El arte de la guerra

Para muchos, ganar en política significa obtener un premio personal que incluye poderes, privilegios y prebendas, prostituyendo así su definición y alcances

  • Actualizado: 02 de agosto de 2025 a las 00:00

Esta es una obra literaria que nos dejó Sun Tzu, donde se habla de estrategia, de ideas para vencer en la guerra. También resalta mecanismos de provecho personal, según las circunstancias, valiéndose del engaño, la manipulación y otras herramientas. Este libro, a pesar de haber sido escrito en el siglo VI a. C., conserva plena vigencia en la actualidad, ya que muchas de sus teorías son aplicables a la realidad que vivimos.

Sin embargo, es necesario reconocer que esta obra tiene un enfoque militar, aunque sus teorías pueden aplicarse en contextos políticos, especialmente en Honduras. Aquí podríamos hablar del “arte de la política”, aunque conceptualmente la política, según Manuel Tamayo Sáenz, es “el conjunto de objetivos, decisiones y acciones que lleva a cabo un gobierno para solucionar los problemas que, en un momento determinado, los ciudadanos y el propio gobierno consideran prioritarios”. Es oportuno indicar que, para muchos, ganar en política significa obtener un premio personal que incluye poderes, privilegios y prebendas, prostituyendo así su definición y alcances. Lamentablemente, en Honduras lo que observamos son jugadas malévolas en nombre del pueblo hondureño. En su nombre se han tomado las decisiones más atroces. Es interesante ver los debates políticos, donde, sin importar el color político del interlocutor, todos afirman representar la voz del pueblo hondureño, cuando en realidad solo representan sus intereses personales y mezquinos, destinados a alimentar su ego. Ese es el arte de la política que aquí se practica: un par de caudillos políticos se reúnen en “misas negras”, negocian entre ellos y luego alegan que son decisiones tomadas en favor del pueblo hondureño, mientras la población no entiende ni lo que se acordó. Debemos entender que los políticos viven de la política; en cambio, ese tan aclamado y mal representado “pueblo” vive de su trabajo. Están obligados a trabajar para comer, no como los diputados que dejan de sesionar y siguen devengando su salario, o aquellos que renuncian a sus cargos -es decir, a sus obligaciones- pero continúan recibiendo su sueldo sin trabajar. Esa es la realidad de Honduras, donde El arte de la guerra es aplicable como metáfora de la lucha del pueblo hondureño contra los políticos y de los políticos contra el pueblo. Finalmente, la tarea es hacerle comprender a la gran mayoría de los hondureños que el poder emana de ellos, que les corresponde exigir y tomar todas las medidas y acciones que consideren pertinentes. Elegimos autoridades para que nos representen. Los funcionarios públicos deben ser la voz del pueblo. Ese es el arte que debería prevalecer: el del bien común

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