No es un problema atribuible a un partido político en particular, es un sistema, en especial en los países pobres, donde no se logró construir a tiempo las bases sólidas para un Estado de derecho y una economía consolidada, en esas condiciones, la población fue creciendo en demandas de servicios públicos, el Estado fue ampliando sus funciones y obligaciones, hasta tener un gobierno robusto, consumidor de recursos de forma improductiva. La deuda social fue creciendo y el país se fue endeudando. Los políticos no crearon una propuesta de nación, crearon un sistema que reparte privilegios entre grupos que les aseguran la reproducción de dinámicas clientelares, las cuales se renuevan cada cuatro años.
La política ha dejado de ser el conjunto de actividades, decisiones y medidas para organizar la sociedad de una manera que se pueda ajustar a las necesidades humanas. Cuando la política es capturada por redes clientelares, deja de responder a intereses colectivos y se convierte en un instrumento al servicio de grupos de poder que utilizan los recursos públicos para su propio beneficio. La captura del Estado y el clientelismo constituyen dos de los principales desafíos para la calidad democrática en la sociedad actual. La captura del Estado se manifiesta cuando grupos económicos, gremiales, élites políticas y actores que se mueven al margen de la normatividad logran influir de manera decisiva en las instituciones públicas, orientando la formulación de leyes, políticas y decisiones administrativas a favor de intereses particulares, en detrimento del interés general.
En Honduras, el clientelismo político no solo opera en función de grupos económicos significativos, funciona también alrededor de los grupos deprimidos. Con el apoyo de estos últimos, el Estado funciona, dando la apariencia de una democracia floreciente. Las campañas electorales y los procesos comiciales funcionan con la apariencia que se elige, mas lo que hacen los votantes es ejercer el voto por candidatos que otros han escogido. En la práctica, lo que está en el subconsciente del votante es que cuando llegue su partido al gobierno será ubicado en una institución del Estado o recibirá algún tipo de favores, a cambio de lealtad y apoyo en los procesos electorales.
La captura del Estado, en las actuales condiciones de política internacional, adquiere una complejidad adicional. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, se atribuyó funciones para la gobernanza mundial, ya sea mediante intervenciones armadas, como en el caso de Venezuela e Irán, o a través de procesos electorales, como el caso de Honduras y Argentina. Esta dinámica tiende a restringir las capacidades de los grupos económicos y sociales locales para incidir autónomamente en la política nacional. Estados Unidos al subordinar a algunos países a sus intereses geoestratégicos, hace que estos pierdan soberanía y sus gobiernos empiecen a actuar en favor de los planes de Washington.
Estamos en un nuevo orden mundial que, en la versión de Donald Trump, es el orden del caos, donde la captura de los Estados nacionales busca concentrar el poder en un sistema unipolar