El agobio y los accidentes de tráfico

Los especialistas explican los factores invencibles que engendran esa agresividad en las calles. No es el bestial atolladero vial; el tráfico solo es el detonante de tensiones previas”

  • Actualizado: 01 de mayo de 2026 a las 00:00

Nos conmovemos a diario por los espantosos accidentes viales; son casi seiscientas fallecidos en los primeros cuatro meses del año. No se trata solo del tráfico: el estrés, la frustración y la crisis económica dejan su brutal descarga emocional en las calles, que se vuelve agresividad, violencia, intolerancia, irrespeto, amenazas y agresiones.

También es verdad que una temible ignorancia en educación vial acrecienta la tragedia: alta velocidad, irrespeto en los semáforos, al no uso de luces de vía, luces altas en la ciudad, cambiar carril sin avisar, más atentos del celular que de la calle y conductores como amenaza al rebasar, estacionar, cruzar, borrachos o drogados.

Se viralizan en redes coléricos conductores insultándose por el derecho de vía; algunos choferes de taxis, buses o particulares suben la apuesta y se lían a puñetazos; los más irracionales sacan machete y pistola; y por último, los iracundos que usan las armas y arruinan sus vidas y de otras familias.

Los especialistas explican los factores invencibles que engendran esa agresividad en las calles. No es el bestial atolladero vial; el tráfico solo es el detonante de tensiones previas, frustraciones acumuladas e incontrolables ansiedades, que surgen de la pobreza, desempleo, inseguridad, alto costo de la vida, exclusión y desesperanza.

Puestos a enumerar causas y azares, también las exageradas temperaturas y el cambio climático, que mueven a la irritabilidad y a la impaciencia. Se suma el mal estado de las calles, enormes baches, fastidiosos túmulos y falta de un pinche estacionamiento donde guardar el pichirilo, es para encachimbarse (palabra reconocida en el diccionario de la RAE).

Los estoicos dirán que las cosas que no podemos cambiar, que no dependen de nosotros, las tomemos con serenidad y virtud, desde el destino hasta un atasco. Nuestras actitudes, hábitos y carácter, sí los podemos mejorar: ahí entran la cultura, el respeto a las normas de convivencia, la consideración a los demás, la tolerancia, la empatía y la inexcusable educación vial.La cifras de la tragedia son para ponerse serios: en lo que va del año ocurrieron más de 4,800 accidentes en las carreteras; en 7 de cada 10 accidentes está involucrado un motociclista; casi la mitad de los fallecidos iban en moto. Sin contar los miles de heridos o lesionados de por vida, que -hay que decirlo- sobrecargan los hospitales públicos y el gasto en atenciones.

Las motos son un fantástico medio de transporte: precios asequibles, bajo consumo, movilidad en el tráfico, estacionamiento, refacciones y llantas más baratas... en fin, es el único vehículo que muchas familias se pueden permitir. El problema es el irrespeto de los motociclistas y de los que van en carro y aunque es la segunda causa de muerte en el país -después de los homicidios- no es una emergencia para el Estado, ahí están ocupados en la venganza y la persecución política.

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