30 millones de libros

Orientada por la Secretaría de Educación Básica del ministerio (SEP) las edita y entrega (...) a las autoridades docentes de 52 Estados”

  • Actualizado: 23 de marzo de 2026 a las 00:00

Hace décadas ofrecí sin costo uno de mis libros a la Secretaría de Educación: prosigo esperando respuesta. Posteriormente propuse a una joven ministra mi relato sobre Francisco Morazán, elaborado para abierto público, y ella, ingenua, me preguntó si podía adaptarla para estudiantes de secundaria, desconociendo que una vez inspirada y concluida es difícil trastocar una novela.

Aparte de los prolongados rumores -sin deshonrar la memoria de nadie- de que la oficina encargada de selección de textos era una eficiente pulpería donde se jugaba más con intereses propios que con la didáctica.

Hoy leo, con admiración, que México cuenta con un eficiente departamento que genera más de 30 millones de libros para su entero sistema estructural educativo. En efecto, la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg) adquiere o produce en su propia planta o por medio de terceros las obras de lectura gratuitas para la educación básica en su país.

Orientada por la Secretaría de Educación Básica del ministerio (SEP) las edita y entrega, según los planes y programas oficiales de estudio, a las autoridades docentes de 52 Estados, las que las ponen en manos de los alumnos desde el primer día de clases.

Conaliteg, que es órgano público descentralizado, imprime y distribuye con eficiencia no sólo lo dicho sino además materiales en plataforma digital según requieran los maestros, cultivando culturas de reciclaje e incorporando en sus procesos modernos avances tecnológicos, a la vez que conjunta en el esfuerzo a diversas industrias nacionales en las ramas de papel, editorial y de artes gráficas, para lo cual cuenta con una enorme planta o instalación propia en Querétaro.

Su disciplina de calidad opera bajo las normas de ISO 9001-2015.Son sus áreas de interés preescolar, primaria y telesecundaria, que al fin resultan en producción real de 140 millones de libros, lo que consume a cada ciclo un aproximado de 60 mil toneladas de papel. Para secundaria presencial las editoriales formulan propuestas de contenido al MEP, que demanda libros para 17 materias según sus criterios formativos y de los profesores que van a emplearlos.

Así, la circulación de títulos del sistema es de aproximadamente 400 distintas obras cada año, lo que suma 33 millones de volúmenes, 75% de cuya compra sufraga Conaliteg y el resto los Estados.

Las bibliotecas hacen lo mismo: sus consejos catalogan la adquisición, las editoriales proponen y Conaliteg y los Estados compran y distribuyen. Pero la Comisión igual compone libros para niños con necesidades especiales (ciegos y de baja visión) en primaria y secundaria, elaborando para los primeros versiones Braille de 40 títulos autorizados, mientras que para quienes sufren miopía produce 73 títulos en lo que México llama “macrotipo”, o sea grueso formato y letra grandota, ejemplares que cada escuela o colegio demanda anticipadamente, según estudiantes con tales problemas, para que se les fabrique.

Viene entonces uno y se da cuenta de que en otros países proyectos de este rango no son invento repentino, aunque bien intencionado, de un funcionario, sino estructura y sistema, y que nada funciona bien ni prolongado si no se le institucionaliza. Aprendamos la lección.

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