Candilismo

Criticar lo injusto y lo incorrecto no es traicionar la Patria. Ser patriota no es callar ante los abusos. Hay que gritarlos. Y corregirlos.

  • Actualizado: 16 de octubre de 2026 a las 12:36

Hay una deslealtad muda pero audible que carcome el orgullo hondureño: el malinchismo, en alusión a la historia de la Malinche, compañera de Hernán Cortés. Aplicable, aquí en el patio, por la costumbre de menospreciar lo hondureño por serlo y reverenciar lo extranjero como superioridad moral, intelectual o política. Es el vicio del “candil de la calle y oscuridad de la casa”, hoy hecho conducta social aceptada por muchos... otros malinches, otros candiles.

Se es libre para viajar donde se quiera y pueda, comer y beber lo que se guste y admirar a quien se prefiera. Lo malo es aceptar agachados lo que imponen otros, aunque los sepamos equivocados. Cada quien es libre de pensar como decida. El problema no es que se reconozcan los méritos ajenos, sino que se menosprecien los propios. Es alabar lo de otros países y despreciar lo nuestro, aunque sea mejor. Eliminar cualquier vestigio de sentido crítico y que sea lo extranjero el metro con que se mide lo bueno de Honduras.

Ese malinchismo, ese candilismo, nace de la fragilidad de nuestra identidad nacional, por no fomentar el civismo. De terribles complejos de inferioridad que nos clavan que lo valioso es lo foráneo. Y se nutre de la frustración profunda y legítima por la corrupción, la impunidad y la insuficiencia o negligencia de nuestra institucionalidad. De esa cultura decadente de la apariencia, de aparentar lo que no se es, la que confunde lo superior con lo extranjero solo por serlo.

Los fracasos nacionales, propios de cualquier país, en Honduras se viralizan y se reniega de nuestras raíces. Poco se destacan logros, esfuerzos y talentos. No se trata de eliminar la crítica. Es necesaria. Criticar lo injusto y lo incorrecto no es traicionar la Patria. Ser patriota no es callar ante los abusos. Hay que gritarlos. Y corregirlos.

Aprender de lo extranjero es positivo. No queremos aduladores que tapen los defectos, pero tampoco candiles que cubran las virtudes. Honduras es el mejor y más bello país del mundo. Es el nuestro.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias