Libertad sin seguridad no existe. El Estado está obligado a ser garante de la libertad y, por tanto, de la seguridad. Pero la sociedad debe asumir la defensa de la nación frente al crimen organizado.
No nos acostumbremos a vivir con miedo. El crimen organizado no puede indicarnos a dónde salir y qué negocio abrir. La democracia tiene que proteger la vida, la libertad y el patrimonio de sus ciudadanos.
La lucha contra la criminalidad debe ser política de Estado, integral, permanente y feroz. Necesitamos prevención para que nuestros niños y jóvenes no sean captados por la criminalidad; reacción contundente para recuperar los territorios del delito; y justicia eficaz para que quien delinque responda ante la ley.
Prevenir es invertir en educación, empleo, oportunidades, familia y comunidades seguras. Reaccionar es fortalecer a la Policía, la inteligencia, la investigación criminal y la cooperación institucional. Castigar es garantizar que las víctimas encuentren justicia y que los delincuentes enfrenten las consecuencias de sus actos, siempre con respeto a la Constitución y al debido proceso.
El Congreso Nacional también tiene una responsabilidad decisiva. La reciente aprobación de la legislación que declara terroristas a determinados grupos delictivos y establece herramientas especiales para combatirlos representa un paso en la construcción de una respuesta jurídica frente a organizaciones que amenazan la seguridad nacional. Pero no puede ser el último.
Debemos seguir legislando para fortalecer la inteligencia financiera y criminal, combatir la extorsión, proteger a víctimas y testigos, impedir que las cárceles sean centros de operaciones delictivas, recuperar espacios públicos y brindar mayores oportunidades a nuestra juventud.
Y entendamos algo: la seguridad no es solamente responsabilidad del Gobierno. Es responsabilidad de Honduras. El Estado debe cumplir su deber constitucional, pero la familia, la escuela, la empresa, las iglesias, las comunidades y cada ciudadano tienen también un papel que desempeñar.
Porque defender la seguridad es defender la libertad. Y defender la libertad es defender Honduras.
¡Que nadie se confunda: frente al crimen, Honduras no se rinde. Honduras se levanta, se une y se defiende!