En 1791 Wolfang Amadeus Mozart sufría en su lecho de enfermo, envenenado por cierta específica sustancia. “Alguien me dio acqua tofana y calculó el momento preciso de mi muerte”, dolióse. Y en efecto, Mozart jamás dejó la cama, falleciendo el 5 de diciembre de 1791 a los 35 años de edad.
Dos siglos y cientos de investigaciones después se ignora la causa del deceso. Y aunque pudo ser otra pócima, nadie menciona a la Aqua Tofana, que servía para lograr crímenes perfectos pues era insípida, inodora y transparente, por lo que era inadvertida incluso al ojo clínico.
Además de que su efecto era regulado por quien lo administraba ya que permitía calcular el instante de la muerte en una semana, mes y hasta un año, dado que carecía de trazos en el cuerpo de la víctima.
Antes que revelaran el secreto se opinaba que el tóxico fue desarrollado un siglo atrás (1600) y que sumaba más de 500 maridos tiesos por mano de sus esposas.
Se asegura que Aqua Tofana era creación de una noble italiana llamada Giulia Tofana, activa a inicios del s. XVII. Producía cosméticos y vendía su toxina disfrazada como “Maná de San Nicola de Bari”, aceite curativo que supuesto goteaba milagroso de los huesos del santo y que se hallaba frecuente en casas de la época. Tras que enterraran al santo (s. XI) en Bari, botellas de maná viajaron por el mundo cristiano, siendo un artículo doméstico popular hasta que surgió el escándalo de Aqua Tofana.
Como relató la revista Chambers Journal y conforme relata un autor identificado G. T., escasas gotas bastaban para acabar con la vida del más fuerte. “Administrado en vino, té u otro líquido, producía efectos apenas perceptibles; el marido se ponía de mal humor, algo débil y lánguido, por lo que ni llamaba al médico. Luego de la segunda dosis de veneno esa debilidad y languidez se hacían pronunciadas”. La hermosa cónyuge (que mostraba tanta ansiedad por la indisposición de su marido), apenas si era objeto de sospecha y quizás preparaba las comidas según prescribía el doctor, con sus propias manos blancas. Así administraría la tercera gota y postraría incluso al varón más vigoroso. “El médico quedaba perplejo viendo que una dolencia al parecer simple resistía a las medicinas, dándole más dosis, hasta que finalmente la muerte cargaba a la víctima”.
La historia refiere que Tofana proveyó la sustancia a cientos de mujeres italianas hasta que una se acobardó previo a darle un plato de sopa envenenada al esposo y confesó. “Si preguntas por qué había entonces tantas mujeres dispuestas a cometer tal crimen, recuerda que eso de casarse por amor es costumbre nueva: los matrimonios, incluso de mujeres relativamente poderosas, eran arreglados sin pensar cómo sería el futuro de la pareja. Y dado que el orden social subordinaba a la mujer, no es raro que muchas entraran a callejones sin salida donde, con maridos agresivos, sus vidas incluso peligraban.Ya no se emplea pócimas raras para tal fin. Los venenos modernos son masivos y mentales (la alienación del consumo) e intelectuales (la superstición religiosa) y se nutren de la debilidad y liviandad espirituales. Las masas se hunden cada vez más en lo voluble, lo barato y la estupidez, edificando por ellas mismas el camino al sometimiento y la destrucción.