Para la mayoría de los hondureños Ucrania está muy lejos y otra vez lejos, y casi nadie puede ubicarla en los mapas, aunque sepan de la guerra por las infatigables noticias que llegan filtradas y retocadas. Sin embargo, diplomáticos europeos y de ese mismo país han montado una campaña en Honduras en busca de respaldo popular.
¿Cómo nos quieren vender la moto? Nos hablan de esperanzas y miedos: que si no hubiera guerra Honduras podría vender más café y muchas cosas más; que compraríamos a mejores precios fertilizantes y abonos para nuestros cultivos. Medias verdades y medias mentiras que también repiten en muchas regiones tratando de ganar simpatías en un conflicto que ya se da por perdido.
Es verdad que la guerra ha sacudido la economía mundial: Rusia y Ucrania son indefectibles productores de trigo, maíz y aceites, y para nosotros -resignado país importador y con una raquítica producción- el golpe es duro por el encarecimiento y escasez de estos insumos, considerando la irrefrenable devoción nacional por el pan y las tortillas.
Europa se dio un tiro en el pie al dejar de comprar gas y petróleo a Rusia, creyendo que la castigaba, y no sólo afectó su propia industria, en Alemania, Italia o Polonia -que ya despidieron a miles de trabajadores y faltan más-, sino que obligó la subida de precios de los hidrocarburos y todo lo que esto significa. La inflación llegó a todas las naciones; a las más pobres, peor.
La delegación diplomática se mantiene activa en redes, promueve su mensaje desesperado en medios de comunicación, visitó el Congreso Nacional, quiere acercarse al gobierno con ofrecimientos de cooperación y asistencia, todo para mantener la guerra en la agenda de nuestro país y el resto de América Latina, porque la campaña es internacional.
No es difícil presumir que el discurso antirruso o la doctrina rusofóbica de los belicosos líderes europeos pueden influenciar sin menor resistencia en un país como el nuestro, víctima de un despiadado bombardeo ideológico durante décadas, que lo hace irrisoriamente -por su condición económica y social- muy conservador y convencido de que Estados Unidos es el reino de los cielos.
Pero el momento histórico deja una curiosa disyuntiva: mientras los dirigentes europeos atacan, sancionan y denostan a Rusia, Donald Trump los desprecia a ellos y se acerca a Moscú para buscar una salida negociada al conflicto. El hondureño medio se confunde y no sabe qué pensar, así que asume una cómoda neutralidad y deja el conflicto allá donde está a 11 mil kilómetros.
Las noticias del Euromaidán, que en 2014 llevó a un golpe de Estado en Kiev, o las intenciones expansionistas de la OTAN de militarizar la frontera rusa en Ucrania -origen del conflicto-, pasan de largo por aquí. Lo más probable es que la mayoría de la población se irá por lo que diga Trump, o depende de las elecciones de noviembre, su posible sucesor, D.J. Vance. Pese a todo.