rica no es la Suiza de América, pero sigue demostrando la solidez de su sistema. Apenas un par de horas después del cierre de las urnas, los ciudadanos ya sabían que la candidata oficialista Laura Fernández había ganado la presidencia. Nosotros, en cambio, esperamos un mes por una declaratoria sin contar todos los votos, sin revisión de inconsistencia y miles de irregularidades.

También es verdad que la campaña política en Costa Rica no fue un festival musical y una temporada de besos y abrazos; hubo pleitos, polarización y acusaciones feroces contra el presidente saliente Rodrigo Chaves, que mantuvo una confrontación permanente durante su gobierno. Sin embargo, la misma noche electoral, el candidato perdedor, Álvaro Ramos, reconoció los resultados y no empañan denuncias de fraude.

El indigno CNE, después de apagones, intervenciones, manipulaciones e infinidad de trampas, por fin dio los supuestos resultados -que mantuvieron en una injusta zozobra el país- y le asignó el triunfo a Nasry Asfura con una diferencia con Salvador Nasralla de apenas 0.74 %. El mundo civilizado sabe que un escrutinio tan ajustado requiere transparencia y hasta reconteo, pero quedó claro que ese no era el afán de las consejeras.

Con un enorme abstencionismo -no votó ni la mitad del electorado- y las inevitables sospechas de fraude, el CNE decepcionó. Ahora, el nuevo Congreso Nacional anuncia reformas electorales para blanquear el timo y culpar al sistema; sin embargo, aunque crearán una insuperable ley, de nada serviría si el proceso lo manejarán otra vez con alevosía y ruindad.

El contraste es brutal: mientras Costa Rica se proyecta internacionalmente con robustez democrática y tranquilidad social, es decir, confianza; Honduras refleja incertidumbre, desasosiego, fragilidad institucional, o sea, riesgo. Está probado que el capital, la inversión, no temen a la izquierda o la derecha, si no que huyen de la inestabilidad y la soberanía porosa. Así que por unos cuantos codiciosos, pagamos todos. Mientras, muchos ticos repiten confiados “pura vida”.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias