“Copán, la leyenda”: IA, dilema creativo y polarización

Los que están a favor del uso de la IA ven en esta herramienta de crecimiento exponencial una inmensa veta de oportunidades

  • Actualizado: 21 de mayo de 2026 a las 00:00

El jueves 7 de mayo de 2026 se estrenó en el país “Copán, la leyenda”. Se trata del tercer largometraje de animación hecho en Honduras tras “Crisis existencial” (2004) y “tGUS la película” (2014), el segundo que se proyecta en salas de cine (“tGUS” estuvo en cartelera del 9 al 15 de octubre de 2014) y el primero realizado mediante inteligencia artificial.

El filme se resume en una aventura cuyo trío protagónico -el colegial Gabo, su abuelo Roberto y su mascota perruna Maya- se adentra en las Ruinas de Copán para resolver un misterio de la antigua civilización maya. Entre los aciertos, además del homenaje -en el personaje del abuelo- al arqueólogo Ricardo Agurcia Fasquelle (1952), destaco algunas atmósferas como los exteriores selváticos de Xibalbá, y las canciones originales compuestas.

Entre algunos de los desaciertos señalo secuencias como las peleas contra esqueletos con habilidades de combate risibles; desbaratar la rigurosidad histórica con esa mixtura de ambiente arqueológico con tecnología (el robótico niño de piedra Dani, petroglifos que se activan como si fueran lectores biométricos y el juego de pelota maya recreado como si se tratara de un videojuego), diálogos lentos y sin personalidad.

Sin embargo, el debate público se enfocó en lo que para muchos es su gran desacierto: haberla hecho con IA.

La descomunal cantidad de reacciones sobre el filme y el nivel de polarización resultante no tiene precedentes en el cine hondureño. Este fenómeno mediático incluso trascendió fronteras -reseñas en Infobae y The Hollywood Reporter-, pero, ¿qué manifiesta cada bando antagónico más allá del filme?

Los que están a favor del uso de la IA ven en esta herramienta de crecimiento exponencial una inmensa veta de oportunidades por explorar y explotar con menor presupuesto y en menos tiempo. Los que están en contra rechazan que productos audiovisuales hechos con IA se homologuen junto a filmes producidos de forma tradicional, su calidad final, y sobre todo la posibilidad de que películas hechas con IA se vuelvan rentables y los patrocinadores vean viable esa nueva ruta, descartando la experiencia y oportunidad laboral de muchos especialistas.

A lo largo de la historia, cine y tecnología han tenido una simbiosis compleja. Primero con la aparición del sonido en pleno auge del cine silente, luego la coloración de filmes en blanco y negro, el sistema anamórfico, la animación y efectos por computadora, la filmación en formato digital. Y ahora con el vigente boom de la IA, su irrupción en todas las etapas de producción del séptimo arte ha generado reticencia o rechazo. Gremios de actores, guionistas, animadores, sonidistas, guionistas, maquilladores, entre otros, han sido de los primeros en denunciar los riesgos de pérdida de empleos, infringimiento de derechos de autor, deepfakes, deshumanización del arte y aniquilamiento del proceso creativo por el uso cada vez más excesivo de la IA.

Si observamos esta irrupción a escala global y con visión a futuro, el rechazo -empezando por el mismísimo Hollywood- al uso y abuso de esta tecnología no impedirá que aparezcan más películas hechas con IA. La normalización de su uso -nos guste o no- es algo que tarde o temprano ocurrirá. Un escenario probable es que su expansión no reemplazará la forma tradicional de hacer cine, sino que irá forjando su propio nicho dentro del ecosistema cinematográfico, como ya está pasando con los WAIFF, festivales de cine exclusivos para filmes hechos con IA; con actrices hechas con IA como Tilly Norwood; con la impresionante capacidad de modelos recientes de IA generativa como Seedance 2.0. Estas evidencias son solo los sismos preliminares, el tsunami aún no ha arribado de lleno.

Pero entre un futuro que se avizora deshumanizante y automatizado, veamos un efecto colateral positivo: cuanto más filmes con IA aparezcan, más se apreciará el cine artesanal de antaño, aquel pletórico de creatividad, trabajo en equipo multidisciplinario y mucha paciencia y persistencia.

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