Boulevard Cicumba

Los pueblos que ignoran su historia, y menos los que no se orgullezcan de ella, o peor se avergüenzan, carecen de identidad y están prestos a tener amos y ser serviles

  • Actualizado: 03 de marzo de 2025 a las 00:00

Se debe al arquitecto Roberto Elvir Zelaya una feliz idea: bautizar a la autopista entre San Pedro Sula, La Lima y El Progreso (o viceversa) con el nombre que encabeza esta nota. Y la causa de su propuesta está históricamente justificada.

Pues tal fue la región donde el cacique Cicumba (igual llamado Cocamba, Soquemba, Cocumba) del pueblo toquegua gobernó y donde forjó relaciones comerciales con pueblos remotos como los mayas de Copán, Yucatán y Xicalanco, u otros que por geografía eran relativamente accesibles: Belice, Islas de la Bahía e incluso del Caribe, así como áreas de Mesoamérica. En diversas décadas Cicumba reinó, si vale el término, a 2,000 súbditos desde las actuales lagunas de Ticamaya y Jucutuma a las riberas de los ríos Chamelecón y Ulúa, alcanzando su dominio desde la actual Choloma (norte) hasta Cerro Palenque (sur, mil años de antigüedad, 25 mil habitantes en 1536), hoy Santiago, zona de Pimienta. Fue experto tratante de cacao, plumas, pieles, mármoles bellos como los de Quimistán, vasijas, otros.

Se cree que aceptó la llamada heroica del cacique Lempira y alzó en armas a miles de indígenas del valle de Sula, con lo que conformó tal ejército voluntario de resistencia -y de tal conciencia primitivamente cívica- que donde emergía un español lo flechaban o separaban la cabeza.

“A Cicumba lo acompañó en su gesta Gonzalo Guerrero, un soldado español que luego de naufragar en 1511 en Yucatán abandonó su cultura hispana y se integró a la maya yucateca. Por los nexos comerciales y de tributo entre los mayas yucatecos y los toqueguas de Valle de Sula, Guerrero fue enviado para apoyar la resistencia de Cicumba ante los conquistadores y murió en batalla por un disparo de arcabuz”, informa el más reciente y valioso texto sobre el tema, escrito por el brillante historiador Darío Euraque (“Historia viva de Santiago Cicumba y Cerro Palenque”. Guaymuras, 2024).

Poéticamente la leyenda rememora: Guerrero se echó al mar Caribe con sesenta canoas llenas de combatientes y sorteando huracanes y marejadas, ingresando por el Ulúa, se sumó a la lucha reivindicadora de Cicumba en el feraz valle de Sula. Todos héroes.

Pero opacado por Lempira prácticamente nadie conoce a Cicumba ni a otros caciques rebeldes que combatieron la invasión española a la actual Honduras (Lempira, 1537; Copán Galel, 1537 y Tawahka, 1675, entre ellos), por lo cual se ha integrado en San Pedro Sula una comisión de activistas culturales que visitarán las tres alcaldías correlacionadas (SPS, La Lima y El Progreso) a fin de motivar a sus alcaldes y conseguir que, en honor a los patricios originales, la ruta de tránsito hacia el este reciba su nombre.

En otras naciones las calzadas mayores se dedican a memorar la historia, en tanto que en Europa es común leer placas decorativas en que se recuerda el paso de celebridades. Por lo que no se trata sólo de bautizar una autovía sino de despertar conciencia cívica, pues los pueblos que ignoran su historia, y menos los que no se orgullezcan de ella, o peor se avergüenzan, carecen de identidad y están prestos a tener amos y ser serviles. Ya que la educación cívica no es únicamente el árbol sobre el cual se sostiene la gloria de la patria sino alimento espiritual de las generaciones futuras.

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