El Espíritu Paráclito Consolador

"A raíz de la muerte violenta de una niña en Sabá, Colón, una reflexión sobre el dolor de perder a un hijo y el consuelo que ofrece la fe"

  • Actualizado: 06 de agosto de 2026 a las 00:00

La muerte violenta de una niña de nueve años ocurrida el sábado 1 de agosto de 2026 en la comunidad de Sabá, Colón, ubicada en la costa norte del suelo hondureño, me ha llevado a reflexionar acerca del inmenso dolor de muchos padres y madres que tienen que afrontar la muerte de una hija o de un hijo en plena niñez o adolescencia.

Ni siquiera logro imaginar lo que esos progenitores sienten, pero considero que tal pérdida despierta sentimientos y emociones difíciles de sobrellevar, por lo que me hago la pregunta: ¿Cómo los integrantes de esas familias lograrán consuelo?

Como cristiano, la única respuesta que se me ocurre es el auxilio del Espíritu Santo, ya que en Juan 14, 16-17 Jesús nos dice: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”.

El término Paráclito significa abogado, defensor o consolador. Es una palabra griega que quiere decir el que es llamado al lado de uno para dar ayuda, apoyo o guía. De acuerdo con el numeral 692 del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC): “Jesús, cuando anuncia y promete la Venida del Espíritu Santo, le llama el ‘Paráclito’, literalmente ‘aquel que es llamado junto a uno’... ‘Paráclito’ se traduce habitualmente por ‘Consolador’, siendo Jesús el primer consolador (cf. 1 de Juan 2, 1). El mismo Señor llama al Espíritu Santo ‘Espíritu de Verdad’ (Juan 16,13)”.

En la Eucaristía de la Solemnidad del Domingo de Pentecostés, en la Iglesia Católica se acostumbra a leer una preciosa secuencia dedicada al Espíritu Santo, que empieza diciendo: “Ven, Dios Espíritu Santo, y envíanos desde el cielo tu luz, para iluminarnos”; y en otras partes agrega: “Fuente de todo consuelo, amable huésped del alma, paz en las horas de duelo. Eres pausa en el trabajo; brisa, en un clima de fuego, consuelo, en medio del llanto”. Y más adelante con fervor solicita: “Lava nuestras inmundicias, fecunda nuestros desiertos y cura nuestras heridas”.

Estoy convencido de que solo el Espíritu Paráclito Consolador puede darle paz a quien ha perdido en forma violenta a un ser querido. Claro que las condolencias de quienes se solidarizan con las familias afectadas ayudan mucho, pero esas expresiones de bondad no pueden sanar el alma herida de quien ama al ser que ha dejado de existir en este mundo, para formar parte de los ciudadanos que ya están en el cielo.

Mi más sincera solidaridad con la familia de Emily Dayana, esa niña de nueve años que ya no está con sus padres. Que Dios, en su infinita misericordia, se compadezca del dolor de todos los familiares de Emely; que Jesús los conforte y les conceda sanidad en su alma herida. Que el Dios Paráclito esté junto a todos los seres queridos de Dayana y les ayude a superar tan dura prueba.

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