Me tocó muchas veces ir a cubrir las concentraciones del Partido Liberal hace unos años: miles y miles agitando banderas rojiblancas, música y algarabía, que no importaba si alguien era miembro o no de esa organización, contagiaban entusiasmo. Se hacía llamar el más grande de Centro América: hoy ni la sombra, es casi un despojo.
Era el tiempo en que los hondureños se odiaban menos; no había redes sociales en las que viles y desquiciados dedicaran toda su energía a destruir a los demás con sus frustraciones, desacreditando la fabulosa capacidad de internet de abrirnos el mundo, al conocimiento.
Desafortunadamente, esa misma capacidad de incidencia de internet permitió que personajes con poco cerebro, pero con muchos seguidores, lograran colarse en las planillas, y la gente... bueno, la gente vota por cualquier cosa que tenga imagen populachera. La ignorancia la estamos pagando todos con un Congreso Nacional inútil, vulgar y deshonesto.
Entretanto, el Partido Liberal, controlado por una cuestionable manada, sigue destrozando los honores que había acumulado por décadas, al ponerse al servicio de su antes despreciable adversario: el Partido Nacional, y actuar como subalterno, rodeado de escándalos de sobornos y prebendas.
También es verdad que el Partido Liberal quedó casi desmembrado luego del golpe de Estado de 2009, pero tuvo oportunidades de recuperar al menos una parte de su membresía y cuota de poder, pero los intereses personales de quienes lo han dirigido es esta época lo mantienen relegado a una simple subordinación.Qué lejos parecen ahora aquellos liderazgos que levantaban los ánimos de sus partidarios, para llevar a la presidencia a José Azcona, Carlos Roberto Reina, Carlos Flores y Manuel Zelaya. Con todo, el país parecía menos pesimista, los rencores eran más apaciguados, y nada de este sectarismo y extremismo vengativo que exhiben los politicastros habituales.
Pero los personajes que ahora manejan ese partido -no parecen liberales de verdad- fueron acusados de negociar privilegios e impunidad con los nacionalistas y, está a la vista, muchos de ellos tenían juicios pendientes que han estado limpiando en los últimos meses, luego de malvender los organismos de justicia y los electorales.
Casi como la nación más pobre de América Latina, con tanta desigualdad y necesidades, el sentido común diría que los partidos políticos con vocación social serían los preferidos por la gente, como ocurre en los países educados, es decir, los votos deberían dividirse entre liberales y Libre, y no en una organización ultra conservadora como la cachureca. Pero esta es Honduras.
Ahora, un grupo de tradicionales liberales están reuniendo simpatizantes, en otro intento de recuperar el partido del dominio nacionalista y su actitud conservadora. Necesitan una táctica y estrategia que recupere los militantes de toda la vida y se deshagan de los impostores. No será fácil.